La historia jamás contada del nieto de Angelito Labruna. Con tan sólo 12 años, ya sueña con volver a poner bien en alto su apellido. Su amor por River, su presente en las inferiores de la Universidad Católica y un deseo: “Quiero hacer tantos goles como mi abuelo”.
Marco nació 18 años después de la muerte de su abuelo, pero al igual que él, lleva los colores de River en el alma. Nació en una familia futbolera signada por un apellido fuerte para la historia riverplatense. El abuelo de Marco era Ángel Amadeo Labruna, para él, simplemente, “Don Ángel”. Con tan sólo 12 años, tiene bien en claro que su abuelo es el máximo ídolo de la historia de River. Actualmente, vive en Chile junto a sus padres y juega en las inferiores de la Universidad Católica. Por primera vez, rompe el silencio ante los medios y eligió a la Revista 1986 para contar su historia.
– ¿Cómo comienza tu historia en el fútbol?
– Empecé en la escuelita de River que lleva el nombre de mi abuelo. Tenía siete años cuando fui por primera vez. Después de un año me vieron y me pasaron a las inferiores.
Tuve la suerte de quedar y empezar a competir con la camiseta de la cual soy hincha. Con el tiempo, mi papá se fue a dirigir a Chile (N.d. R: Omar Labruna fue técnico del Colo – Colo hasta marzo de 2013) y después, decidimos junto a mi mamá Alejandra y mi hermano Vittorio irnos con él.
– ¿Fue fácil dejar el club?
– Extrañé mucho cuando me fui pero así es la profesión de mi papá. Ahí fue cuando me probé en la Universidad Católica de Chile que es donde estoy jugando actualmente.
– Hablemos de tu abuelo. ¿Qué sabés de él?
– Muchas cosas sé, pero ante todo, siempre supe que mi abuelo Don Ángel era muy buena persona y después, que amaba mucho a River. También, me contaron que fue el mejor jugador de la historia de River y que le hacía siempre goles a Boca y que ganó muchos títulos tanto como jugador y técnico.
– ¿Conocés toda su carrera?
– Sí, también me contaron que al entrar a la cancha saludaba a la gente de River y con la pelota iba hacia el arco y convertía un gol con el arco vacío. Hasta que un día tuvo la mala suerte que un lineman estaba revisando las redes y le pego la pelota y se fue afuera. Ese día le toco perder a River. A partir de ahí, aseguró siempre hacer los goles como cábala. Me contaron que era muy cabulero.
– Es cierto, pero sus logros no fueron cuestión de suerte. Fue el más grande.
– Sí, no sólo como jugador, también, ganó todo como técnico. Metió casi 300 goles y además, jugó en la Selección Argentina muchísimos partidos.
– Y fue el máximo goleador de los Superclásicos.
– Con Boca tenía algo especial. Como entrenador, lo que más risa me da es ver las fotos entrando a la bombonera tapándose la nariz. Era muy hincha de River.
– ¿Y vos qué tipo de jugador sos?
– Me gusta mucho ir al ataque, eludo, engancho y le pego. Juego de volante por derecha y también, puedo contarles que soy muy rápido.
– ¿Algún sueño?
-Llegar a jugar en la Primera de River sin duda y ojalá, pueda hacer tantos goles como mi abuelo pero, lo que más me importa, es dejar bien parado el apellido Labruna.
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