"En Perú sacamos un resultado bueno después de pasarla mal. Sabíamos que si no nos hacían una diferencia alta, en el Monumental lo dábamos vuelta. Y después de eliminar a la U de Chile ya nos sentimos campeones. Teníamos que jugar las dos finales, pero ese paso fue fundamental", recordó Guillermo Rivarola sobre la Copa Libertadores 96 en una entrevista con La Página Millonaria. El Tiburón fue uno de los defensores que más jugó en aquel torneo, en algunos partidos como lateral izquierdo y en otros formando la zaga central con Celso Ayala, como ocurrió en la final frente a América de Cali.

 

 

Justamente, al hablar de ese encuentro en el que el equipo de Ramón Díaz dio la vuelta olímpica, el cordobés no pudo pasar por algo la impresionante bienvenida que se vivió desde las tribunas del Monumental. "Sabíamos que iba a ser un recibimiento importante, pero no tanto como fue. Algo imponente. Todavía lo hablamos a veces con Enzo (Francescoli), Marcelo (Gallardo) y Hernán (Díaz) sobre ese recibimiento. No hubo otro así, de esa manera", comentó Rivarola. "En esa época te dejaban tirar papelitos, bengalas, humo... No nos veíamos a un metro de distancia del humo que había en la cancha. Tuvimos que esperar más de 10 minutos para que se fuese el humo. Y la cantidad de papelitos también fue impresionante. En el primer gol de Hernán (Crespo) la pelota no se ve. Él siempre dice que pateó más por instinto que por ver dónde estaba la pelota", agregó el Tiburón desde Estados Unidos, adonde está dirigiendo River Plate Indiana, un academia para formar juveniles bajo una licencia oficial del club.

Para el Tiburón, aquel recibimiento por parte de los hinchas de River fue un granito más para conseguir el triunfo que necesitaba el equipo de Ramón Díaz para revertir la derrota que había sufrido contra América de Cali en Colombia. "En algo los puede haber afectado porque, más allá de que no tenés temor de jugar una final, esa noche hubo que esperar mucho tiempo para que arranque el partido y eso psicológicamente no es fácil. Ahí sí te empezás a hacer la cabeza, en algo afectó. La gente estaba metida al 100% y la presión de ellos también ayudó mucho, más allá de lo que hizo el equipo en el campo de juego", insistió Rivarola sobre esa noche en que River ganó la segunda Copa Libertadores de su historia.