Lo tenía todo: ganaba por dos de diferencia, era amplio dominador y quebraba la racha sin victorias en el Monumental ante un rival muy duro. Pero dos horrores defensivos lo terminaron dejando con casi nada.

A veces da la sensación de que River gana, empata y pierde cuando quiere. Así como se puede llevar por encima a un rival, también es capaz de convertirse en su peor enemigo. Su irregularidad, inmadurez e ingenuidad pueden borrar en un suspiro aquello que le costó todo un partido construir.

Lo demostró en Victoria hace tres semanas atrás, contra Tigre, cuando tuvo un primer tiempo brillante, pero un error grosero de Barovero lo llevó a ganar con lo justo. Incluso, rogando que Laverni no cobrara un penal más que claro a Galmarini.

Y lo ratificó anoche contra Newell’s: arrancó el partido desconcertado, perdido en el medio y endeble defensa. Tan endeble que, en 11 minutos, los rosarinos generaron dos jugadas y una de ellas terminó en gol. Pero después, a partir de los 17, River reaccionó, tuvo la ambición de ganar y lo fue a buscar.

Sánchez y Rojas ajustaron las marcas en el medio, Ponzio hizo pie, y Rogelio y Mora pincharon por afuera. Solo con eso bastó para que la pelota empezara a circular en campo rival y bajo dominio absoluto de La Banda. Y así, los goles no tardaron en llegar. En apenas 5 minutos, River dio vuelta el marcador y puso a la Lepra al borde del knock out.

Fue tanto lo que generó mientras estuvo concentrado en ganar, que el 3-1 fue solo cuestión de tiempo. Pero al final llegó ese error insólito de Sánchez y el equipo sufrió un golpe del que jamás se pudo despertar. Recién ahí, solo cuando dejó de pensar, se le escapó el partido y la chance de volver a ganar en casa para ponerse a dos puntos de Boca. Una lástima.

Reviví los goles del tridente en el Monumental

Así quedó River en la tabla de posiciones

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