(Mendoza – Enviado especial) Un grupo de fanáticos cruza la Cordillera de Los Andes cada vez que River juega en Mendoza. Conocé la historia de la Filial Chile, una movida que crece y tiene como objetivo reflejar todo lo que significa la banda roja.
“Llegamos en un minibus. Es mejor volver de día porque no es fácil bajar por los caracoles”. El Paso Los Libertadores, a pocos kilómetros de la frontera con Argentina, representa un camino tan fascinante como sinuoso y de enorme riesgo durante la noche, por eso Rodrigo Manetti, vicepresidente de la filial trasandina, le explica a La Página Millonaria la razón por la cual él y los demás integrantes decidieron pasar la noche en Life House, un hostel ubicado en el centro mendocino.
Unos 400 kilómetros separan a Mendoza y Santiago de Chile. La distancia es tentadora para dar un paseo, pero la ruta en la Cordillera de Los Andes es complicada porque tiene curvas cerradas y los trámites en las aduanas de cada país consumen no menos de 45 minutos. “Alrededor de siete horas nos demanda el viaje, pero nos gusta y lo disfrutamos”, cuenta Juan Manuel Cornejo (37 años, nacido en Córdoba y radicado en Chile desde 2002), principal responsable y autor de la idea.
La Filial Chile cuenta con 20 socios -es lo que solicita la Comisión de Filiales para el exterior- y se creó oficialmente en febrero de 2009. Sin embargo, las actividades comenzaron mucho antes. “Me metí en los foros de La Página Millonaria y traté de convocar gente. Ahí conocí a Rodrigo. El primer partido que organizamos fue en febrero de 2007, contra Colo Colo (NdeR: River ganó 2-1), cuando ayudamos a unos 250 hinchas que vinieron a Chile”, narra Cornejo, conocido como “Juana”.
Entre los miembros hay una cantidad similar de argentinos y chilenos que se reúnen periódicamente en Santiago. “También viajamos en la primera fecha de un torneo y a los superclásicos en el Monumental y La Bombonera. En ese caso, vamos en avión. Nos cuesta alrededor de $ 2.500 pesos por cabeza, pero vale la pena. El día que llovió en La Boca tuvimos que gastar mucho más por la reventa y Rodrigo se quedó hasta el jueves”.
Cuando River juega en Mendoza por los torneos de verano y ante Godoy Cruz, la bandera de la filial (constituida por cinco partes) siempre se encuentra colgada en uno de los alambrados. “El primer partido que tuvimos desde que somos una filial fue contra Racing (NdeR: 1-1, el 18 de enero), en el 2009, aunque las actas se firmaron unas semanas después. Además, tenemos unos bombos”, agrega “Juana”, quien viajaba desde el barrio Alberdi hasta Buenos Aires para alentar al equipo.
Distinta es la historia de Rodrigo. Nació en Roma, Italia, y cuando tenía cinco años llegó a la Argentina. Desde el 2001 vive en Chile, pero de vez en cuando pisa Capital Federal para visitar a su familia y visitar el Monumental. Con tan sólo 23 años, es uno de los encargados de ayudar a “Juana”. Fue el principal puente para contarle la historia a este sitio y producir la nota, unas horas antes del Superclásico jugado anoche.
¿Una anécdota? “En junio de 2009, cuando perdimos 1-0 con Godoy Cruz, nos quedamos varados con el auto por una tormenta de nieve. El túnel Cristo Redentor estaba cerrado y esperamos para cruzarlo. Recién lo abrieron el domingo a las siete de la mañana. Nos pidieron que pusiéramos cadenas en las ruedas, pero no teníamos y subimos los caracoles derrapando. Entramos a la cancha en el segundo tiempo y pasamos con una botella de fernet como premio por lo que sufrimos”, relatan, a la par.
Unos meses antes habían hecho una movida clave, con motivo del partido entre Chile y Argentina, por las Eliminatorias. Fue el 15 de octubre de 2008, cuando “La Roja” se impuso 1-0. “Repartimos volantes y difundimos la idea entre los argentinos para ver si había hinchas de River”, agrega Cornejo. Esta vez trajeron personas que nunca había visto un Superclásico. Quizás no observaron un gran encuentro, pero se dieron el gusto de conocer una pasión que excede límites geográficos y caminos sinuosos.
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