En el instante final, en ese instante infinito que siempre tiene el fútbol. Anoche en el Bosque platense resucitó River. Ya cuando las sombras de la derrota parecían inexorables, siguió creyendo y apareció Dios para impartir justicia. Apareció la luz y el gol por el que tanto luchó Canales. Funes Mori se iluminó y en vez de buscar su conquista se la sirvió al patagónico. Esta vez tuvo la serenidad que tanto se le reclamó ante Colón. Fue faro en un área atiborrada de defensores. Fue la máxima expresión de la potencia lunar cuando la noche languidecía. Definió con justeza frente a un Sessa que parecía imbatible. Antes, especialmente en la primera etapa, el equipo volvió a evidenciar sus claroscuros.
River se trajo un empate con sabor a triunfo por no darse por vencido nunca, por los cambios ofensivos y porque en el trámite terminó justificándolo. Metió al Lobo contra los palos todo el segundo tiempo, conciente que una derrota más dejaba lo dejaba tambaleando, de cara a la seguidilla de clásicos que se vienen.
LA NOCHE: jugó una primera etapa para el olvido en la que, ¡oh casualidad! otra vez arrancó perdiendo, aunque esta vez desde el vestuario. No tuvo la rebeldía suficiente para volcar el desarrollo del juego. Le faltó osadía y desestructuración frente a lo preestablecido. No fue un equipo largo como otras veces, pero el arco rival le quedó muy lejos. Tuvo su primera llegada a los 32 minutos mediante un buen remate de media distancia de Ahumada y luego un cabezazo de Canales, que fue rechazado sobre la línea.
El equipo pareció demasiado preocupado en mantener el orden, sin desprotegerse tanto.
Algo que River venía pagando caro. Así y todo el morenito colombiano que se eleva bien y es muy rápido terminó demostrando que le faltan cinco para el peso. Gimnasia tuvo en sus pies dos contras mortales que gracias a las dudas de Pérez impidieron que Stracqualurci estirara la ventaja. River volvió a su esquema clásico. Cuatro en el fondo, dos volantes por afuera, uno de contención y un enganche. Arriba, dos puntas.
Analicemos el medio porque allí estuvo la clave del partido. Barrado y Abelairas, ayer titulares, la semana anterior no estuvieron ni en el banco. No se entiende este movimiento de jugadores del Jefe. Si responde a decisiones tácticas, físicas o a la propia incertidumbre que implica no encontrar el equipo base. A mi gusto, en la menesterosa necesidad que se mueve, Abelairas, es quien mejor le rinde asociándose con Díaz por la izquierda. De mitad para arriba faltó talento, ya que Rojas no termina de hacer se eje de la creación y Barrado no tiene condiciones de conductor.
EL DIA: con Gallardo en cancha, en la segunda mitad se vio otro River. Astrada no titubeó en mandar toda la carne al asador. Cambió barullo por pausa y talento, con la entrada del Muñeco. Y luego, con Funes Mori por Villagra, cantó quiero vale cuatro con dos negras. Se tiró a la pileta nadando patito, pero era lo que correspondía. Aunque se expuso a que lo maten por ese flanco ya que Rojas no marca. Le pusieron a Cuevas y enseguida reforzó con Affranchino. Estuvo inteligente. River fue y fue hasta que tuvo su premio. Gallardo demostró que sigue siendo importante para este plantel y que puede ser que esté más para los segundos tiempos que para todo el partido.
Se sabe que junio es un mes clave para la mayoría de los integrantes de este plantel y el cuerpo técnico. Se sabe que toda la semana hubo un “run run” de Ramón. Todo esto no es desconocido para nadie y que todos además de jugar están rindiendo examen.
LUCES Y SOMBRAS: A) Mucho más no tiene. B) Villalva todavía no es Buonanotte. C) Se afirman Alexis Ferrero y Canales. D) Tiene que encontrar la columna vertebral E) la rebeldía no es sinónimo de desorden. En River se está obligado a ir a al frente. D) Un empate sin próceres pero con coraje, a veces, tiene connotaciones heroicas.
Este River, hijo de la luz y de las sombras, todavía está vivo. Se salvó del terremoto- solidaridad con nuestros hermanos chilenos- porque supo y quiso cambiar. Buscó la claridad entre las tinieblas de una oscuridad que nos iba enmudeciendo y terminó a puro grito de gol.