LA VIDA POR RIVER. El Superclásico es ese partido donde las emociones y el sentido de pertenencia llegan a su punto máximo.

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Quisiera ser yo

"Los clásicos, aunque haya jugado uno o muchos, siempre son todos especiales y diferentes. Es algo que seguramente el hincha quisiera jugarlo. Tenemos que disfrutarlo", declaraba ayer nuestro capitán Leonardo Ponzio. Y dio justo en el clavo: todo hincha quisiera jugar un Superclásico, todos quisiéramos tener la oportunidad de estar ahí (sí señor, incluso yo), de saber qué se siente, de poder representar nuestra camiseta con el máximo orgullo y dejar todo en la cancha para salir triunfantes.

LA VIDA POR RIVER. El Superclásico es ese partido donde las emociones y el sentido de pertenencia llegan a su punto máximo.

LA VIDA POR RIVER. El Superclásico es ese partido donde las emociones y el sentido de pertenencia llegan a su punto máximo.

Por
Agustina Amprimo

Porque si bien todos los partidos que disputa River son importantes y uno quiere ganar siempre a todo, los Superclásicos son especiales por razones obvias. Es volver a enfrentarse con el eterno rival, es volver a poner en juego el honor, el orgullo y los colores, es otra vez, aunque no haya público visitante, retarse a un duelo de hinchadas. Es ver quién la tiene más larga.

Así que seremos miles de almas millonarias sentadas frente al TV, volcando toda nuestra fuerza para que nuestro equipo sea el vencedor, expectantes de cada jugada, de cada movimiento, de cada cambio, esperando que las cosas se den como esperamos. Soñando despiertos con la idea de poder ser nosotros alguna vez los que estemos ahí llevando la banda roja con total honor, porque quisiéramos ser los que dejemos el alma en cada jugada, los que sepamos qué se siente en la piel ser parte de este inmenso club. Hasta incluso a veces quisiéramos ser también los que le dicen a Gallardo qué cambios hacer, y le gritamos al televisor desesperadamente nuestras sugerencias. Aunque sepamos que es imposible, que es sólo una idea en nuestra cabeza y nuestro corazón, aunque sepamos que los que están ahí defendiendo al club son otros.

Y entonces a nosotros, los hinchas, nos toca defender al club desde nuestro lugar. Y apoyamos a los que sí están dentro del verde césped cumpliendo sus sueños, y el de tantos otros, alentando incansablemente desde el lugar en el que estemos, haciendo banderazos para despedir a los jugadores y hacerles saber que estamos con ellos porque esta pasión nunca se va a apagar. Pero mucho más cuando la fiesta es en casa, llenando el monumental de punta a punta para recibir al rival y hacerle sentir que esta cancha late de verdad y que dejamos todo los 90 minutos, en el campo de juego y en las tribunas.

Nuestro capitán es quizás quien más representa los pensamientos y sentimientos del hincha, y dijo una absoluta verdad: todos quisiéramos estar ahí. Pero no es posible, por eso cada uno de nosotros alentará desde nuestro humilde lugar deseando que a River le vaya como esperamos y que triunfemos una vez más. Eso denlo por hecho.

Y al jugador: que deje la vida por esos colores.

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