Este músico argentino, fanático de River a más no poder y que acaba de sacar un nuevo disco, cuenta cómo vive su amor por La Banda a la distancia, anécdotas, la influencia del equipo en sus canciones y los diversos estilos que abarca, como la murga, el tango y el rock. Con infinidades de historias vividas junto al Millonario, está a punto de sacar un libro con relatos de fútbol. “Yo vivo, sufro y gozo por River. Es mi sangre y una seña de identidad”, se enorgullece.

¿Cómo es para vos estar lejos de River? ¿Cómo lo seguís a la distancia?

Estoy pendiente de River a tope. Me suelo quedar hasta la madrugada cuando estoy en España y lo veo por un programa de Internet que me bajé. A veces mando mensajes de texto a algún amigo o hermano que sé que están en la cancha. También escucho por radio en la semana los de deporte o leo La Página Millonaria y hasta busco amigos en las fotos. Me ha pasado en un clásico estar de gira en París y salir a los pedos a un cyber para seguirlo antes de cantar. Suelo llevar presentes o camisetas, que cuando tengo onda o me dicen que les gusta River, se las regalo. Una vez, en Calabria, fui a conocer el pueblito de mi origen paterno y por supuesto viajé con la camiseta. Al bajar en la plaza central a hacerme unas fotos pasó un muchacho en bicicleta y al verme gritó “¡River pley!”. Paró y nos invitó a su casa, que estaban de fiesta porque recién llegaban sus primos de la Argentina, que hacía muchos años habían emigrado. Mi mujer no entendía nada, eran todos de River y un poco así entendió varias cosas de esto de la sangre que uno lleva y sobre todo de lo que significa ser Martorelli (mi verdadero apellido) y ser de River.

¿En qué te inspirás para componer canciones relacionadas con River?

En general la temática viene sola, por ejemplo cuando escribí “Al olor del hogar”, escribí sobre mi infancia y, entonces ¿como no iba a salir River? Tomé la teta en el Monumental, me fui a probar y no quedé, con toda la bronca y la amargura mía y de mi viejo, me hice de la barra, hice tantos cantitos colgado en los fierros, mi viejo está entreverado para siempre en la línea del medio (único gran acto del ex presidente, que cuando era Secretario del club nos permitió hacerlo en una íntima ceremonia familiar). En este disco nuevo hay un tema que se llama “Vida de turro”, inspirado en viejos amigos, todos de River, personajes que dejaron una gran marca en mi vida, unidos por la noche, la camiseta y el amor por la murga. Cuando compuse la del Enzo, la había hecho por su magia, hasta que la tuve que grabar por presión de la gente que la escuchó por radio la final del glorioso 96 en la audición partidaria. Y después Víctor Hugo se enamoró de ella, siempre salen así. Nunca me movió ninguna especulación ni nada por el estilo. Yo vivo, sufro, gozo por River, nunca podría vivir de él. Es mi sangre y una seña de identidad.

¿Cómo hacés para conjugar el fútbol con los estilos de música?

El fútbol está presente como la murga, el tango o el rocanrol. Comparten ADN en mi estilo de vida. Cuando bauticé aquella banda “Houseman René Band”, jodí con lo anglófilo que sonaba y lo criollo que era en realidad. Yo me juntaba a jugar todas las semanas en Excursionistas con amigos y entre ellos el Loco, un genio el Hueso, a él le encantó. Pude haber llegado a Primera, jugué en los Cebollitas de Argentinos tres años, pasé por Chacarita y cuando llegaba a la Tercera en Excursio me llamaron de Platense y fue cuando me entrenaba ya con ellos, que no me daban el pase en el Bajo por una bronca, así un año sin poder jugar y largué, vicios y otras yerbas mediante. Calavera no chilla.

Contanos alguna anécdota de tribuna o en la cancha.

¿Sabés todas las que podría largar? Estoy preparando una novela y además pronto me publican un libro de relatos sobre fútbol, que por supuesto contienen mucho River. Estar en la previa de un clásico en La Boca en un barcito en Pedro de Mendoza, estaba justamente con mi amigo y socio de Bersuit, Juan Subirá, chupando algo, rodeado de la monada. No eran de la barra. Yo conocía a los pibes dueños del bar, amigos de amigos que viven en el barrio, buena gente. De repente alguno de los pibes les descubre un vaso con un escudo de Boca o algo así que éstos no tuvieron el tino de encanutar, para qué… Empezaron los vasos rotos, las botellas, los del bar estaban que se morían del cagazo y de imaginarse lo que se venía, hasta que salté, me mandé una arenga, había varios que sabían quién era yo y paré la cabron. Todavía me están poniendo velas, deben haber sacado el escudito bosta y pusieron mi foto.

Otra que puedo contar es alguna de las que hacía mi viejo con nosotros para entrar sin garpar. Mi viejo era tan o más fanático que yo. Cambiaba la fecha en los documentos de nosotros cuando éramos pibes, a mi hermano menor, Jorge, un día lo hizo caminar rengueando y haciendo convulsiones. Hoy que suelo de local ir a la platea, tengo un gran amigo reportero gráfico que me busca y con la cámara posta me hace una foto y me escracha sin drama, antes eran las de la Federal. En el año 74 yo ya me escapaba del lado de mi viejo y me iba para la barra. Una tarde jugábamos contra ellos en el Monumental, el partido salió 1-1, gol de Mastrángelo y de Potente. Cuando la vieja cabina dividía a la gente común de la barra. Entraron los pibes con una bocha de bombos y trapos (yo ayudaba a colgarlos), era una locura de banda y de ritmo pero la yuta tenía orden de no dejar entrar nada y se armó el candombe. Cobraron como pocas veces se vio en una cancha, en el entretiempo, un oficial llorando volvió a pedir que le devuelvan la gorra y el machete, imaginate. Lo que recuerdo fue una cosa increíble de esa tarde. Ellos desde la tribuna gritando ¡y pegue River pegue!

¿Por qué rechazaste dar una entrevista a la gente de Boca?

Ojo que me parecieron muy correctos y amables los pibes, antes que nada. No podía darles a ellos antes que a ustedes, por ética riverplatense. Soy militante acérrimo del “no existís”. Esta es una sociedad desparecedora y cualquier cosa que lleve a la negación del otro me repugna. Todos tenemos un lugar, más allá de las chicanas y del folclore, todo tiene un límite. Pero hacerlo lo hubiera considerado como una traición de mi parte: primero en casa. Es un honor estar haciendo esta entrevista con la página a la que leo siempre.

¿A qué jugador de River le pondrías un tango de fondo cuando lo ves jugar y a quién le pondrías una murga?

Para mí, tango y murga son sagrados. Dos puntales hoy son la experiencia, el tango, del pelado Almeyda y la murga sería del Burrito querido, que carga en sus espaldas el estigma del wing. Le tengo fe al Keko Villalva y al Indio en el arco lo rebanco. El Muñeco me regaló su camiseta en 2006, creo que sus pinceladas aportan, aunque no lo veo para todo un partido. Hay otros dos jugadores: uno que es una mancha de humo atroz en el medio y otro que es Abelairas, que a mi juicio cumplieron un ciclo en el club. Les queda grande el manto sagrado.

¿Qué nos podés decir del disco nuevo?

“Milagros al revés” es un disco muy social y de contenido altamente político, basta escuchar “Murga del bicentenario”. Está la murga presente pero también hay pulso rockero y hasta cumbia. Lo produjo un gran hincha de River, como es Juan Subirá. Hay una versión con orquesta de “Al olor del hogar” imperdible y acaba de salir de forma independiente. Lo edita Agenda Murguera y distribuye en todo el país www.sitemusic.com.ar. Lo vamos a presentar en mayo y junio en la Argentina.

Con mi familia, en un partido en el 73 contra Argentinos.

Despedida del Enzo. El me llamó unos días antes del partido, agradeciéndome el tema y para invitarme al palco con mi vieja. Hubiera querido que la cante en el campo, pero me encontraron tarde (o alguien no quiso encontrarme) Un gesto grosso.

Sin palabras, en mi casorio.

En un recital en Bovigny, París.

Ariel Prat, en acción

Todas las imágenes son por cortersía de Ariel Prat.