Erik Lamela fue el mejor jugador de River en el Superclásico, pero como careció de acompañantes fijos en la creación y los atacantes no resolvieron de la mejor manera, no pudo lograr que sus avances prosperaran.
La imagen se repitió varias veces: cada avance visitante tenía como protagonista excluyente al 10 millonario, en todos los sectores. Lamela actuó como enganche, pero atacó por los costados, generó paredes exitosas con Mariano Pavone -no así con Gabriel Funes Mori, de pésimo rendimiento- y siempre dio la cara en ofensiva.
De todas formas, es muy difícil que las acciones tengan un final feliz cuando el camino está lleno de imprevistos. Lamela mostró criterio para provocar infracciones locales e inquietar a través de su capacidad desequilibrante en el mano a mano, aunque sin socios es imposible que pueda resolver todo por sí mismo.
Es cierto que a veces el volante ofensivo de 19 años se excedió en la tenencia de la pelota, pero en muchas ocasiones no contaba con opciones claras de pase ni compañeros que le ofrecieran la seguridad de que el balón iba a tener un destino acertado.
En consecuencia, Lamela realizó una tarea más que aceptable, pese a que no le alcanzó para que River revertiera el resultado. Coco se ganó los aplausos de los hinchas y hace unas horas se enteró de que Sergio Batista lo convocó para el amistoso que la Selección Argentina disputará el 25 de Mayo frente a Paraguay, en Chaco.



