Los hinchas de River volvieron a desatar una fiesta increíble fuera de Núñez. Esta vez fue en Avellaneda, en donde más de 4 mil hinchas coparon el Cilindro para volver a disfrutar de una paternidad tan antigua como eterna.

Desde bien temprano, las calles aledañas a Alsina y Colón se tiñeron de rojo y blanco. No hubo lluvia que las destiñera, ni siquiera que las despintara. Es que pese a las polémicas ventas de entradas, la gente de River volvió a decir presente para acompañar a La Banda. Y ahí se mantuvieron estoicos, firmes junto a la camiseta, para demostrarle a “la gilada, lo que es River en las malas”.

Con bombos, banderas y bengalas, La Banda copó un Cilindro que cada vez le depara a la parcialidad visitante un espacio más reducido. Como si en La Academia tuvieran temor a que le copen la cancha. Vamos, Racing, ¿acaso la cercanía con el Rojo te contagia?

De todas formas, no hubo amargura local, tejido ni vallas que pudieran contener la fiesta que armó la gente de River en la popular visitante. Cómo será, que el “hijos nuestros” tronó con fuerza por toda Avellaneda. Es que sólo con 4 mil hinchas en la cancha, la parcialidad riverplatense se hizo sentir con tanta fuerza como si el clásico se jugara en el Monumental.

“Yo paro en una banda, que es la más loca de todas…”, se jactaron ellos, ante la perplejidad de todo Racing, que imploraba por la aparición salvadora del rehabilitado Gutiérrez. Pero no pudo ser y la fiesta fue toda de La Banda. Adentro y, en especial, afuera de la cancha.

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