Y un día el Negro Cáceres se palpó las piernas y sintió que le pedían ponerse de pie. Su media lengua, trabada como la de un bebé, comenzó a desperezarse y demostró sus ganas de hablar. Su memoria no le permite aún recordar lo que pasó aquella noche. Quizá lo esté preservando. Meterse a querer entender lo inexplicable, ahora, podría resetear el dolor antes que la gratitud de haber vuelto a nacer.

Apenas pasaron dos meses de que clínicamente se dijera: “Sólo un milagro lo puede salvar”. Y ayer, Fernando, aferrado a ese manantial vital que es la fe, ésa que proviene de lo más hondo y lo más íntimo de cada ser, escuchó nítidamente su voz interior: ¡levántate y anda!, le dijo.

Y el Negro caminó. Y habló con la prensa española, desde el Sanatorio Fleni, donde realiza su rehabilitación. Se lo escuchó con una lucidez y una locuacidad sorprendente. Habló de sus emociones, de cuánto lo ayudaron todos esos tributos a su recuperación dispensados a lo largo de todas las canchas de la Argentina. Habló de “pruebas” que nos pone la vida, pero que todas enseñan. Porque nos ponen al límite. Y aun cuando parecen insuperables hasta por la ciencia, hay algo tan misterioso como maravilloso que nos ayuda a ponernos de pie, a comenzar de nuevo.

Creí entenderle que hablaba del instinto de seguir el camino contra viento y marea, de que formar parte del universo es un privilegio único e irrepetible y una lucha que no se debe abandonar hasta el último instante. Se dio el lujo de escribirle a Cabañas, el tremendo delantero paraguayo, que está atravesando una situación parecida, de diagnóstico incierto.

Llamó la atención la velocidad con que reaccionó ante el dolor del colega. Evidentemente, el Negro es un tipo dotado de una sensibilidad fuera de lo común. La misma sensibilidad que evidenciaba en la cancha. Dúctil, cabeza levantada, buen pie, defensor enamorado de irse al ataque. Passarella lo conoce mejor que nadie.

Con él, nunca más cierto aquel adagio futbolístico: “Se juega como se vive”. El Negro puede. El negro encontró la fórmula. Los problemas son más lo que uno piensa de ellos, que lo que son en realidad. Cáceres un espejo para mirarse todas las mañanas. Un tipo de fe inclaudicable, que el domingo estará firme viendo a River por TV, en su debut contra Banfield. Demás esta decir, que lo esperamos pronto por el Monumental. ¡Qué alegría, Negro, verte bien!