Jugó un primer tiempo horrible, aún peor que contra Aldosivi, y lo pagó con una nueva derrota en el campeonato. Errático en ataque, endeble en el medio y tétrico en el fondo, quedó a merced de un Atlético Tucumán que -de contra- le definió el partido en veinte minutos. Y ahora, a jugar a Madryn…
La expectativa por la vuelta al Antonio Vespucio Liberti quedó completamente obnubilada con esa pifia de Román que derivó en el gol de Montiglio. Ahí se terminó el partido. Sí, a los 22 minutos del primer tiempo, la suerte de River ya estaba echada.
Es que el equipo de Matías Almeyda entró al campo de juego dormido, impreciso de mitad de cancha hacia adelante, al punto de fallar pases insólitos. Así fue como nació el primer tanto tucumano: Sánchez regaló una pelota en pleno ataque millonario y al equipo de Llop le alcanzó con dos toques para dejar a Rodríguez mano a mano con Chichizola.
Y nueve minutos después, llegó el error cantado de Román para que otra contra feroz de Atlético Tucumán terminara por aniquilar a La Banda. Error cantado porque el defensor paraguayo, además de que nunca fue garantía de una seguridad contundente, salió a jugar con una presión extra imposible de evitar. Tanto, que era probable que se equivocara como lo hizo.
Ahora, ¿hizo mal Almeyda en ponerlo como titular? Gustos al margen, el técnico lo vio bien y le dio la oportunidad que le prometió a cada jugador del plantel. Lo que es seguro es que el Monumental no era el mejor marco para que Román reapareciera en el equipo, pero con Ferrero ya relegado y Funes Mori lesionado, el Pelado tampoco tuvo más remedio.
De todas formas, con o sin Román, River habría perdido igual, porque el problema no estuvo solo en el fondo. En el medio, Cirigliano estuvo irreconocible y Ocampos no tuvo sorpresa. Mientras que en ataque, el Chori chocó constantemente con la defensa tucumana; Ríos fue una sombra; y Cavenaghi apenas si pudo pararse de frente al arco de Ischuk.
De ahí entonces que, en el segundo tiempo, el equipo no haya podido revertir la historia de esos 20 minutos fatales que lo llevaron a sufrir su segunda derrota en el torneo. Esa que, con siete victorias y cinco empates, despierta cierta preocupación. No porque River venga mal, sino porque da muestras de no encontrar regularidad y da la sensación de que, así como gana por goleada, también puede perder de una manera nefasta.



