No se trata de esquivarle el bulto a la sobredimensionada polémica acerca de Ortega sí/Ortega no. Si Funes Mori está un poquito inflado o si Villalva por un partido deja de ser la promesa de la que el país futbolero hablaba hasta hace 48 horas. Se trata de intentar bajar un cambio y pensar que fundamentalmente River no supo cómo solucionar el problema que tantas veces se le presentó a Bielsa, como técnico de la Selección. ¿Qué hacer frente a un equipo que te espera como lo hace Banfield? Una estructura planteada con doble línea de cuatro, áspera, sólida físicamente, que no regaló un centímetro de terreno en la marca y fue ágil en el contragolpe.

Eso fue lo que pensó Falcioni, y lo supo llevar a la práctica. River no supo cómo resolver el dilema. Primer interrogante. ¿Por dónde empezamos vestirnos? ¿Por el saco y la corbata o por las medias y los calzoncillos? Por lo planificado por Astrada o por las individualidades. Durante los clásicos de verano, River se encontró con un Boca que salió a pelearle de igual. No fue el caso, ni serán muchos de los partidos que River deba jugar de local.

¿Qué hacer frente a la falta de espacios? Pocos técnicos sobreviven a esta prueba. Lo aconsejable –premisa fundamental – tener paciencia. Ojo, sin caer en el aburrimiento, ni esperar que el partido se escape, porque a medida de que transcurren los minutos cada vez más favorables se pone el trámite para el rival. Tanta parsimonia, hubo el domingo que no sólo se demoraron los cambios, se escuchaban hasta los celulares en la tribuna.

Además de la comparsa de Gualeguaychú que trajo el equipo del sur, con esas trompetas fastidiosas. De allí que lo grave no está n el fracaso de las individualidades, sino en la falta de un plan “B”, tal el caso del ex entrenador argentino en el Mundial de Corea-Japón del 2002 que es más viejo que las hortalizas. Una vieja idea. Elegir las piezas que mejor se adapten a un esquema de circulación y tenencia del balón, jugando a dos toques como máximo y esperando que el rival se impaciente y salga. Abrir la cancha. Acertar con los más dotados para hacerlo es aceptar las decisiones del cuerpo técnico. En River, hoy por hoy, no juega Messi. No hay intocables. Por ejemplo no poner a Bou de entrada, pudo haber sido un error.

Es un chico que rompe individualmente en el mano a mano y es rápido para sacar el centro. Después, es cierto que la pausa de Ortega por momentos se tornó burocrática. Especialmente cuando nadie se muestra por afuera, aunque el Burrito se excedió en la gambeta y más de una vez pasaba Abelairas tocando bocina por su izquierda y la bola nunca le llegó. No es hora de buscar chivos expiatorios. Porque el equipo todavía está en formación.

Y éste fue un partido que les quedó grande a muchos. Funes Mori demostró falta de control de pelota y hasta el gran Pelado (por primera vez) sucumbió en el zapateo del medio, en más de una oportunidad. Lo mismo que Quiroga de un aceptable primer tiempo y otro de terror en el segundo.
Que sirva de experiencia y vivan los comentarios que llegan. Por ejemplo uno que habla sobre Rojas y le pide que no baje tanto. Si allí está Ferrari, más volante que defensor.

Equipo durísimo nos tocó en el debut. Ojo, a no dormirse, que no nos sobra nada y las ilusiones hay que alimentarlas con autocríticas y recuperación inmediata. “Que nadie se rinda, que nadie ceda. Que aún estamos a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo. Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, y se escape el viento y el sol se esconda”. (Mario Benedetti).

Imagen: La Página Millonaria.