A este señor de cara angulada y bigote frondoso, de puteada fácil como de verbo encendido, se lo ve ilusionado. Las luces del Monumental lo esperan esta noche para iluminar la velada en la que dará el puntapié inicial a un sueño. Darle vida a un proyecto que conecte a River con su identidad extraviada. Aquélla de Peucelle, de Pedernera, de La Máquina, de Renato, de Angelito, de Didí, de Ramón Díaz.

No es una noche más. Es también la noche del regreso de Buonanotte, una esperada vuelta y una sincronía que genera felicidad y despierta más que mesuradas fantasías.
Es que ese señor tiene las ideas demasiado claras y transparentes para la lógica del fútbol cientista, apéndice de las ciencias exactas. Cappa no habla de tiki, habla de toque y de engaño, de mucha técnica individual al servicio del equipo.

No comulga con las extravagancias que confunden al jugador. Descree de los fundamentalistas de las tácticas, los sabihondos y suicidas que creen poder controlar lo imprevisible del fútbol. No le gusta el doble cinco ni las flechitas que van y vienen en las pizarras. Prefiere el mate al té de las cinco. Detesta ser más inglés que los ingleses e implora para que el futbolista argentino confíe en su juego y no adopte imposturas culturales. Cree en la rebeldía y la libertad del jugador. Apuesta a su creatividad y como técnico en darle un encuadre básico a la impronta que se trae del potrero.

La pausa para ser más rápido, amagar una cosa y hacer otra, ser solidarios en ataque como en defensa, tener movilidad y dos o tres opciones de pase en cualquier lugar de la cancha. Todo lo que más temen los europeos de los sudamericanos, esa magia que suele ser avasallada por tanto discurso posibilista, pragmático y resultadista. Este señor cuyo nombre tiene alas y su apellido vuelo merece ser apoyado. Suele ignorarse que se sentó junto a Menotti en el banco del Barcelona de Maradona y Schuster y en el del Madrid de Valdano, Redondo y Zamorano.

La experiencia de su paso por el hemisferio norte le ha aportado una mirada sobre el juego que le permite valorizar lo telúrico. Va a las raíces de lo que somos por estar donde estamos en el planeta. Si los vientos y las aguas circulan en sentido inverso en uno y otro hemisferio es razonable pensar que las energías no funcionen de igual forma en un lugar que otro. De ahí que confiar en el estilo y la identidad rioplatense tiene absoluta coherencia pero a la vez genera oleadas de detractores que identificados con la globalidad del fútbol confunden el arte con la economía.

Ese hombre que suele vestirse de gris es temido por su sabiduría de hombre intuitivito que remite a las esencias. Le sobra intelectualidad y, paradójicamente, se sabe que desde allí lo atacarán si rápidamente no rinde cuentas de partidos y campeonatos ganados. Ese es el desafío que esta noche deberá asumir. Más temprano que tarde sus conceptos serán etiquetados groseramente como vanas abstracciones y serán devorados por la elipsis y la simplificación del periodismo mediático. Passarella lo eligió para nadar contra la corriente derrotista porque conoce la ilusión y las esperanzas que esta nominación le generan.

Cappa sabe que el motor del cambio está en la ecuación creer-crear. Que ha llegado al club donde al Beto se le pedía que “humille”. Que haga goles, dé vueltas olímpicas pero fundamentalmente que no deje de tirar tacos y caños. Para ganar hay que estar convencido de que la creación nos acerca al triunfo inexorablemente. Y el lo está.
A Cappa y espada defenderá su sueño, le pondrá emoción y lo lanzará al verde césped como sentimiento: River debe recuperar su identidad. Peucelle, Labruna, Ramón. Es la única posibilidad de modificar esta aplastante realidad perdedora en sed ganadora.
Don Angel, la mesa está servida. Adelante.

Imagen: La Página Millonaria.