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La carta que conmovió al Lobo Ledesma

Cristian Ledesma se emocionó con la carta que le redactó un hincha y periodista de River.

Gabriel Casazza

El hombre que dejará River de forma inminente se emocionó al recibir el texto de Matías Muzio, periodista, hincha y amante de la destreza del Lobo en el verde césped. Imperdible.

Hace apenas unos días, Cristian Ledesma protagonizó uno de los momentos más emotivos que se vivieron en River en los últimos tiempos. Con un disparo inolvidable que coló la pelota en el ángulo del arco de Quilmes, liquidó el duelo ante el Cervecero que significó un título y marcó su único gol con la camiseta Millonaria.

Y, cuando todo parecía encaminado para que el experimentado volante central renovara su vínculo con River, la partida de Ramón Díaz le hizo dar marcha atrás y determinar que el duelo amistoso ante Boca, en México, será el último con La Banda puesta. Esto, conmovió a un sinfín de hinchas.

Uno de ellos fue Matías Muzio, un periodista que siempre se catalogó como un enamorado del juego de Ledesma. Por ello, se tomó el tiempo de redactarle una carta muy emotiva al Lobo, que la recibió y se conmovió con las siguientes palabras:


GRACIAS, LOBO.

El fútbol es una forma de vida. Es la locura más razonable. Es una acuarela bailando en un tsunami sin derramar los colores que atan la pasión al corazón. Y enlazando a los colores con hilos de sonrisas y lágrimas (porque en el fútbol como en la vida hay que reír y llorar mucho) laten las maneras que definen al sentimiento. Sí, todos pasamos de la euforia a la desesperación, de las alegrías a las tristezas, sin escalas, como en un desamor. Es la misma la taquicardia que nos anuncia la felicidad plena o nos asusta. Es la misma, solamente que a veces, ella o nosotros, vamos a contramano. Todos tenemos un rinconcito para abrigar pequeñas traiciones: un gol de puño cabrón en un mundial, o un córner que no fue. Pero en nuestra primera capa de piel y detrás de la piel vive y sobrevive la esencia, la identidad. Y eso, la identidad, es la forma de vida. Y si el fútbol es parte tan importante de nuestra vida, al punto de a veces pensar que es la vida misma, yo digo que Cristian Ledesma es mi fútbol. Y fútbol es mucho más que River. Lobo es una manera de fútbol. Ledesma es una manera de vida.

Él es la paz cuando arrecia la tormenta. Es la luz en la oscuridad y todos los lugares comunes de las poesías, porque es poesía jugando al fobal. Es lunfarda y es clásica. Es potrero y es alfombra roja. Es la suma de todos esos lugares comunes, por eso es tan extraordinario. Es la belleza de lo simple, es la distribución exacta de la riqueza, porque él cuida a la pelota como ninguno y se la presta a todos sin importar si se la van a devolver.

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Es Lobo el que marca el camino en silencio, sin estridencias. Es la autocrítica y el agradecimiento. Es el amigo al que todos vamos a abrazar porque nos sale de adentro. Porque a vos, Lobo querido, te fueron a abrazar porque sos buen tipo, no porque autografiaste una obra de arte. Si esa estrella fugaz que se fue a dormir al fondo del arco hubiera chocado contra tobillos contrarios en el camino, todos nos hubiéramos emocionado de la misma forma. Pero ese flaco que tenías estampado en la remera parece que también sabe de fútbol y dijo: No, si va a ser tu despedida, que sea a tu manera, y tu manera es bella.

Ledesma es la humildad. Es llorar ante el acto perfecto en lugar de buscarse en la pantalla o golpearse el pecho. Es esa pisadita de lujo para que pasen de largo la vanidad y los rivales.

Lobo es el embajador del semillero del mundo. Es el espejo donde se miran otros sin dejar de ser ellos mismos. Ledesma es Kranevitter. Ledesma fue Cambiasso. Ledesma es Rojas. Es mentor, socio o el que tiende una mano para rescatar.

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Cristian es el enganche más genuino en la tierra erosionada por tanto doble cinco que no hizo un diez. Es el pase corto, ese que junta a todos como amigos alrededor del círculo central y sin decir les dice: “vengan, no sean boludos, yo invito”. “Vengan, no tengan miedo, la pelota no quema, la pelota nos va a querer si la queremos bien”.

En tu tour de despedida te cansaste de dar conciertos inolvidables. No importa si la función fue de tarde o de noche o incluso si hubo sol o nubes ojerosas. Cada vez que vos dirigías la orquesta había luna llena.

Seguí jugando. Seguí jugando como cuando la pelota era un juguete. Seguí invitando al pase corto, a la humildad. Seguí haciendo amigos a partir de compartirla y, por favor, enseñale eso a tus hijos, en el fútbol y en la vida, porque vos vivís como jugás, y el fútbol y la vida no son adivinanzas, y jugar sin traicionarse es la forma más seria y la más libre de vivir la vida. Y si el fútbol es una forma de vida, Ledesma es mi fútbol. Porque, señores, cuando yo veo a Cristian Ledesma veo fútbol y un buen tipo, y después me fijo qué camiseta tiene puesta.

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