Gorosito sumó a Roberto Pereyra al plantel de Primera. Se trata de un tucumano de 18 años que viene de salir campeón en la Sexta y que se presenta como otra de las grandes promesas de las inferiores. Aunque la incógnita pasa por si este volante ofensivo correrá la misma suerte que otros chicos que subieron de la mano de Pipo o si podrá jugar al menos un minuto en este River que pide a gritos por los juveniles.
A simple vista, se podría destacar que la conducción de Néstor Gorosito en River se caracteriza por tener muy presente a los chicos de las Inferiores, esos que la vienen remando desde muy abajo y -en los últimos años- se cansaron de ganar campeonatos. Los hace entrenar con los profesionales, los concentra con la Primera y hasta los convoca para ocupar un lugar en el banco de suplentes. Pero, salvo contados casos y por cuestiones excepcionales, prácticamente ninguno de ellos ha tenido la posibilidad de acumular minutos dentro del campo de juego. O sea, están, pero no juegan.
Mateo Mussachio, Andrés Ríos, Gustavo Fernández, Gustavo Bou, Lucas Orban, Damián Lizio, Fabio Giménez y Eial Strahman son la camada de pibes (y no tan pibes) que alternan convocatorias asiduas entre el equipo principal y la Reserva de Gustavo Zapata. Sin embargo, sólo la Tortuga Fernández y Bou tuvieron la suerte de aparecer como titulares y jugar al menos dos partidos, aunque sólo fue por lesiones o insalvables actuaciones de los jugadores de más experiencia. Todo el resto directamente no hizo su debut en la era Gorosito, y si lo hizo fue por esporádicos minutos. Ninguno recibió la continuidad y el respaldo suficiente como para intentar ganarse un lugar en Primera.
Es cierto que todavía son chicos (pese a que todos tienen de 19 años para arriba) y que tirarlos a la cancha junto a un plantel que supo forjarse como el peor River de la historia no sería lo más conveniente. Pero también es cierto que en el club de Núñez sobran casos de juveniles que debutaron en el fútbol grande siendo adolescentes, tanto como que este equipo necesita del hambre y las ganas de los más pibes para renovarse y volver a pensar en grande. ¿Que tanta responsabilidad les puede jugar en contra? Si realmente tienen condiciones y un acompañamiento adecuado por parte del cuerpo técnico, tienen más chances de romperla que de quemarse.
Está claro que trabajar con juveniles es algo extremadamente complejo y no debe estar condicionado a las urgencias del equipo o el fastidio de los hinchas, porque el “vamos, vamos los pibes” es un canto tan alentador como peligroso. Pero tampoco hay que subestimarlos. En River jamás se castigó a los chicos surgidos de la cantera del club, incluso hoy quien más expectativas despierta en el hincha no es otro que Mauro Díaz, el único de todos los chicos que se puede jactar de haber jugado en el primer semestre de Gorosito como técnico. Todos los demás hasta ahora quedaron ahí, muy pero muy cerca, aunque siempre de la línea de cal para afuera.
Foto: Prensa River.