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A 30 años de un River inolvidable y un campeón extraordinario de Copa Libertadores

Hoy se cumplen 30 años de la inolvidable conquista de la segunda Copa Libertadores de nuestra historia. El equipo de nuestros superhéroes.

A 30 años de una noche histórica, especial e inolvidable.
A 30 años de una noche histórica, especial e inolvidable.

El tiempo pasa rapido. Los años no se detienen. Se acumulan uno arriba del otro cuando se tratan de bellos recuerdos. Es que parece que fue ayer y sin embargo hoy se cumplen 30 años de la inolvidable conquista de la segunda Copa Libertadores de nuestra historia. De aquella fría jornada del 26 de junio 1996 cuando recibimos a América de Cali y convertimos el crudo invierno de Buenos Aires en una noche calurosa de verano. La temperatura de nuestro cuerpo y alma eran elevadas. Los que estuvimos en las tribunas lo sabemos y quienes no tuvieron esa suerte, seguramente habran escuchado varias veces esta frase que expresa: “El recibimiento jamás realizado a equipo alguno en la historia del fútbol argentino”. Es que el Monumental fue un verdadero volcán en erupción que potenció a los nuestros y achicó a los de ellos. No hubo un solo lugar vacío. En la populares, uno encima del otro y en las plateas fue imposible sentarse, por cada butaca dos hinchas. Los pasillos llenos de personas que estiraron su cuello al máximo para ver, al menos, un sector del campo de juego. En la calle miles de hinchas que se acercaron al estadio confiando que iban a ingresar de alguna manera. Fue una noche de locos y el objetivo de todos era claro: ser campeones de América otra vez.

Jugadores que nos representaron a todos

La multitud ayudó, pero por supuesto que dentro de la cancha hubo un grupo de jugadores que respondieron como corresponde en este tipo de circunstancias. Y no sólo en esa difícil fnal, también en todo el recorrido de una copa memorable. Ese equipo fue un equipazo. Por nombres, por jerarquía, por ídolos, por personalidad y por tantos otros ítems, ese River de 1996 fue una maravilla. Un equipo de época. Difícil de comparar con cualquier otro. Si vas leyendo esta columna y tenes menos de 40 años no sabés lo que te perdiste. Y si tenés mas de 40 entendés como nadie de lo que estamos hablando. Era el River de Enzo Francescoli. El que viajaba a cualquier lugar y generaba respeto. El que bajaba del avión y pisaba suelo extranjero mostrando un desfile de figuras extraordinarias. Casi todos en ese equipo integraron selecciones nacionales de su país. Germán Burgos, Roberto Bonano, Hernán Diaz, Juan Pablo Sorin, Ricardo Altamirano, Gustavo Lombardi, Leo Astrada, Marcelo Escudero, Matías Almeyda, Marcelo Gallardo, Ramón Medina Bello, Ariel Ortega y Hernán Crespo formaron parte de la Argentina. Gabriel Cedres y Enzo Francescoli en la uruguaya, Celso Ayala con la paraguaya. Una galería de figuras indiscutidas para la historia exigente de nuestro club y para ese momento rico en jerarquía que vivía el fútbol argentino.

A ese tremendo plantel lo condujo tácticamente un procer, que todavía no lo era ni sabíamos que lo seria: Ramón Ángel Díiaz. El Pelado regresó de Japón con la idea de jugar 6 meses mas y retirarse con la camiseta que tanto ama. El presidente, Alfredo Davicce, creyó que con sus dos etapas 78-82 y 91-93 ya era suficiente. Le parecía mejor idea cambiar la camiseta numero 9 por el saco de entrenador. Al DT (que aún no era DT recibido) le gustó el desafío y asumió en junio de 1995 para reemplazar a Carlos Babington. El ingles sólo duró un semestre, demostrando la mala decisión dirigencial al interrumpir un periodo de 6 años donde el que se sentaba en el banco, era un ex jugador representativo del club. Tras la salida de Cesar Luis Menotti en 1989 al equipo lo dirigieron Reinaldo Merlo, Daniel Passarella y Américo Gallego. Era la hora de Ramón. Y pensar que casi no llega a esta consagración. Es que el arranque se hizo complicado. Para la Libertadores ’95, le volvió de la Copa América el as de espada lesionado. Francescoli estaba en su mejor momento, pero en la final contra Brasil se sacó el hombro de lugar y no pudo estar en la semifinales contra Nacional de Medellin. La irreparable ausencia del Príncipe, más la actuación sobresaliente de René Higuita le hizo vivir al flamante DT su primer duro golpe. En el campeonato la cosa anduvo mal y por eso apostó todo en la Supercopa. Tampoco pudo ser. Independiente lo sacó del certamen en semifinales y le provocó una nueva frustración. Hasta ahí, 3 torneos sin éxito sobre 3 posibles. Sumado su inexperiencia y algunos errores cometidos lo ponían a Ramon bajo una lupa critica. Empezaba el ’96 condicionado. Tuvo un leve respiro en el verano ganándole el superclásico a Boca. Esa noche volvió Francescoli tras una operación, hizo el gol del triunfo y lo invitó al Pelado a subir al escenario para levantar juntos el trofeo. Sin embargo, ni con ese respaldo mejoró la situación. En el clausura 96 se quedaba lejos de la punta y la Libertadores parecía ser la única salvación. Si la perdía, Ramón estaba afuera. Y para algunos directivos si la ganaba también.

Ramón Díaz celebra junto a su asistente: Omar Labruna. (Foto: Prensa River).

Ramón Díaz celebra junto a su asistente: Omar Labruna. (Foto: Prensa River).

La Copa Libertadores de 1996: así fue la travesía

En ese contexto empezó esa obsesión llamada Libertadores. En el grupo inicial le tocó San Lorenzo, Caracas y Minerven. La Copa, a diferencia de ahora, la jugaban sólo 2 equipos argentinos. El Ciclón por ser el campeón del Clausura 95 y River Plate por ser el campeón del Apertura 94. La duración era semestral y tuvo la particularidad de que viajó a Venezuela para jugar sus 2 partidos en la misma semana. Un triunfo 4 a 1 a Caracas y una agonica victoria 2 a 1 ante Minerven con un gol sobre la hora de Crespo, que en ese momento era suplente, pero que terminaría ganando terreno y siendo decisivo. La revancha en Buenos Aires contra estos equipos también fue con triunfos. Los duelos con San Lorenzo fueron empates. 1 a 1 en el Bajo Flores y 0 a 0 en El Monumental. El equipo no convencía todavía, pero ganaba su grupo y preparaba su siguiente escala: Lima para enfrentar al buen Sporting Cristal.

Los peruanos jugaban bien y tenían interesantes nombres entre los que se destacaban Flavio Maestri, Ñol Solano y Julinho. Nos comimos un baile bárbaro y la sacamos barata. Fue derrota por 2 a 1, pero también fue enseñanza para Ramon. A partir de esa noche iba a dejar de jugar de visitante con Cedrés como volante para que lo haga en su lugar Sorin. Manteniendo el uruguayo como titular sólo de local. A cuidarse fuera de casa para después definirlo en el Monumental. Y en la revancha apareció ese River con espíritu copero que mostraba sus ganas de consagración. Fue un show en el primer tiempo. A los 30′ ya ganaba 4 a 0, con un Ortega brillante y con un golazo de chilena memorable de Crespo, quien ya empezó a ser titular indiscutido. Le costó a Ramon ponerlo. Primero apostó por Gabriel Amato, pero los goles de Hernán y alguna sugerencia dirigencial le torcieron la decisión al DT. Aquella noche finalizó 5 a 2 y ese cuco que asustó en la ida terminó humillado por el poderío millonario.

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Los 4tos de Final volvieron a cruzar a los de Diaz con los de Veira. A Francescoli contra Ruggeri, a Silas contra Ortega, a Galetto y Monserrat contra Astrada y Almeyda. Duelo argentino con aroma a final. Dos partidos desgastantes. Ganó River en el Gasometro 2 a 1. Otro gol de Crespo y uno de Ortega. Ariel en su felicidad por convertir el gol de la victoria, se subió al alambrado y el arbitro le sacó la roja. Fuimos sin el crack a la revancha, pero con un Francescoli sublime. Noche brava. Se puso 1 a 0 con un gol de Crespo, tras una jugada sensacional de Enzo. La clasificación a Semis no parecía correr riesgo hasta que Gallardo cometió una ingenuidad y dejó al equipo con 10 hombres. San Lorenzo se envalentonó y se vino al humo con un enorme Ruggeri como líder. El Cabezón nos metió contra el arco. Apenas lograbamos respirar cuando algún rechazo caía en los pies del Principe y él se la arreglaba para tenerla y aguantarla unos segundos. La llevaba para allá, la traía para aca. No se la podían sacar. Terminó haciendo expulsar a Damian Manusovich cuando el partido era dramático ya que Ruggeri de cabeza había empatado minutos antes y casi convierte el 2do que nos hubiese llevado a los penales. La pelota no entró, rozó el palo de Burgos y River se metió entre los 4 mejores del continente.

El equipo que conquistó la gloria al ganar la Copa Libertadores. (Foto: Archivo).

El equipo que conquistó la gloria al ganar la Copa Libertadores. (Foto: Archivo).

El próximo paso fue la Universidad de Chile de Miguel Russo que tenía como figuras a un tal Marcelo Salas, al talentoso volante argentino Leo Rodriguez y a un delantero que tenia sed de revancha y muchas ganas de hacernos un gol por tantos insultos y silbidos recibidos en su etapa en el club. Era Walter Silvani. El Cuqui fana de River y gran tipo, tuvo sus dificultades para enamorar al publico millonario. Esforzado, sacrificado pero muy errático al definir, provocaron que el hincha le baje el pulgar. En Chile el sistema de Ramon funcionó. Sorin fue el cuarto volante que otorgó equilibrio defensivo y el autor de uno de los goles del empate final 2 a 2. El otro lo había anotado Francescoli con un gran remate desde afuera. La revancha, en el ya imbatible Monumental, fue una guerra. Se mataron a golpes. Los invito a ver el partido completo por Youtube para que vean que no exagero ni una palabra. Ellos salieron a meter pierna fuerte y nosotros respondimos. Le rompen el tabique a Francescoli con un golpe artero en su rostro. Mientras el uruguayo esta caído en el piso sangrando y lleno de dolor, Almeyda peleó y recuperó una pelota en mitad de cancha, encaró decidido para el arco rival, pateó desde afuera del área, la pelota rebotó en un adversario y se metió de emboquillada sin que el arquero Sergio Vargas pueda hacer algo. Fue un gol que desató una explosión en el estadio. River clasificó a la final, pero antes como en todo el recorrido hubo que sufrir. Se quedó otra vez con 10 por la expulsión de Marcelo Escudero, Silvani tiró afuera una situacion clara y Leo Rodriguez tuvo un mano a mano en el último minuto que Burgos logró tapa con su cuerpo. No hubo mas tiempo gracias a Dios. Miramos mas el reloj en los minutos finales que el partido. Fue 1 a 0, pasamos y soñamos en grande.

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Las finales con América de Cali

River volvía a disputar una final de Libertadores después de una década. Por esos días sonaba en todos lados la canción de Los Rodriguez “Diez años después” (si, me acuerdo hasta de eso) y parecía una señal. Para los superticiosos y cabuleros los años terminados en 6 desde que se inventó la Copa eran sinónimo de River finalista. Pasó en el 66 con Peñarol, en el 76 con Cruzeiro y en el 86 con America de Cali. Y si de buscar casualidades se trata el rival en este 96 era justamente el mismo con el que se levantó por primera y única vez la Copa en nuestra historia. No se nos podía escapar. Tenía que ser nuestra. En la ida se perdió 1 a 0, con Burgos vistiéndose de héroe atajando un penal, con un equipo que no jugó bien pero dió la talla en un Pascual Guerrero eufórico. Se sufrió el error del arbitro Oscar Velazquez quien le anulo un gol legitimo a Crespo y ademas nos dejó todo el 2do tiempo con un hombre menos al expulsarlo a Astrada. El resultado no era imposible de revertir. La personalidad y el caracter jugando de local hacia que nos lleváramos por delante a cualquiera. Y así fue. A los 5 minutos ya estabamos 1 a 0. Desborde y asistencia de Ortega, para que Crespo debajo del arco la empuje dejando paralizados a Jorge Bermudez y Oscar Cordoba. A los dos referentes colombianos les pesó el clima de un Monumental caliente. Tanto que el arquero cometió una gran macana, salió lejos del arco a buscar una pelota que el Burrito corrió con alma y vida, se la dejó en los pies de Escudero, quien metió un gran centro para que Crespo de cabeza anote el segundo con el “Patrón” como testigo privilegiado en su intento de evitarlo. Se desató la fiesta en el estadio. La Copa ya era de River y cuando el arbitro pitó el final del partido el grito atragantado durante 10 años se hizo escuchar.

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El equipo de nuestras vidas

El River Campeón de America del 96, es el equipo de mi vida. El de mis superhéroes preferidos. El que me generó mis grandes ídolos. Era un niño de 8 años en 1986 cuando nuestro amado Beto Alonso levantaba la primera. Recuerdo haber estado en la cancha esa noche lluviosa, pero esa Copa le pertenece mas a mi viejo y a mi abuelo que la tenían clavada como un puñal tras esos dos intentos fallidos del 66 y 76. La mía era esta. La del 96. La que me hizo faltar dos días al trabajo para hacer la larga fila sobre Udaondo y asi poder estar cerca de la boletería en el momento que se pongan en venta las entradas. Estuve en la San Martin alta. Aún guardo la entrada rectangular de cartón que tenia dibujado al Monumental con sus ubicaciones y sus sectores bien detallados, al igual que la fecha del partido y el rival al que se enfrentaba. No era época de River ID ni verificación facial. Era todo mas a pulmón. Hasta quizás mas romántico. Por eso ese equipo está en mi corazón para siempre. Porque me dió la primera gran alegría de mi vida, porque tenía al Enzo ganándose un lugar en la bandera de los grandes ídolos de este Club, a Ariel dejándola chiquita y queriendo jugar en River, aún siendo el 10 titular de la Selección y teniendo ofertas millonarias de todos lados. Porque vi al Jefe, a Matías y a Hernan jugar con valentía y dejar el corazón por nuestra camiseta que también era la de ellos. Esa que tenía la publicidad de la cerveza y que hoy es iconica. Como no voy amar a ese equipo si Crespo hacia goles de todos los colores y el Mono los evitaba. Si el Muñeco empezaba a saber lo que pesaba una Libertadores sin imaginar que la mas pesada de la historia la iba a levantar 22 años después. Es el equipo donde Sorin daba sus primeros pasos y el gran Carucha sus últimos. Donde Juan Gomez era clave al lado de ese guerrero llamado Celso Ayala. Mientras Ramón miraba, se reía, chiflaba y disfrutaba desde el banco de su primera gran creación y nos enseñaba a entonar el “oy oy oy” para hazañas futuras. La Copa del 96 es poderosa. Es eterna. Es maravillosa. Por eso este 26 de junio de 2026, alejo cualquier otro recuerdo para valorarlos, emocionarme y darles el lugar que se merecen en la historia. Nos dieron el trofeo que deseábamos y nos llenaron de felicidad. Hoy a 30 años les digo gracias y vuelvo a gritar bien fuerte RIVER CAMPEON DE AMÉRICA 1996.

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