Qué baile ni baile. El Superclásico terminó un minuto antes de que Sergio Pezzotta diera el pitazo inicial y la bandita de Gorosito se predispusiera a hacer el papelón que terminó haciendo. Pero el River-Boca no es sólo fútbol, el resultado es apenas una mínima parte de todo lo que envuelve al partido más importante del mundo. Claro que da bronca que esos que juegan sólo por amor al dinero no se sacrifiquen por una camiseta colmada de historia y gloria.
Por eso lo que hicieron los jugadores anoche en Mendoza es y será imperdonable, pero ellos están de paso, hoy roban acá, mañana robarán allá. Pero el Superclásico es otra cosa, es el partido que refleja la pasión real, no la que se siente sólo de la boca para afuera. Y ahí, en la tribuna, los hinchas de River volvieron a dar el batacazo. No les alcanzó con encabezar el ranking de entradas vendidas de un torneo en el que el equipo terminó último ni les bastó con copar la ciudad mendocina durante todo un mes.
Tampoco mermaron a la hora de invadir Mar del Plata aunque más no fuera por un fin de semana ni aflojaron cuando les tocó viajar a Salta, en donde desataron una típica fiesta de noche copera para un simple amistoso de verano. Nada le alcanza a la gente de River, nada le es suficiente. No hay kilómetros, costos ni papelón futbolístico que los aplaque. Hacia allá va River y hacia allá van ellos, más predispuestos que nadie y sin viajes en primera clase u hoteles cinco estrellas en donde hospedarse.
Eso es River y así volvió a quedar demostrado en este nuevo Superclásico, un partido que ya se acostumbró a ver la pasión siempre del mismo lado. Anoche, alcanzó con una sola secuencia para vislumbrarlo: Ellos desplegaron un pañuelo, dos pañuelos y ¡zas!… se quisieron matar. La tribuna de enfrente los encandiló con un telón que no entraba en sus planes, en su razón, en lo poco y nada que tienen de pasión.
Jamás creyeron que lo llevarían a Mendoza. Si apenas cabe en el Monumental, acaso cómo imaginar que lo trasladarían de Núñez hasta la Cordillera. Les resultó imposible, utópico, inalcanzable. Y no es para menos, no por nada son Boca. Entonces a partir de ahí no les quedó más que cerrar los ojos y suplicar por los pibes, pero a esa altura el Superclásico ya había terminado.
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Foto: La Página Millonaria.



