La frase de Ramón -a pura chicana- sintetizó lo que fue el Súper en Mendoza. River volvió a ser superior, pero le faltó convicción para quedarse con la victoria y terminó cayendo ante un rival que solo jugó a los penales. Ahora, a ganarles en Córdoba.

Muy lejos quedó del baile de Mar del Plata, pero aun así, en Mendoza, el equipo de Ramón volvió a ser superior a Boca. Superior porque fue el que generó lo poco que se generó, porque fue el único que intentó ganarlo y porque en ningún momento demostró conformarse con el empate.

Aunque también es cierto que le faltó convicción, que justo en el momento en el que Bianchi cerró a su equipo atrás, en el inicio del segundo tiempo, River desaceleró y desperdició la oportunidad de darle la estocada final a un equipo que volvió a dar lástima.

Es que Boca generó su primera llegada a los 78 minutos de juego… Toda una síntesis de lo que fue el equipo de Bianchi, que se preocupó más por contener a Vangioni y Sánchez, en cuidarse de Mora y en tapar a Mauro Díaz, que en jugar, en salir a buscar el partido y llevar peligro sobre el arco de Barovero. Pero allá ellos y su miedo.

River fue protagonista, generó desde el primer minuto con esa gran asistencia de Ponzio y el remate esquinado de Funes Mori; generó en la mitad del encuentro, con ese cabezazo apenas desviado de Mora, cuando Mauro Díaz entraba por detrás; y generó sobre el final, a través del uruguayo y de Trezeguet, pero se pasaron de largo.

Entonces el equipo de Ramón terminó dirimiendo en los penales un partido que debió y mereció definirlo durante los noventa minutos de juego. No pudo, aunque queda la buena imagen de haber sido otra vez superior a Boca.