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Fue “el otro” protagonista del gol a Boca con la pelota naranja: Roque Alfaro, a 40 años del Bombonerazo de River

Fue un jugador clave del Superclásico de 1986 que River ganó 2 a 0 con los goles del Beto Alonso tras dar la vuelta olímpica en La Bombonera.

Luana Viera
Roque Raul Alfaro, a 40 años del triunfo con vuelta olímpica de River en la Bombonera.
Roque Raul Alfaro, a 40 años del triunfo con vuelta olímpica de River en la Bombonera.

“River ganó en la Boca con dos goles de Alonso”, tituló el diario sobre lo ocurrido el domingo 6 de abril de 1986. “Este año River ganó todo. Hasta en la Bombonera”, hizo lo propio la revista deportiva de cabecera. Y es que sí: el Superclásico de aquel año pasó a la historia por la vuelta olímpica previa en la Bombonera (el Millonario venía de consagrarse campeón) y el posterior 2-0 con los estelares Beto Alonso y la pelota naranja. Esa tarde, sin embargo, hubo otros nombres astrales y el de Roque Alfaro fue uno: la rompió toda (NdR: hay que ver su partido) y fue, además, el ejecutor del tiro libre que “cayó” en la cabeza del 10 para ese gol legendario del que hoy se cumplen 40 años.

“Fue una jugada que me cayó justo al área chica de Boca, entré al segundo palo y la cambié”, comentó el Beto Alonso sobre su primer gol aquella tarde soleada de abril.

River llegó a la Bombonera para jugar la fecha 34 de ese torneo 1985/86 ya como campeón, cinco fechas antes del final. Lo había logrado tras vencer a Vélez por 3 a 0 en el Monumental en la jornada 31 de 36. Tras el partido con el Fortín, el Millonario quiso dar la vuelta olímpica, pero no la completó debido a una invasión del campo de juego. Luego hizo un festejo mesurado en La Plata y, tras caer ante Deportivo Español, tocaba Boca de visitante y la pregunta de toda la semana previa era si el Más Grande se iba a animar a dar la vuelta en campo enemigo. No solo se animó, sino que lo hizo con total orgullo y picardía, para luego asestarle el golpe definitivo con el 2-0 a domicilio.

Roque Raúl Alfaro y la pelota naranja con la que River le ganó 2 a 0 a Boca en la Bombonera el 6 de abril de 1986.

Roque Raúl Alfaro y la pelota naranja con la que River le ganó 2 a 0 a Boca en la Bombonera el 6 de abril de 1986.

Quién es Roque Raúl Alfaro, “el correcaminos del River campeón de todo”

Roque Alfaro tiene 69 años y vive en Villa Constitución, Santa Fe. Llegó a River en 1984 (después de su debut en Newell’s y sus pasos por Panathinaikos y América de Cali) y jugó en el Millonario hasta 1987, tiempo en el que disputó 112 partidos (107 como titular), marcó 13 goles y ganó cuatro títulos: el campeonato 1985-86, la Copa Libertadores 1986, la Copa Intercontinental 1986 y la Copa Interamericana 1987. Su paso por el Más Grande fue clave, por lo que el periodista Carlos Aira lo llamó “el correcaminos del River campeón de todo”.

Hay mucho, muchísimo que aprender de tipos realmente grandes. En River, Roque Alfaro ganó todo. Y cuando recibe la convocatoria de La Página Millonaria este hombre que, vale repetir, ganó torneo local, Copa Libertadores, Copa Intercontinental (la del mundo) e Interamericana, responde: “Sí, con mucho gusto“.

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Roque Alfaro, campeón de la Libertadores 1986 con River.

Roque Alfaro, campeón de la Libertadores 1986 con River.

Gracias por acceder a esta charla con La Página Millonaria, estimado Roque. ¿Cómo está?

– Han sido días bastante bravos con la temperatura, el calor y la humedad que me hacen sufrir como consecuencia de mi enfermedad y bueno, tengo que tomar mayores recaudos para cuidarla.

¿Qué es lo que tiene?

– Hace 6 años me encontraron un tumor de colon y de estómago. Me operaron del segundo, me sacaron una parte y me dejaron la que estaba sana, pero en el lapso de que me iba recuperando me agarró una trombosis pulmonar y eso fue lo que destruyó prácticamente mi vida en el sentido laboral. Ahí fue donde ocurrió algo que le voy a agradecer de por vida a River.

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¿Qué cosa?

Me llamó Enzo Francescoli y me dijo que iba a trabajar en River. Yo le pregunté lo que iba a hacer y me dijo: “Vas a trabajar con nosotros en el scouting”. Ahí ya me involucraron y estuve trabajando casi cinco años haciendo captación, buscando chicos por la zona de Santa Fe, hasta que el año pasado ya un poco más afectado en mi salud definieron darme una beca para que yo pueda cuidarme mejor, que es lo que está pasando ahora porque los días son bravos y yo debo tener cuidado tanto para el frío como para el calor y priorizar el descanso.

Desconocía esta historia. ¿Puede contarme algo más de ese gesto de Enzo, de quien fue compañero en River?

Lo de Enzo es algo especial. Yo siempre digo que el ídolo que nació en River es el Beto Alonso, pero el ídolo de River no nacido en el club es Francescoli, lejos. Además es el gran amigo que tengo, un gran ser humano y ni hablemos del jugador de fútbol que está más allá, otra dimensión. Y como persona es brillante. Desde que ellos están en el club, River ha cuidado de mi salud. Las cosas siempre me fueron bien en estos seis años con quienes estuvieron en la presidencia y hasta hoy con Stefano Di Carlo, a quien conozco desde los cinco años cuando caminaba del brazo de su abuelo Tití, directivo de River en la época nuestra de jugador.

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Usted conoce a Enzo desde aquellos gloriosos años en River, sobre todo 1986 en el que el equipo ganó todo, empezando por el icónico Superclásico en la Bombonera, de lo que hoy se cumplen 40 años. ¿Qué lugar ocupa en su historia de futbolista ese Boca 0 – River 2 de 1986?

– Mirá: es increíble que fueron 10 segundos o 15 segundos lo que significó esa pelota naranja, pero marcó una historia después de ese momento y de ese clásico. Siempre digo que en esos 20 segundos de un para siempre del que participé hubo cuatro protagonistas: yo -me pongo primero, como el burro-, que soy el encargado de poner la pelota, acomodarla y tirar el centro. Después la pelota naranja, el Loco Gatti -que se pasa de la jugada- y el ídolo, Beto Alonso, con los ojos bien abiertos poniéndola en el fondo del arco para hacer el primer gol de los dos esa bendita tarde, cuando le ganamos a Boca a 2 a 0 en la Bombonera. Es un recuerdo que va a perdurar por un montón de cosas, pero fundamentalmente por aquella pelota naranja que aparece como mucho por 15 minutos durante el partido y después desaparece de nuevo. La pelota apareció en un momento por la cantidad de papelitos que había y ya en el segundo tiempo, el segundo gol del Beto Alonso ya es con la pelota tradicional, la negra y blanca. Fíjese lo que significó y lo que significa a veces en esta vida el tema del fútbol, ¿no? Es tan impredecible, tan ingrato y otras tan feliz.

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¿Qué recuerdos tiene relacionados a ese partido y que no fueron públicos?

– ¿Recuerdos? Todos. La semana previa era un ir y venir de Santilli hacia el grupo.
Y yo me acuerdo que ese martes, cuando empezó la semana, el Beto pidió charlar delante de todos nosotros y dijo: “A mí, muerto me van a sacar, pero yo la vuelta olímpica la voy a dar”. Y nadie dudó de ese gesto porque si hay una de las cosas que fue gravitante y fundamental en esto fue el grupo. El grupo estuvo muy fuerte a lo largo de todo aquel 85-86 en donde nos pasaron cosas dolorosas por momentos, muy alegres por otro y siempre las compartimos en todo momento. Por eso digo, empezó la semana con el apoyo incondicional al Beto y con el apoyo incondicional a todos nosotros porque nos merecíamos eso, a pesar de que Santilli quería evitar tener problemas. Entonces, ya desde el primer momento a él en silencio le dijimos que la vuelta la íbamos a dar, que no dijera absolutamente nada, pero que la vuelta la íbamos a dar.

¿Es decir que la decisión la tomó el plantel más allá de la dirigencia?

– Sí, siempre. Todo lo que se hizo fue decisión del plantel en relación a comentarios que hacíamos entre nosotros. Nunca nadie decidió hacer algo por propia cuenta porque si hay si hay algo, como vuelvo a repetir, que fue muy fuerte, fue la unión que hubo en el grupo para todo lo que nos aconteció en esos dos años, fundamentalmente en el 86. Ahí transcurrió la semana, llegó el momento del partido, concentrarnos como normalmente lo hacíamos el día anterior, nunca nos excedimos en nada, siempre una de las cosas muy valederas que tuvo Veira fue el contacto con nosotros en lo psicológico, el no fallar absolutamente nada, el no querer ser protagonista de nada, saliendo del protagonismo, entendiendo que esto era de los jugadores, así que estábamos muy felices con el cuerpo técnico porque siempre estuvo muy cerca nuestro. Y llegó el día del partido, fuimos al estadio, cuando llegamos estacionaron el bus y de allá se sintió una explosión tremenda que era una barra de hielo que nos habían tirado en el colectivo, que gracias a Dios no pasó a mayores. Entramos al al al vestuario, nos cambiamos como siempre, teníamos la alegría de siempre, había algunas cosas que habíamos comentado antes que era que tenía que valer la pena; si no íbamos a salir medio endeudados entre nosotros, que habíamos decidido dar la vuelta olímpica, pero también ganar el partido. Porque a ese partido lo teníamos que ganar. Entonces entramos, siempre digo que fue la vuelta olímpica más rápida del mundo que vimos, nos tiraban con lo que había, lo que tenían en la mano con eso nos tiraban…

La vuelta olímpica que River dio en la Bombonera en 1986.

La vuelta olímpica que River dio en la Bombonera en 1986.

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Y entre todo lo que le tiraron, ¿recuerda algo que le haya llamado más la atención?

– Siii. Tanto en la vuelta olímpica como en el partido seguían pasando cosas. En la vuelta olímpica, las butacas que por ahí sacaban nos las tiraban a la cancha. Y las piedras, ni olvidemos las piedras porque gracias a Dios no lastimaron a nadie, pero llovían de todos lados y era increíble.

El ex River que reveló detalles inéditos de la vuelta olímpica en La Bombonera en 1986

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¿Tuvo miedo?

– Nooo, emoción. Eso era mucho más importante que el peligro en ese momento. Entonces, a nosotros es como que no nos importaba. Por ahí podían tirar y no… nosotros estábamos concientizados de lo que estábamos haciendo, que era dar la vuelta olímpica porque así lo habíamos decidido y así lo estábamos haciendo.

Repasando el partido, usted era el encargado de las pelotas paradas por el costado derecho. Entiendo que esa decisión estaba tomada por los trabajos de la semana previa. La falta se la hacen a Héctor Enrique, pero usted es quien toma la pelota y la acomoda para patear, tal lo planificado. Ahora: ¿también estaba definido previamente que usted iba a tirar el centro adonde lo tiró para el cabezazo del Beto?

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– Mirá, hay tres maneras de ejecutar centros y córners: primer palo, altura del penal o segundo palo, que son los lugares donde normalmente el arquero no llega o siempre le cuesta, y esto nos salió redondo. Nosotros teníamos en el Beto y en Ruggeri a dos cabeceadores importantísimos. Una cosa es del otro sector que es mi pierna hábil como para poder tirar un una pelota cerrada y otra es de mi otro lado donde la pelota supuestamente se va abriendo a la salida del arquero, que fue lo que pasó porque la pelota cayó a la altura del segundo palo y el Loco Gatti, que salió a cortar, quedó a mitad de camino. Por eso es que digo o, mejor, por eso es que repito lo que a mí me enseñaron sobre las tres maneras de ejecutar los tiros libres: primer palo, punto penal y segundo palo, que es donde el arquero no puede participar porque siempre va a quedar a mitad de camino y eso fue lo que aconteció y afortunadamente los ojos bien abiertos del Beto sin necesidad de pegar un cabezazo ni nada. Puso la cabeza y la cambió al palo opuesto de donde venía Gatti.

¿Qué se siente en ese momento?

– A ver… no es tan fantasioso como ahora que vienen y te abrazan todos, que bailan o hacen cosas, no. En ese momento salió el Beto, porque aparte fue en el sector donde estaba toda la tribuna de Boca, entonces él mostraba la camiseta con orgullo, se la estiraba, era como queriendo decir: “Yo soy soy River”. En ese momento la alegría que se vive es otal, pero más el autor del gol, que es el ídolo de River como lo es el Beto, que fue un ídolo total. Y desde entonces pasaron muchas cosas, pero su pelota naranja vivirá en la cabeza de todos.

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Beto Alonso, la pelota naranja y Gatti que no llega. Boca 0 – River 2, el 6 de abril de 1986.

Beto Alonso, la pelota naranja y Gatti que no llega. Boca 0 – River 2, el 6 de abril de 1986.

¿Y el segundo gol?

– El segundo gol fue tan importante como el primero, pero ¿qué pasó? En el primero estaba la pelota naranja. En el segundo era una pelota normal y tradicional. Entonces, la pelota cambió un montón de rol en ese clásico y siempre lo digo: desde el momento en el que aparece la pelota naranja, que fue en un córner, y hasta que termina el primer tiempo, que faltaban 10 o 15 minutos, y ahí es donde nos tiran una gallina y yo me río porque después lo tomo como un chiste. Me tiran con una gallina y siempre hago este comentario: cae la gallina, yo la miro, se levanta, se sacude y es como que me dice: “Esperame que llegue al área que tengo que ir a cabecear tu centro, ¡así lo tomé yo… jajaja!”. Nooo, pero eso es una cosa que la verdad fueron todas cosas increíbles las que vivimos en ese clásico y que por sobre todo cumplimos lo prometido, que era ganarlo. Por eso la vuelta olímpica tiene aún un mejor sabor porque el resultado terminó siendo ganador.

Ese clásico que ganamos en la Bombonera después de la vuelta olímpica fue increíble porque cumplimos lo prometido, que era ganarlo.

Roque Raúl Alfaro, ex jugador de River Plate.
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El momento en el que aparece la pelota naranja en el partido

¿Qué fue para usted jugar en ese River del 85-86?

– Yo vine en el 84 y estuve hasta mitad del 87. Para hablar de lo que fue jugar en ese River del 85-86 hay que referirse a 2 etapas distintas porque hasta final del torneo argentino fue un River y el River de la Copa y el River de la Intercontinental fue otro. ¿Por qué? Porque en el River del torneo argentino estaba Enzo y estaba Morressi y ese River, lo digo orgullosamente, era fantástico futbolísticamente. En la historia, hasta el día de hoy yo no creo que haya un equipo campeón cinco fechas antes como fue ese River y la puntuación era de dos puntos. Con dos jugadores extraordinarios como Morressi, Enzo Francescoli, sin lugar a dudas, grandioso, y con un River brillante futbolísticamente. Distinto a aquel que fue imbatible en la Copa Libertadores y en la Intercontinental, a pesar de un único partido que perdimos en la serie con Argentinos Juniors, pero después fue un año 86 brillante para River.

¿Cómo es, siendo jugador de River, ganar en la Bombonera?

– Único. Yo lo conseguí con las camisetas que amo, tanto Newell’s como River. Es más, me acuerdo que la tarde en la que con Newell’s le ganamos 5 a 1 a Boca y yo les hice tres goles, cuando veníamos en el colectivo después del partido me llamó por teléfono Santilli para felicitarme por lo que le habíamos hecho a Boca con Newell’s. Pero jugar con River es algo completamente distinto. Yo… en el comienzo de la Copa Libertadores fue 1 a 1 un 9 de julio y yo hice el gol, y me acuerdo que siempre está ahí mi gol abriendo la boca grande, esa foto fue a la tapa y yo le puse de título “el grito que tapó la boca”. Entonces, hay muchas cosas que uno recuerda por lo que significa vestirse con aquella camiseta, con aquella banda que cruza el alma, como siempre digo, que es la de River Plate.

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Roque Alfaro, “el correcaminos del River que lo ganó todo”.

Roque Alfaro, “el correcaminos del River que lo ganó todo”.

¿Dónde está la la 11 que usted usó ese día en la Boca?

– La tiene mi hija. Las camisetas campeonas, y yo tengo una de cada una, tanto del torneo argentino, de la Libertadores, de la Intercontinental y de la Interamericana, cuando ya estaba Griguol en el equipo, todas esas camisetas las tiene mi hija, lamentablemente con un candado y siempre me dice: “Acá no me vas a tocar nada, vos me las regalaste, ahora son mías”, jajaja.

La 11 de Roque Raúl Alfaro en su paso por River.

La 11 de Roque Raúl Alfaro en su paso por River.

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¿Qué puntaje se pone usted en ese Superclásico?

– Yo creo que el puntaje que me pongo es el puntaje que le pondría a todo el equipo aquel. Porque… a ver, dos cosas: desde un costado sentimentalista sería un nueve porque 10 fue Beto y entonces todos los demás tendríamos nueve. Pero sí, yo creo que por ahí al correr del partido cada uno tuvo un desempeño, uno un poquito más que otro, bueno… Yo creo que hice un buen partido y que jugué para 7 puntos, tranquilamente.

En un partido así, ¿el jugador tiene un momento para sentir felicidad o solo piensa en el partido?

– No. Yo creo que a pesar de los errores o virtudes que pueda tener en el partido, el jugador vive pura y exclusivamente el partido, sin importar si lo está haciendo bien o mal. Yo siempre aprendí y lo desarrollé fundamentalmente en River porque yo siempre fui un jugador de creación y jugué con muy grandes jugadores al lado mío tanto en Newell’s como en otros equipos y siempre considero que para estar entre medio de ellos, si querés jugar, tenés que jugar bien. Entonces, tus condiciones las tenés que tener. Y yo dejé de ser aquel volante de creación que hacía goles, porque yo en Newell’s soy el cuarto goleador de la historia, Sí, por eso digo, hubo muchas cosas que que modifiqué en River porque siempre dije que quería jugar. Yo fui a River para jugar y no importaba de qué manera tenía que hacerlo porque otra de las cosas que, esto es un recuerdo de palabra de una persona distinguidísima hacia mí:

“Roque, venga para acá”

“Sí, Don Adolfo (Pedernera)”

“Usted va a jugar en la Primera de River. No se haga ningún problema, pero ¿sabe qué? Cambie esa camiseta, no se la ponga nunca más. Póngase cualquier camiseta menos la número 10″.

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¿Por qué usaba la 10 estando el Beto?

– Porque cuando yo fui a River, a mí me trajo Luis Cubilla. Y Santilli lo repatrió al Beto, pero el que mandaba era el técnico y el técnico me puso a mí de número 10. Y el Beto Alonso estaba en el banco. Y yo siempre dije que era un irrespetuoso Luis por darme la camiseta número 10 a mí y tenerlo al Beto en el banco. Entonces, yo erraba un pase y la gente empezaba “Alooonso, Alooonso”Yo pasé tres meses yendo del estadio a mi casa, llorando, ¿por qué? Porque veía el fracaso todos los días. A mí la San Martín, que en aquella época era la que te ponía y te sacaba, y a mí me sacaba siempre. Pero, a ver, era tan perro de presa yo que no quería dar el brazo a torcer y yo me retiré de River con la San Martín aplaudiéndome.

Entonces, ¿valió la pena?

Muchísimo valió la pena. Me pasaron muchísimas cosas tristes por el momento, pero vencía todo eso y hoy tengo la alegría de algo que te quería decir al comienzo de esta charla, que nunca River tuvo una obligación de hacer conmigo lo que está haciendo, pero es como que se sintió responsable de mi salud y de mi vida y hoy estoy tan agradecido a ese gesto que River está teniendo conmigo, es increíble.

Ese River que dio la vuelta en la Bombonera y después ganó 2-0, ¿era definitivamente mejor que Boca?

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Era mejor que todos.Ese River fue el mejor de todos a lo largo de todo el torneo. Por eso te dije que no hay en la actualidad un campeón que cinco fechas antes se lo declare campeón. ¡Y lo que jugaba! Ese River doble del que te hablo, del torneo argentino al de la Copa Libertadores, modificó el estilo de juego y bueno, de aquel brillante pasó a ser un River letal y sin errores como aquel de la Copa Libertadores.

El Beto, ¿alguna vez le dijo algo de ese centro que usted le puso en la cabeza?

¡Todavía estoy esperando que me agradezca! Jajaja. No, no, no, mirá, esto es aparte. Año 71, River-Boca, clásico, gana River creo que 3 a 1, cuando Didi hace debutar a los chicos como JJ López, el Beto Alonso y Mostaza Merlo. Y yo siempre le digo al Beto que lo conocí a través de la radio, porque yo en ese entonces vivía en Nogoyá y recién en el año 74 me fui a Rosario, a las divisiones inferiores de Newell’s, y ahí en todo ese lapso hasta el 76 que estuve en inferiores, veía al Beto Alonso jugar porque era uno de mis ídolos. Yo de chico fui hincha de River hasta que llegué a Newell’s, pero me acuerdo de grandes jugadores de River de entonces como Joaquín Martínez, Jorge Dominichi, César Laraignée, Perico Pérez, Pinino Mas y tantos otros. Yo tengo un recuerdo muy muy grato de aquellos de antes por tener la suerte de en su momento haber compartido en aquel paso por River con tantos jugadores inolvidables como el Chamaco Rodríguez, también, o el gran Pedro González. Hubo muchas cosas muy muy lindas que me pasaron en aquel comienzo de River y yo le decía al Beto: “Pensar que yo te conocí a través de la radio”. Entonces el tiempo pasó. Pasó hasta el último partido en Japón. En ese entonces el Beto y yo compartíamos la habitación en las concentraciones cuando íbamos en condición de visitante. Y aquel partido en Japón nos encontró a los dos después de terminado el partido y siempre digo que fui la primera persona que conoció el final del Beto Alonso porque cuando llegamos entramos a la pieza, agarró el teléfono y habló con su esposa y le dijo: “Este es mi último partido, gané todo lo que tenía que ganar en River, no juego más al fútbol”. Y yo lo escuchaba y sin mirarlo lo escuchaba atento y me generó una alegría muy grande por la decisión que había tomado sobre todo por haber alcanzado todos los logros al haber jugado en su River Plate.

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¿Qué es jugar en River?

– La satisfacción más grande que en ese momento sentía el jugador del interior. ¿Por qué? Porque en aquel entonces no era fácil que a vos te consideraran si eras jugador del interior. De la única manera es cuando venían Boca o River y las revistas más importantes se encargaban casi por completo de esos clubes y bueno, como consecuencia contra quién jugaban. Entonces, ahí aparecías vos con esa posibilidad de que te tuvieran en cuenta. Pero sin lugar a dudas para mí siempre fue el orgullo más grande que tuve, porque cuando hubo aquella llegada mía a River por pedido de Cubilla y de Santilli, Boca estaba interesado también en mi servicio y el América de Cali me dijo que yo decidiera y ¿la verdad? Ni lo dudé. Yo ni lo dudé en elegir a River.

Lo que hay que saber

  • River se consagró campeón del torneo de Primera División 1985/86
  • Lo logró a cinco fechas del final del campeonato, cuando en la 31 venció 3 a 0 a Vélez
  • En la fecha 34, ya como campeón, visitó a Boca en la Bombonera, dio la vuelta olímpica en la previa del partido y luego se impuso 2 a 0 con el anecdótico primer gol del Beto Alonso convertido con una pelota naranja que se usó para que pudiera distinguirse entre la cantidad de papelitos blancos que habían inundado parte del campo de juego
  • La famosa pelota naranja apareció en un córner de River, sobre los 20 minutos del primer tiempo y se usó hasta el final del mismo. En el comienzo y en todo el segundo tiempo se jugó con la clásica blanca y negra de la época
  • La formación y los puntajes de River: Pumpido (9); Saporiti (5), Ruggeri (6), Karabin (6), Montenegro (6) (xx); H. Enrique (7), Gallego (5), Alfaro (6), Morresi (4); Amuchástegui (4) (xxx), Alonso (7). Suplentes: Goycochea, Centurión, Villazán. DT: Héctor Veira.

Incidencias: Karabin, lesionado, fue reemplazado por Borreli (6) a los 35′. Montenegro fue expulsado a los 66′. Amuchástegui fue reemplazado por Gorosito (5) a los 69′.

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Resultado final: Boca 0 – River 2
Árbitro: Francisco Lamolina
Goles: Alonso (30′ y 83′)
Cancha: Boca Juniors.

Boca 0 – River 2, el video del partido del 6 de abril de 1986

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