Una vez más, River dejó escapar el triunfo cuando tenía todo para cerrar el partido y perdió dos puntos clave, tal como pasó varias veces el campeonato pasado.
No pasa el mal trago. Quizás porque fue en un Superclásico, pero sigue dando bronca ver cómo River se dejó empatar el partido. Lo preocupante es que no fue un hecho aislado, sino que se trata de un problema que el Millonario no puede resolver.
Ya le había pasado en cinco partidos de la temporada pasada, cuando River peleaba por volver a Primera, y siempre hubo un síntoma en común: las pelotas aéreas. Aldosivi por duplicado, Quilmes, Boca Unidos, Guillermo Brown… Todos esos puntos perdidos quedaron en el olvido con el ascenso, pero ahora se reflotaron por las 4 unidades que el Millonario dejó escapar en este torneo, y con las cuales estaría en el pelotón de arriba.
En este campeonato, Newell’s ya le había levantado un 1-3 a La Banda en un segundo tiempo que fue prácticamente un calco: gol de River, partido casi liquidado, penal ingenuo y empate tras un centro. En aquella oportunidad, fue Carlos Sánchez quien cometió una tonta mano (nobleza obliga, el uruguayo viene levantando y mucho su nivel).
Ahora bien, ¿quién es el responsable? Evidentemente, algo hay que machacarle a Matías Almeyda, que no puede hacerles entender a sus dirigidos que los partidos terminan cuando el árbitro pita el final.
Pero son los jugadores los que están adentro. Son ellos los que siguen repitiendo las desconcentraciones insólitas (¿hacía falta arriesgarse tirando esa patada con Silva de espaldas al arco?) cuando un partido está, como dijo el Pelado, casi cerrado.



