A raíz de una de las últimas entregas de ¿Qué es de la vida de…?, te acercamos este maravilloso poema inspirado en Nelson Cuevas.
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La leyenda de Pipino
Pipino convierte en sueño su gol soñado y repetido,
hace que su sueño se duplique o triplique,
porque Pipino abre la cancha hacia los bordes de la sinrazón.
Se extiende por el litoral del tiempo lógico,
aparece como un relámpago en la selva cerrada. Imprime su eléctrica inconciencia
y le da luz a la tarde cuando el partido ya se parte y se viene la noche.
Pipino, demonio del descuento, leyenda del instante final.
Si lo sabrá Boca, si lo sabrá Racing. Atesora Cuevas, la agonía y la alegría en su carrera desbocada. Pipino es un cuento de Horacio Quioroga.
Corre Cuevas, de orejitas paradas, inalcanzable, imprevisible, como el ciervo de los esteros. Corre con su loca cabeza gacha, se hace torpe como el oso hormiguero y se
se gana el reproche.
Vuela y frena, como la cigüeña, indescifrable y colorido como el tucán. Sigue, enseguida, serpentea a la deriva, como la yarará preparando el veneno fatal.
Pipino de la camisa espuma blanca del Paraná y la greda colorada de Asunción.
Héroe albirrojo, talismán de Núñez. Del guardametas, zarpazo asesino del jaguar,
De su madre, malcriado carayá. De la rebeldía, maldito caraú.
Guaraní del mito obediente desafiado.
Pipino coraje, Pipino de los cielos y del milagro.
Del arpa, guaraña de la felicidad millonaria.
De sus goles, determinantes, soñados, retumban como el trueno.
Del pueblo de River, la gratitud y el ejercicio del alarido final. Pipino siempre esconde un sapucay. Pipino leyenda.