River atraviesa un impensado, pero para nada inexplicable, presente. Es que, si bien se trata de una situación atípica que ha marcado registros sin precedentes e igualado algunas marcas negativas históricas, es posible entenderla, no solo a partir de los resultados, sino también de las diferentes decisiones que han tomado Coudet y el club en los últimos tiempos.
La crisis se agrava y es difícil ver luz al final del túnel. Tras la derrota ante Aldosivi en el arranque del semestre, River tenía la posibilidad de enderezar el rumbo ante Barracas Central en el Monumental. Sin embargo, falló. Y así sucedió sucesivamente en los partidos del Torneo Clausura ante Gimnasia, Rosario Central y Tigre.

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¿Cómo se explica el pésimo presente de River?
Por más doloroso que sea, el pésimo presente de River no carece de explicación y tiene un principal responsable: Eduardo Coudet. De más está decir que el equipo no funciona, no se asocia, no genera peligro ni patea al arco. Para colmo, da constantes concesiones defensivas como sucedió este sábado en Victoria. Al margen de ello, las decisiones del DT tampoco ayudan.
En lo futbolístico, el DT insiste con asignarle a ciertos futbolistas posiciones en las que no han rendido. El ejemplo más reciente es el de Joaquín Freitas. Después de que mostrara cosas interesantes jugando por el medio, el Chacho desplazó al delantero a la banda, incluso haciéndolo jugar como carrilero derecho por momentos.
Aun desempeñándose en una posición que no le es conocida, y mucho menos cómoda, Freitas es uno de los pocos que muestra algo de rebeldía y atrevimiento. Sin embargo, queda a las claras que no es un rol en el que se sienta a gusto. Por el contrario, jugar anclado contra la línea lateral solo limita a un chico que ha mostrado grandes cualidades.

Y si bien la de Freitas es la situación más clara, está lejos de ser la única. Otro claro ejemplo se vio ante Barracas, cuando el DT rompió el mediocampo en el entretiempo y jugó todo el complemento con cuatro delanteros, haciendo a Ángel Correa, que tenía apenas una práctica con el plantel, jugar pegado a la banda izquierda. Casos así abundan.
También se puede marcar la insistencia del técnico con Tomás Galván, un futbolista que ha tenido cuantiosas oportunidades —quizás inmerecidas en función de su rendimiento—. Sin ir más lejos, el mediocampista disputó 21 de los 23 partidos del ciclo Coudet (los otros dos se los perdió por lesión), siendo titular en 19 de ellos.
De hecho, venía de ser suplente ante Rosario Central, pero volvió a ir desde el arranque en Victoria. Y no pasa por una cuestión de nombre, sino por los rendimientos y el aporte que tiene en el equipo, el cual es realmente poco. Aun así, el Chacho lo tiene bien considerado y sigue insistiendo en darle minutos en un equipo que carece de creatividad.

Si bien son muchas las situaciones individuales que se pueden marcar, vamos a cerrar con la obstinación de que Lucas Martínez Quarta sea titular. Si bien el central ha cometido numerosos errores y tenido pésimas actuaciones, el DT sigue manteniéndolo en el equipo titular como si sus rendimientos lo justificaran.
Ahora bien, uno podría decir que sigue jugando porque no hay otras alternativas. Pero la responsabilidad de ello también recae sobre el técnico por lo pésimamente armado que está el plantel de River. Con Pezzella borrado, Ramírez recuperándose y Rivero en un pésimo nivel, no hay muchas más opciones para suplir a un errático y endeble Martínez Quarta.

Volviendo atrás en el tiempo, y si bien la culpa es compartida con la dirigencia, tampoco se puede dejar de lado el hecho de haber realizado la pretemporada con menos de 20 jugadores, de los cuales cuatro eran arqueros. Con Arambarri como única cara nueva, y después de haber borrado a 15 futbolistas, el Millonario no tuvo una puesta a punto adecuada.
Esto último va de la mano con la poca participación que Coudet le ha dado a los jóvenes. Recién sobre el cierre de la pretemporada el DT citó a algunos chicos, aunque para ese entonces el plantel ya había transitado la mayor parte de la preparación. Y esa minimización a los juveniles se trasladó a este arranque del semestre.

Un claro caso es el de Cristian Jaime, que no iba a ser tenido en cuenta por el técnico, se fue a préstamo a Peñarol y ahora la está rompiendo. Pero no es el único, sino que jugadores como Juan Cruz Meza, Lautaro Pereyra o Facundo González han tenido minutos a cuentagotas, mientras que otros tantos no han tenido siquiera la posibilidad.
El contexto no ayuda
Al margen de las decisiones de Coudet, el contexto es completamente desfavorable. Si bien es importante, en River no alcanza solo con jugar bien, sino que los resultados son los que mandan. Y lo alarmante es que el equipo del Chacho no hace ninguna de las dos: juega cada vez peor y pierde todo lo que juega.
Esta crisis se suma a la necesidad que tiene el Millonario de salir campeón y, en conjunto, forman un combo letal. Es que el estar urgido de títulos genera una presión extra que no solo acelera los procesos, sino que multiplica la exigencia. Y para colmo, los dirigidos por Coudet están lejos de responder a la altura de esa exigencia.

Salir campeón del Torneo Apertura contra Belgrano le hubiera dado un colchón al técnico. Sin embargo, víctima de sus insólitas decisiones (como la de no hacer cambios o meter a Juanfer a falta de un minuto para que termine el partido), el técnico se complicó solo y ahora, con cinco derrotas seguidas en la espalda, está contra las cuerdas.
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Una de las prioridades en este mercado era la de tener la mayor cantidad de refuerzos posible antes de la pretemporada. Sin embargo, no fue así finalmente. Las negociaciones se dilataron más de lo esperado y tanto González como Beltrán llegaron sobre el final de la estadía del plantel en España. Así, Arambarri fue el único que pudo entrenar a la par en Alicante.
Rafael Santos Borré pudo sumarse recién tras la vuelta de River al país y tanto Ángel Correa, Tobías Andrada y Thiago Almada llegaron con la pretemporada empezada. Al margen de los puestos que se reforzaron, y los que no, y los nombres propios, el problema es que el Millonario afrontó su preparación casi sin caras nuevas en el plantel.

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Lo sucedido con Quintero también fue un grave error. En lo futbolístico, un River falto de ideas y carente de creatividad perdió a su mejor y más creativo jugador. Casi sin minutos con Coudet durante la primera parte del año, JFQ se sintió destratado y, declaraciones en los medios mediante, firmó la rescisión de su contrato.
Y allí es donde aparece otro error: el que se fuera sin dejar dinero. Hace un año, el club pagó más de 2 millones de dólares por él. Ahora, se va a coste cero pese a que tenía una cláusula de rescisión. Evidentemente, una decisión perjudicial para el Millonario en términos económicos, además de la importante pérdida futbolística.





