Aún con Mora y Teo en cancha, River volvió a carecer de ideas y poder ofensivo, y perdió ante un Colón que llegó regalado al Monumental. Pese a que tuvo el control de la pelota, dos errores defensivos dejaron al equipo de Ramón sin posibilidad de reacción y con apenas 4 puntos de 12 en juego.
Nadie esperaba que el domingo terminara como terminó. Que aquella tarde que había comenzado con la fiesta-lanzamiento del nuevo manto sagrado y la gran expectativa por el debut de Teo, finalizaría con la preocupación generalizada de no saber a qué juega este River de Ramón.
Está claro que apenas se disputaron cuatro fechas y que esta fue la primera en la que el Pelado pudo probar a su once casi ideal. Con lo que es normal que pueda haber desajustes y mucho por mejorar, pero lo que preocupa va mucho más allá y es la falta de identidad.
Con nombres más o nombres menos, River profundiza partido a partido aquellas falencias que lo aquejaron durante el semestre pasado: la falta de juego y de poderío ofensivo. Los delanteros siguen pagando la ausencia de un enganche, de un conductor, de un tipo que marque el rumbo y les entregue una pelota limpia.
Anoche, ante Colón, Teo y Mora (como Gio y Andrada antes) quedaron aislados entre la defensa rival. Para conectarse con el equipo, debieron salir del área y perder de vista al arco. Un poco porque Lanzini no siente ese rol y porque tuvo un partido muy por debajo de su nivel, y otro poco porque el resto de los jugadores ofensivos en los que apuesta Ramón no terminan de convertirse en tales.
Por derecha, Carbonero, que tiene la misión de desbordar, no tiró un centro en toda la tarde. Dubitativo, enganchó mil y un veces y perdió todas por querer encarar hacia adentro. Lo mismo que Ponzio, que no termina de amoldarse al lateral y, cada vez que pisó el mediocampo, optó por mandarse hacia el centro. De encontrarse entre ellos o desbordar, ni hablar.
Mientras que por izquierda, con Rojas obligado a colaborar con un Lobo Ledesma cada vez más fundamental, la única alternativa clara de ataque termina recayendo en Vangioni, un todoterreno. Pero por más que lo intente incansablemente, el ex-Newell’s no puede solucionar todas las falencias en ataque cuando además tiene el deber de ayudar atrás.
De ahí entonces que River haya tenido la pelota durante 50 minutos del partido y haya ocasionado apenas dos jugadas de gol: la de Mora, a los 23 del primer tiempo, y la de Vangioni, a los 2 del complemento. Encima, para colmo de males, la defensa -que venía firme y había hecho un buen primer tiempo, principalmente por la actuación de Balanta- tuvo dos errores fatales y La Banda terminó encumbrando su segunda derrota en el campeonato.