¿Por qué al River de Eduardo Coudet le falta creatividad? Esa es la pregunta que sobrevuela el presente del Más Grande, que sumó varias victorias en los primeros 10 partidos del ciclo pero no convence ni de cerca desde el juego. A partir del análisis táctico, se expone un problema que no pasa por la posesión, sino por la dificultad para generar situaciones claras.

En las dificultades que tenemos, seguimos ganando”, sostiene el Chacho. El entrenador descarta que el problema esté en la tenencia: River mueve bien la pelota. Sin embargo, la dificultad es evidente y concreta: generar más y mejores chances de gol, una deuda que empieza a repetirse partido a partido.

¿Por qué ocurre esto? Hay tres factores centrales que explican la falta de creatividad, todos vinculados directamente con la elección de jugadores y sus características individuales. Las condiciones están dadas para que el equipo vuelva a ser dominante en este aspecto, pero faltan nombres adecuados y mejores decisiones para sostenerlo colectivamente.

La ausencia de un 10, un generador de juego

El primer problema es la ausencia de un ‘10’ que se mueva entre líneas y haga jugar a los demás. Esta carencia se vuelve especialmente visible en partidos donde el rival presiona: cuando aparecen espacios, River no tiene un futbolista capaz de recibir, girar y quedar de frente para activar el ataque.

En el Superclásico, esta falencia quedó expuesta. Boca dejó espacios a los costados y a la espalda de Paredes, pero River no tuvo quien pudiera ocupar esos sectores para recibir. Kendry Páez era el jugador indicado para hacerlo, aunque jugó mayormente abierto, pegado a la banda, y cuando intentó cerrarse, directamente no fue encontrado por sus compañeros.

No se aprovechó el espacio que Boca dejaba a espaldas de Paredes en el superclásico.

Frente a Aldosivi, el problema volvió a repetirse. Galván aportó equilibrio, pero sin capacidad para cambiar el ritmo del juego. Subiabre se mantuvo abierto sobre la izquierda, mientras que Colidio fue el delantero con más movilidad, aunque lejos de ofrecer soluciones creativas. En ese contexto, comenzó a destacarse un aspecto clave: la influencia de Acuña.

Galván no tiene capacidad para cambiar el ritmo en 3/4 y eso River lo siente.

El lateral fue, en muchos tramos, el jugador más creativo del equipo. En salida, asumió un rol central formando la estructura 3-1 junto a los centrales, reemplazando la habitual caída de Aníbal Moreno. Más adelante, ya en campo rival, se encargó de generar juego por izquierda, ubicándose cerca del mediocampo y liberando la banda para Subiabre. Incluso intentó pases profundos, centros y remates, confirmando su protagonismo en la generación.

Acuña, el jugador más peligroso de River en el semestre.

¿Qué futbolistas le pueden dar calidad a River?

En este escenario, los únicos futbolistas capaces de aportar creatividad real son Kendry Páez y Juanfer Quintero. El resto de los volantes, por perfil y características, no tiene condiciones para asumir el rol de conductor ofensivo del equipo.

No hay un futbolista que filtre pases

El segundo factor está directamente vinculado: la falta de un jugador capaz de filtrar pases entre líneas. Ante Aldosivi, esto fue evidente cuando Aníbal Moreno bajaba a la base y Galoppo quedaba como volante central. Esa configuración generaba un problema serio, ya que su capacidad de pase no alcanza para romper estructuras defensivas.

Demasiados jugadores en la base y pocos entre líneas.

Contra Boca se repitió el patrón. Aníbal Moreno descendía entre los centrales para iniciar el juego, mientras Galoppo quedaba por delante. El equipo mantenía la circulación, pero sin profundidad ni intención de dañar con envíos verticales.

Moreno y Galoppo en campo propio y lejos del terreno rival.

Incluso con el doble cinco compuesto por Aníbal Moreno y Vera, el problema persiste. Si bien ambos aseguran control y orden, no suelen asumir riesgos con pases que rompan líneas. La posesión se sostiene, pero sin agresividad, lo que limita la generación de peligro.

Conclusión

En conclusión, la falta de creatividad responde a un problema estructural del plantel. River tiene poca profundidad en variantes y presenta muchos huecos en su construcción. Además, cuenta con jugadores poco flexibles, incapaces de ofrecer soluciones distintas cuando el contexto lo exige.

Anibal Moreno y Fausto Vera componen el doble cinco ideal de River.

Esto se agrava con decisiones puntuales: Galoppo, con mucha responsabilidad en salida, no aporta soluciones; Galván, aunque equilibrado, tiene serias limitaciones para orientarse y generar juego. A esto se suma una crítica recurrente: la no utilización de perfiles como Meza, que podrían elevar el nivel creativo.

Más allá de que la elección de nombres podría haber sido mejor —especialmente en casos como Kendry Páez o Meza—, el problema de fondo seguiría existiendo.  Probablemente sería menos visible, pero no desaparecería. River necesita refuerzos que eleven el piso creativo del equipo.