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El River de los pañuelos blancos

El River de los pañuelos blancos

Está desaparecido. Es un River de pañuelos blancos en la cabeza. Creíamos que solamente había perdido los documentos, pero no. Se hicieron todas las denuncias de extravío de identidad y nada. Todas las pistas fantasmagóricamente resultan falsas. Creímos que su heroísmo pudiera aflorar en La Boca y estuvo más ausente que nunca. Anoche lo fuimos a buscar a casa. Que si estaba vivo el amor propio lo iba conducir hacia la salida. Creíamos que lo íbamos a ver renacer frente al buen equipo del “Bichi” Borghi y nos venció otra vez la desilusión.

En el primer tiempo hubo una excelente demostración de los de La Paternal y allí quedó establecida la diferencia de categoría entre uno y otro plantel. Argentinos tiene cuatro o cinco jugadores de muy buen pie y presencia. Coria pareció el Beto Alonso y Ortigoza, el tolo Gallego con más futbol. Mercier, un volante mixto que quisimos traer y no nos dio el cuero. La realidad señala que nos hicieron precio. El gol anulado fue una salida de contra perfecta, que luego se compensó con un penal a Mauro Díaz en el segundo tiempo, cuando tomado en el área no puede definir.

Con los cambios se vio un River más metido, con el mejor Pereyra que vimos hasta la fecha. Con Funes Mori desperdiciando muchas oportunidades. Pero con eso no alcanza. Astrada no consolida un planteo táctico base y en esa búsqueda frenética sólo hace aportes a la confusión generalizada. Hay una sumatoria de nombres que entran por una puerta giratoria y vuelven a salir por la misma, sin ton ni son. Entran en la consideración cuando están fuera del equipo y resultan espectros dentro de la cancha.
Volvió la ira, la silbatina, el reproche, los cantos admonitorios. Está volviendo la bronca. Y es legítimo que así sea. La ira es santa, sagrada, cuando se busca la autoafirmación, nuestro territorio, lo que somos.

Se convierte en tóxica e insensata cuando se hace un callo la irritabilidad, la agresión o se amenaza con violencia. La rabia fue la que expulsó democráticamente a Aguilar. Y antes, pero mucho antes, desde la tribuna se le había quitado la confianza y le había perdido el respeto. Lo que uno se pregunta es si la dirigencia hará sentir su “autoridad” como históricamente se hizo dentro del vestuario. Por otro lado, tampoco parece justo que ese puñado de pibes de inferiores como Affranchino, Pereyra, Villalva, Mauro Díaz, Funes Mori -con toda su impericia- paguen los platos rotos.

La realidad es que han pasado los 100 días de la era Passarella y se empieza a romper el enamoramiento. Esa luna de miel que gozan todos los nuevos gobernantes en sus primeros meses de gestión. Se entendió en un principio que este Clausura, River apostaría al heroísmo de los pibes, mechados con algunos tipos como Almeyda, Gallardo y Ortega, que pudieran ser el soporte emocional y de pertenencia que hacía falta. Estaba claro que era una apuesta arriesgada y poco sustentable para armar un “proceso” en serio.

Era lo que había y casi todos lo aceptaron así. River no cuenta con suicidas vocacionales. Pero sí con personas inteligentes que deberían ya ir evaluando tantos riesgos. Los hinchas y socios, hombres y mujeres de carne y hueso son susceptibles de ataques de pánico cuando se observa el futuro que tanta derrota nos puede aventurar.

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Sería bueno saber de boca del presidente saber qué punto exacto del proceso estamos parados. ¿Cómo se sale? ¿En quiénes se está pensando? ¿De dónde saldrá el dinero? ¿Quienes son? Hoy, aquí y ahora. Su palabra es necesaria, porque son horas de reforzar la capacidad de tolerancia a la frustración si es que las soluciones no van a llegar a corto plazo. Estaría bueno que lo aproveche. Todavía que la memoria colectiva está muy fresca. Que la “ira” de hoy tiene que ver con la mano en la lata de ayer.

Pero que también los canales de comunicación con la gente deben abrirse de manera urgente para devolver una respuesta constante de la “lógica institucional” y “futbolística”. Uno sabe que River va a volver, que es mentira que lo mataron. Que una historia cargada de mitos y leyendas del futbol, de tanta grandeza no la van a poder borrar así.

Por ahora, sigue siendo un NN. Es hora de desenmascarar a “los secuestradores” de ayer y no olvidar que la “única lucha que se pierde es aquella que se abandona”. Danos una señal. Un domingo donde la “pelotita” reencuentre a quien más la quiso. Nosotros, acá estamos incondicionales: “desde el tablón” a la espera del regreso. Inventando alguna nueva canción. Te extrañamos. Es que “vivir sin esta vida es imposible para mí”.

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