Inexplicable es ilusionarse con ganar en la Bombonera con un equipo abúlico como el que River presentó ayer. Inexplicable es no salir a buscar el triunfo y permitir que Boca haya sido protagonista cuando se lo propuso. Defeccionar en la actitud. Inexplicable, entonces que Gallardo con todas las batallas que tiene encima haya sido el único que le mostró los dientes al mala leche del Gary Medel bravucón.
Inexplicable es subestimar a este Boca. Inexplicable también era sobreestimarlo. Inexplicable es no darse cuenta que individualmente Boca tiene jugadores de mayor jerarquía. Inexplicable es no jugar con un punta por afuera sabiendo que Muñoz es central. Y mucho más aún no tener en cuenta que Monzón es un clásico lateral volante que ataca mejor que lo que defiende. Pero mucho más inexplicable, es que a pesar de la diferencia técnica de las individualidades, un planteo más audaz hubiera hecho temblar a este Boca golpeado.
Por eso, resulta inexplicable que no haya jugado Villalba, que Mauro Díaz no estuviera ni en el banco, que se haya recurrido al doble cinco de marca que no marca ni juega. Tan inexplicable como que Astrada no haya los cambios al final de la primera etapa. Ahora… resulta explicable que Boca tenga culo. Que Ahumada cometa la falta que devino en el primer gol de ellos. Que este muchacho pierda cuatro de cada cinco pelotas que pasan por sus pies. Que Maidana no cobre el off side de Medel en el primer gol, ni en la chilena posterior de Palermo. Que Baldassi no tenga huevos para echar al chileno cuando se trepó al alambrado. Que Boca haya salido a pegar impunemente. Que antes de los 10 minutos, Gimenez lo haya matado a Almeyda y Medel a Canales, y luego el árbitro en declaraciones públicas haya hablado del gran comportamiento de los jugadores.
Que Muñoz sea un asesino en potencia que va terminar mal, ya que va con plancha a todas las divididas. Que el árbitro mundialista se haya olvidado el aerosol y no le cuente los pasos a Gallardo pero sí a Riquelme. Que en ese tiro libre no haya amonestado por mano intencional. Que Funes Mori no tenga ni un 10 por ciento de la capacidad goleadora del Pipita Higuaín (sino estábamos hablando de otro partido). Que River haya sido un boxeador que no sacó las manos y cuando las pudo sacar sea con balas de salva. Que Riquelme sin brillar haya sido otra vez figura, porque nadie le hizo sombra ni lo anticipó. Que en River nadie se haya salvado del naufragio y otra vez estén todos para el diván. En particular el técnico.
Nada de esto sirve de excusa. River no fue a La Boca. O si fue, fue algo que no tuvo explicación. Como los gritos del “ortiva oficial y localista” de Araujo cuando lo vió a Diego en el Palco. “Hola bebé, ¿viniste?”, gritaba histéricamente. O como cuando se enredaron con el senil J.R afirmando primero que Medel estaba habilitado, cosa que luego desmintieron viendo la repetición y finalmente volvieron a oscurecer. Fue antológico: “La posición se toma a partir de la parte del cuerpo con la que se juega el balón”, decía J.R. “Claro, los pies”, contestaba Marcelito. ¿O sea que con el pecho, la cabeza, el ombligo, etc. no se marcan goles?
Todo se sumó a la confusión generalizada. Como el juego de los mayordomos y las mucamas que retrasaron el inicio más de quince minutos, limpiando esos papelitos de cotillón que solo en La Boca vuelan de abajo para arriba. Como la denunciada estafa a quienes no pudieron cambiar sus entradas: ¿Quién maneja la reventa, el gran bonete? Se sabe que nada de lo que ocurre en La Boca resulta verosímil y honesto. Estaba decretado.
Nuestra pasión tampoco tiene explicación. Por eso el lunes contra el Bicho vamos a estar más presentes que nunca. No somos de abandonar, ni llevar trapos luctuosos. Aunque hoy necesite explicar esta bronca, esta rabia, esta frustración y continúe buscando palabras inútilmente para conjurar la angustia, perder con Boca de esta manera, nos pone locos…¡Y a mí, a mí vuelve loco ser de River Plate! Imposible explicar lo inexplicable.
Foto: Fotobaires.