Los corazones de los hinchas de River viven horas de palpitares cargados de angustia. Más allá de las desgracias deportivas de los últimos tiempos, el hecho de tener que despedir a un prócer viviente como Marcelo Gallardo deja inevitables secuelas. Y por eso ante el estado de shock que dejó en nuestros esqueletos lo ocurrido con el Muñeco, más allá de la sensatez y la lógica de su decisión, era necesaria una intervención disfrazada de desfibrilador que nos reanime lo más rápido posible.

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Y fue Eduardo Coudet el elegido. Y en una primera impresión tiene cierto sentido lógico la decisión. El consenso positivo del hincha con él es mayoritario, más allá que existen diferencias y reparos en muchas opiniones y es razonable, sobre todo porque el apoyo total hoy no lo tiene ningún apellido más allá de los gustos de cada uno.
El Chacho a lo largo de toda su vida ha venido siempre con el combo completo de un cocktail que dispara diversas personalidades complementarias en una sola. Pese a su carácter sanamente alborotado que tantas risas nos robó y que eso siempre será parte de su esencia, y más allá de sus épocas rebeldes y alocadas, a la hora de explicar el fútbol es muy analítico y pensante, y habla claro y sin rodeos. Indudablemente por naturaleza tiene el carisma y a la vez el conocimiento del club como para llegar y adaptarse desde el día uno y de frente a la problemática futbolística y a las necesidades que hoy tiene el equipo. Y sobre todo para intentar descomprimir bastante la enorme presión que van a sentir los futbolistas que fueron los grandes apuntados del último tiempo. Este para mí es un factor clave en la elección por él para hacerse cargo de este momento.

Bienvenido a River, Eduardo.
Y por otro lado, al paciente llamado River había que intervenirlo rápido y sin demasiados rodeos. El durísimo contexto deportivo ameritaba que la transición fuese lo más rápida y sensata posible, y en ese sentido la dirigencia movió las fichas de manera veloz y efectiva, y no hubo titubeos ni a la hora del apuntado ni tampoco al momento de poner la plata negociando con criterio para que su salida de Alavés sea lo más acelerada posible. River no podía permitirse atravesar muchas semanas enmarañado en incertidumbres respecto al futuro y al camino futbolístico a seguir, porque además en un horizonte no tan lejano comenzarán a disputarse los partidos más importantes y decisivos del semestre.
Atravesar una era post Gallardo es un desafío cargado de presiones y responsabilidades para cualquiera. El primer protagonista fue en su momento Martín Demichelis, quien en sus comienzos hizo muy bien lo más difícil que fue navegar el barco los primeros meses pero después terminó chocándolo de frente contra el iceberg. Veremos en estos primeros tiempos cómo se desenvuelve el Chacho en su día a día, teniendo en cuenta que el estilo histórico será respetado porque sus equipos siempre fueron al frente en cualquier circunstancia, y en caso de tener que salir a buscar refuerzos rápido la elección de nombres ha sido un factor que se le ha reconocido mucho por los especialistas de turno en cada equipo que ha dirigido a lo largo de su carrera, sobre todo en Argentina y en Brasil.
Lo más importante es que Coudet en esta búsqueda de establecer un gran golpe de efecto inmediato, a nivel tiempos tiene primero el divino tesoro de ocho días de entrenamiento sin partidos en el medio para empezar a conocer el plantel a fondo sin la necesidad de salir a competir. Y por el otro lado el margen de todo el mes de marzo completo antes del inicio de la Sudamericana y de su primera gran prueba de fuego pesado en cancha, que será el Superclásico en el Monumental a mediados de abril.
Sabido es que uno de sus grandes desafíos en toda esta primera parte del proceso será inyectar muchas dosis de convencimiento para que el grueso de este grupo de jugadores de una vez por todas salga del letargo y se reencuentre con niveles a la altura de nuestra camiseta, y sobre todo que esa vehemencia apasionada que suele transmitir desde afuera no le juegue en contra al equipo a la hora de contagiarles más nervios y presión de la que hoy ya existe en el ambiente. Encontrar ese equilibrio y no pasarse de revoluciones desde las ansiedades será una gran prueba conociendo su manera de ser.

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Hola, Chacho. Bienvenido otra vez a nuestra casa. Como allá por 1999 y después por el 2003, en ambas ocasiones para llegar y salir inmediatamente campeón. Ojalá como DT ese primer gran paso se repita con una vuelta olímpica que tanto estamos deseando, y que tu River se forje con el estilo y la filosofía del buen trato de pelota, la gambeta, el despliegue y la voracidad ofensiva que tanto te caracterizó como futbolista en toda tu carrera, sin perder el orden y el equilibrio. Recibimos con los brazos abiertos a tu profesionalismo y seriedad, a tu intensidad interminable y por supuesto que también a tu sana e inmensa locura. Llevanos una vez más por el camino de las sonrisas y la felicidad. Te deseamos lo mejor.





