El francés, en Núñez, es sinónimo de alegría. Como tantas otras veces desde que volvió, el ex-Juventus fue la gran figura del Millonario en la trabajada victoria contra los jujeños.
Puede pasar media hora sin tocarla, pero si tiene una, la mete. Los grandes goleadores son así y David Trezeguet es uno de ellos.
River pecó nuevamente por repetitivo y no podía quebrar a los jujeños, hasta que se acordó que no tiene un as en la manga, sino un Rey. Su salto a lo Michael Jordan, para elevarse por encima de cuanto rival se le cruce, es digno de admiración. Su capacidad para abrir un partido totalmente cerrado lo hace imprescindible en los partidos que quedan.
Lo más curioso es que no hizo únicamente el gol. Sus cambios de frente asombran por la claridad que tiene, pero además tiene algo que parece muy simple, pero que pocos delanteros hacen: recibe la pelota y, a un toque, descarga y va a buscar. Nada de “engolosinarse” ni intentar tirar caños, lo suyo es trabajo colectivo.
Los hinchas están enamorados de él, así como él está enamorado de River. Por ahora, a los golpazos, el equipo sigue adelante. Puede tener caídas, bajos rendimientos y pocas ideas, pero tiene un Rey bajo la manga.