Ni guerra de egos ni privilegios por portación de apellido. En San Juan se vivió un clima de mucha paz y buena onda entre jugadores que fueron, en menor o mayor medida, muy importantes para que River lograra ser lo que es hoy: el más grande.
El merecido partido homenaje a Ariel Ortega sirvió para, además de devolverle al Burrito algo de lo mucho que le dio al Millonario y al fútbol argentino, desmentir un rumor que daba vueltas por el Mundo River.
¿Cuántas veces se dijo que Cavenaghi y el Chori no se la pasan a Trezeguet? Esa frase se repitió hasta el hartazgo en el último semestre, a tal punto que muchos la consideraron cierta. Que por una cuestión de ego, celos o vaya uno a saber qué, tanto el Torito como el Chori casi preferían que River perdiera antes que darle la pelota al goleador francés, porque -supuestamente- “las figuras no podían convivir”.
Pero en San Juan todo se dio vuelta. ¿Por qué? Porque hubo algunos jugadores de la talla de Enzo Francefscoli y Ariel Ortega, cracks adorados si los hay, que demostraron que mantienen la amistad aún con el paso del tiempo.
Encima, después del partido, el Chori subió a su cuenta de Twitter (@Chori1708) una foto en la que está abrazado con Enzo, el Burrito y Cavenaghi, en un gesto que sólo puede entenderse de una manera: los ídolos sí pueden convivir y llevarse bien.
Así, como se ve en la foto que subió Domínguez, tiene que estar River. Unido, con una sonrisa por haber vuelto a Primera, y no con acusaciones constantes desde todos los ámbitos. Ojalá lo entiendan aquellos que dirigen al club y deben dar el ejemplo.