Más allá de la enorme preocupación que existe en el mundo River no solo por el resultado del Superclásico sino también por la gran polémica del final del partido, la realidad desde lo futbolístico marca además que en los últimos tiempos vienen sucediendo groseras distracciones repartidas entre cada uno de los defensores y también en varios del resto de los protagonistas.
La acción de Boca que derivó en el penal provocado por Lautaro Rivero proviene de un pase elevado y netamente frontal que desnudó malos movimientos defensivos, en este caso de Lucas Martínez Quarta yendo a achicar sin sentido hacia adelante, de Marcos Acuña habilitando a todos y del propio Rivero tratando de bloquear un tiro con la mano muy separada del cuerpo. Y fue una situación que se vio por lo menos cuatro veces a lo largo de los 90 minutos del pasado domingo.
Y todo esto ha sido un mal reiterado que por ejemplo vimos hace muy pocas semanas en Bolivia frente a Blooming y que derivó en la expulsión de Martínez Quarta por un golpe innecesario suyo y a su vez con Rivero saliendo tarde para habilitar al resto. Pero que también ha sido una falencia que nos costó muy caro en grandes partidos decisivos de la última época.
Remontándonos a la Libertadores 2024, en el partido de ida de los cuartos de final ante Atlético Mineiro que terminó siendo una derrota imposible de remontar, esa serie se abre con un pelotazo frontal de los brasileños que deriva en el primer gol de una manera sumamente sencilla para tratarse de una instancia y competencia semejante.
Ni hablar de la jugada que deriva en otra expulsión de Martínez Quarta, en este caso frente a Inter en el Mundial de Clubes que también pudo haber sido evitable con una mayor concentración en la posición y también en el control de la pelota, o en el gol de Boca en el Monumental durante el clásico del 2025 donde un pelotazo larguísimo pasa a toda la defensa y lo deja solo a Merentiel para definir contra Armani.
Y más para acá en el tiempo también se vienen a la memoria las faltas de atención y los descuidos graves que hubo en el último Superclásico en la Bombonera, que no solo derivaron en los dos goles de Boca sino que también en el grueso de los ataques que pudieron haber sentenciado una goleada que afortunadamente no se dio.
En definitiva, las jugadas que en la teoría del fútbol son las más fáciles o menos complicadas de resolver defensivamente han sido por escándalo la criptonita de River a lo largo de los últimos tiempos, y esta es una situación que explica muchas de las falencias no solo futbolísticas sino también mentales que el equipo dispara y contagia hacia el afuera. Se hace muy difícil encontrar confianza y regularidad ante estas distracciones tan irrisorias, y si River en líneas generales no corrige sus niveles de concentración seguirá pegándose la cabeza contra la pared en cualquier instancia decisiva que se venga por delante.
