Parece que fueron, pero desaparecieron mucho antes que Riquelme. Por eso, en medio de este vendaval de críticas al fresco de Román, no nos olvidamos que el crack de la tristeza al menos se bancó estoico… ¡unos siete minutos de juego! En cambio, los hinchas de Boca se hicieron humo antes de que arrancara el Superclásico. Ahora se entiende ese fanatismo por disfrazarse de fantasmas.

Cuentan que llegaron en mute, pero no se sabe si fue por miedo o porque no encontraban los tomacorriente para el bafle. Otros juran que son así, “los más amargos del mundo entero y cuando no salen campeón, banderas negras ellos pusieron”. Aunque también están los agnósticos, que no creen en mitos ni fantasmas, y esgriman que es imposible ser “la mitad más uno” y no llenar ni tu cancha.

Como sea, lo que es seguro es que así como llegaron, desaparecieron. Porque ni bien salió el equipo de JJ López a la cancha, los hinchas de River desataron un espectáculo tan típico de ellos como inédito a la vez, y que terminó por esfumar al rival de toda la vida. Concretamente, los hicieron humo. Es que a fuerza de cientos de bengalas que se encendieron en las plateas de la Centenario baja, la popular de Boca quedó totalmente tapada por humo blanco y rojo, al mismo tiempo que tres muñecas inflables -en tanga y con la camiseta de la bosta- flotaban frente a la nada misma.

Entonces, semejante recibimiento no sólo significó el inicio del carnaval riverplatense, sino que además terminó por sentenciar al ganador del Superclásico en las tribunas. Desde allí, la gente de River irradió color, calor y pasión. Hubo cotillón al por mayor, bombas de estruendo, bengalas de todo tipo y un telón nuevo que se desplegó al compás de un ruego popular que trinó hasta el hartazgo por todo Núñez: “Sólo le pido a Dios que se mueran todos los bosteros, que se mueran para siempre…”. Pero para que se cumpliera el deseo hubo que esperar hasta el cabezazo de Maidana. ¡Justo de Maidana! Y ahí así, la estocada resultó mortal. O al menos los vimos desaparecer en serio.