El goleador de River reconoció que es posible que deba pasar por el quirófano, aunque no pierde las esperanzas de recuperarse con tratamiento y kinesiología. Explicó que recién en la pretemporada pudo pisar sin dolor y que lo infiltraron cerca de veinte veces durante el semestre pasado.
Es el capitán. El líder y referente. Y sin David Trezeguet, la gran apuesta en el ataque de River. Por eso, todos esperan por la rápida recuperación de Fernando Cavenaghi. Pero el Torito aún no sabe cuándo regresará y tampoco descartó pasar por el quirófano.
“Todavía no sé si voy a poder evitar la operación. Trato de no pensar mucho en eso y en mirar para adelante. Si bien como el pie está mejor sería una operación más sencilla, no dejaría de ser una operación. Pero la idea es recuperarme sin pasar por el quirófano. Me voy a seguir haciendo estudios, pero al tratarse de un tema de huesos no queda otra que tener paciencia”, remarcó.
El de O’Brien, sin embargo, explicó que la pretemporada fue positiva para su recuperación: “Si bien fue en la arena y eso hace que el pie no impacte fuerte contra el piso, corrí sin problemas, cosa que hace mucho tiempo no me pasaba. Pero es feo no poder entrenarte a la par de tus compañeros. Uno cuando está bien por ahí no se da cuenta de lo importante que es eso, pero si no podés, es complicado. Una cosa es elegir no hacer un trabajo y otra, no poder”.
“Estoy mucho con ojotas. Trato de no tener fricción con las zapatillas. De hecho, entreno y me las saco porque cuando las tengo mucho tiempo me empieza a molestar. Vamos de a poco, con fe, para tratar de evitar la operación”, agregó.
En diálogo con Clarín, explicó cuándo comenzó su problema y cómo se fue agravando por su insistencia en no dejar de jugar. “Me infiltraron alrededor de veinte veces entre partidos y algunos entrenamientos y era el riesgo que por ahí corría al hacer semejante esfuerzo. Obviamente que puedo decir que valió la pena y no me arrepiento porque salimos campeones, pero en ese sentido no me favoreció mucho”, señaló.
“Fue contra Tigre, en Victoria, por la sexta fecha del torneo anterior. Rechacé una pelota y le pegué una patada a (Joaquín) Arzura en la tibia o en la rodilla, no sé bien, justo cuando terminaba el partido. Al día siguiente arrancaron los problemas, y como teníamos partidos cada tres o cuatro días, no quedaba otra que infiltrarme. Fue una lesión poco común, con un golpe muy duro. Y ahí arrancó una cadena que tapaba el momento pero se iba haciendo cada vez peor”, finalizó.



