No fue la mejor de las tardes para Ariel Ortega. Lejos estuvo de aquél que volvió loco a todo Boca en 2007, pero no es para ser extremistas y crucificarlo. No a él. Antes deberán pasar unos cuantos por la guillotina.
El partido empezó bien para el jujeño, quien gambeteó a un par de rivales y provocó la primera levantada del estadio. Era preciso, la pedía e iba para adelante. Por eso no dudó en hacerse cargo del penal, que seguramente le jugó en contra el resto del clásico.
Ahora es fácil decirlo y opinar mil cosas; que pudo haber cambiado la manera en patearlo, que debió tirarlo alto, etc. Ya está. En el segundo tiempo estuvo muy impreciso, no logró hacer pie y ser ese jugador desequilibrante que nos hace emocionar cada vez que se pone la banda roja.
Estuvo vivo en la expulsión de Julio Cáceres, porque recién se había ido Villagra y él provocó la roja al paraguayo. Lo tocó sobre el lateral y esperó la reacción del ex River, quien le pegó en el pecho y él actuó para impactar a Saúl Laverni, quien expulsó directamente al zaguero. No pasa nada, Burrito. No faltarán detractores cegados por la bronca, pero a mirar para adelante, que ya te ganaste un lugar entre los máximos ídolos.
Imagen: Fotobaires.



