“Desde las sensaciones del equipo, estamos muy en deuda con nuestra gente”, se sinceró un autocrítico Coudet tras la derrota frente a Atlético Tucumán. Es que River no encuentra los caminos y, pese a que por momentos se vio alguna mejora desde la llegada de Coudet, la realidad es que el equipo arrastra muchos de los defectos que tenía con Gallardo.
Es difícil encontrar cosas positivas entre tantas actuaciones flojas. En lo individual, Beltrán, Acuña y los jóvenes son los pocos que mantienen presentaciones a la altura. Colectivamente, el equipo de Coudet se muestra irresoluto, con serias dificultades para generar peligro, nula creatividad y cedente de concesiones en defensa.
Claro está, muchos de los problemas que presenta el River del Chacho no son nuevos, sino que se mantienen desde el ciclo Gallardo. Más allá del pésimo armado del plantel, la carencia de ciertas características y de recambio de nivel, Coudet también heredó un equipo al que en mayor medida no ha conseguido imprimirle un sello que represente la historia del club.
Problemas nuevos y otros que se mantienen
Hay mucho para desmenuzar de los once partidos del ciclo Coudet. En mayor medida, dejando a un lado los resultados y centrándonos únicamente en el funcionamiento, son pocas las cuestiones rescatables. En contraparte, el Millonario sigue presentando un importante déficit: la nula creatividad y la dificultad para generar peligro.
Por una cuestión lógica, River suele tener superioridad en cuanto a tenencia de la pelota. Sin embargo, los altos índices de posesión no están acompañados de muchas ocasiones de gol ni mucho menos. Por el contrario, el equipo de Coudet sigue mostrándose carente de ideas para acercarse al arco rival y la creatividad brilla por su ausencia.
De hecho, ante Atlético Tucumán la creatividad apareció recién en el segundo tiempo con el ingreso de Lautaro Pereyra. Y de la aparición de este último, y de los jóvenes en general, se desprende otro de los defectos del equipo del Chacho: las pocas variantes en ofensiva y, de la mano, las casi nulas soluciones que aportan los de arriba.
Ya quedaron muy atrás los tiempos en los que Pratto, Scocco, Borré, Suárez y Julián, entre otros, eran opción para Gallardo. A día de hoy, Coudet no solo tiene menos alternativas para conformar el ataque, sino que no cuenta con jugadores diferenciales y los rendimientos individuales no ayudan a la mejoría de River.
El panorama ofensivo es preocupante: Subiabre que no despega, Colidio con actuaciones flojas y hasta displicentes, Driussi y sus constantes lesiones, Salas con influencia negativa en el juego y con un pie afuera del club, y tanto Ruberto como Freitas dando sus primeros pasos. En la lista de opciones, es difícil para el Chacho encontrar niveles positivos que se mantengan en el tiempo.
Por supuesto, a la lista de defectos de River no le puede faltar uno de los más importantes: la mentalidad frágil. Y solo hace falta una estadística para demostrarlo. Con el de este domingo ante Atlético Tucumán, el Millonario alcanzó los 22 partidos consecutivos sin poder dar vuelta un resultado después de empezar perdiendo.
Esa fragilidad, sumada a las notorias carencias para generar peligro, forman un combo letal para un equipo que sigue sin levantar cabeza. Los resultados han sido favorables para Coudet en términos generales, pero la realidad es que en River no alcanza solo con ganar, sino que la historia y la camiseta también demandan jugar bien.
