El equipo de Almeyda perdió 2-0 ante un Vélez que lo superó en todo aspecto y de principio a fin. Si no hubiera sido por Barovero o la falta de efectividad de los delanteros rivales, el partido habría terminado en goleada.
De aquel primer tiempo ante Tigre o del partido de la semana pasada contra Newell’s, nada. Absolutamente nada. Por el contrario, en Liniers, River no fue ni la sombra de ese equipo que pareció asomar a los tumbos.
Entró a la cancha dormido y Vélez lo sacudió de entrada: entre Insúa, Ferreyra, Pratto y Bella generaron un sinfín de jugadas en apenas cinco minutos de partido. Pero ni siquiera así el equipo de Almeyda pudo reaccionar.
Entonces, a los 19, Vélez armó una gran jugada colectiva, que inició Domínguez en el fondo y que terminó con Pratto empujándola en dos tiempos para abrir el marcador en el Amalfitani. Fue una serie de toques entre compañeros, del medio hacia afuera y de afuera hacia el medio. Algo tan simple como básico, pero que River jamás pudo lograr.
Es que el equipo de Almeyda fue la antítesis de ello: pases errados, imprecisiones absurdas, pelotazos a la nada… fue un grupo de 11 jugadores completamente perdidos en el campo de juego. A tal punto, que la jugada más clara la generó recién a los 39 del segundo tiempo, con el cabezazo de Mora en el travesaño de Montoya.
Aunque más allá de eso, lo más preocupante de todo fue que River estuvo al borde de perder por goleada y no encontró reacción alguna en sus jugadores ni en su cuerpo técnico. Fue una sombra adentro y afuera.



