Eduardo Coudet se convertirá en las próximas horas en el nuevo entrenador de River y reemplazará a Marcelo Gallardo en el cargo. La dirigencia se inclinó por un entrenador que está identificado con el club, que tuvo una gloriosa etapa como futbolista y que tiene la experiencia suficiente como director técnico para asumir este nuevo desafío hasta el 31 de diciembre de 2027. En La Página Millonaria lo analizamos a fondo: cómo juegan sus equipos, su filosofía de juego, matices táctics y cómo podría jugar el nuevo River.
Antes de meternos en detalle, es importante remarcar que el análisis seguirá el siguiente recorrido y orden:
- 1) Filosofía de juego
- 2) Fase ofensiva en Alavés
- 3) Fase defensiva en Alavés
- 4) Repaso general de sus etapas en Racing, Celta y Atlético Mineiro
Todo, paso a paso. La lógica: primero principios, después mecanismos, y al final antecedentes.
La filosofía de Chacho Coudet
En su filosofía, Coudet aparece como un técnico flexible: se adapta a lo que tiene y busca exprimir a sus futbolistas. Aun así, sostiene un hilo conductor: quiere ser protagonista, intenso, con pelota e iniciativa. Ir para adelante sin importar el rival, pero con orden. La idea: competir, mandar y sostener intensidad como equipo, no como esfuerzos aislados.
Si hay que resumirlo en tres ideas, el Chacho se explica así: equipo competitivo por identidad, asociativo o vertical por intención, y pragmático por contexto. La intensidad es parte de su ADN, pero no como locura: es agresividad con disciplina para controlar el partido. Esa mezcla explica por qué cambia formas sin traicionar el propósito de dominar y atacar.
Los ejemplos lo pintan completo: con muchos generadores de caos en ataque, orientó su sistema a potenciar ese talento (Atlético Mineiro). Con contexto desfavorable por calidad, eligió juego directo y manejo cauteloso (Alavés). Con control y verticalidad equilibrados, lo explotó (Racing). El común: maximizar virtudes y esconder límites.
Trabajo con pelota
Con pelota, su Alavés suele partir de un 5-3-2 que en salida puede mutar a 3-1-6 o 3-2-5. La base combina centrales y un lateral más bajo, mientras el ancho lo dan un carrilero alto y un volante de banda. Por delante, hay rotación constante de alturas. El doble cinco se arma o se rompe según el objetivo: asegurar, atraer o liberar un hombre arriba.
En la práctica, muchas veces se ve a un solo volante central recibiendo a espaldas de la presión, moviendo o lanzando junto a los defensores. No es un equipo de salida limpia: el plantel tiene poca calidad técnica para sostener posesiones profundas. Cuando el rival no aprieta, pueden guardar la pelota para respirar y elegir el momento de acelerar o ir largo.
De ahí el recurso repetido: pases largos para ganar la segunda pelota o buscar a Toni Martínez y Boyé, dos puntas fuertes de espaldas al arco. Incluso cuando intenta salir corto, suele ser para atraer al rival y luego ir largo con mejores espacios. El arquero no duda en buscar al ‘9’ seguido para saltar líneas.
Atraer la presión abre espacios, pero exige tolerancia. Alavés lo compensa con movilidad constante arriba y con un mediocampista que desciende para formar doble cinco. Esa oscilación arma líneas de pase, prepara la descarga del ‘9’ y acerca apoyos para primerear la segunda jugada. Cada apoyo y descenso busca que la pelota no quede “sola” y el rebote tenga dueño.
Estirar al rival
Otro patrón ofensivo es estirar el bloque rival: pelota a banda para que el equipo se abra, combine y libere carriles laterales. Desde ahí puede generar ventajas por fuera o habilitar atajos por dentro. Los laterales/carrileros son protagonistas en la progresión, con combinaciones central-lateral. La meta: abrir un mano a mano por afuera y atacar desde esa ventaja.
En la progresión, la clave es doble: ganar segundas pelotas y conectar con los delanteros. Coudet confía en ese puente porque su Alavés no puede vivir de la pausa en campo propio. Busca al ‘9’ antes que al ‘10’, rodea la caída y convierte cada duelo aéreo en plataforma. Los mediocampistas rotan para estar cerca del rebote y lanzar de inmediato si la pelota cae limpia.
Parte del secreto está en la doble punta. Martínez y Boyé funcionan como “jugadores sistema”: bajan pelotas, fijan centrales y permiten que volantes ofensivos y carrileros se acerquen para recoger rechaces. Con rotaciones en el medio, el equipo intenta estar siempre cerca de la jugada para sostener continuidad y, cuando se puede, atacar con dinámica sin que el rival llegue a corregir.
Para cerrar la fase ofensiva, aparece cómo finaliza: lo hace de varias maneras, pero sin poblar en exceso el área. La prioridad es cuidar la zona de vigilancia y la defensa en reposo. Por eso, aunque ataque vertical, suele guardar piezas atrás para no quedar largo tras pérdida. Es pragmatismo: atacar sin perder equilibrio, porque el equipo vive de competir cada jugada.
En ataques directos, o cuando la doble punta influye de espaldas, el volumen de llegada es medido: avanzan carrileros (buenos atacando el área), el doble ‘9’ y volantes ofensivos. Si no hay presión intensa, también puede sostener posesión con paciencia, pero siempre listo para acelerar cuando aparece el espacio. La regla es clara: atacar con intención, pero sin regalar transiciones.
Juego sin pelota
Sin pelota, el Alavés de Coudet suele ordenarse en 4-4-2 de bloque medio, con delanteros descolgados y dos líneas que priorizan cubrir espacios. La altura varía según rival, pero la estructura se repite: compactar, orientar y preparar saltos. Cuando toca esperar, el 4-4-2 se vuelve pasivo; cuando huele oportunidad, se enciende y aprieta con coordinación para forzar el error.
La primera señal defensiva es que se muestran cortos: cierran la zona interior y dificultan progresiones por dentro. La línea defensiva se mantiene cerrada, con poca ocupación inicial de las bandas. La idea es negar pases interiores y, cuando la pelota se abre, activar coberturas y ayudas en el costado. Es un equipo que protege el corazón del campo y decide cuándo salir a morder en los márgenes.
La presión es progresiva: cuanto más avanza el rival, más agresivo se vuelve el equipo en todas sus líneas. No es un bloque alto constante; suele ser medio y disciplinado, pero cambia de ritmo con patrones claros. Si el rival intenta jugar hacia adelante, Alavés aprieta y busca forzar el error o el pelotazo. No se hunde por sometimiento: responde subiendo la agresividad para recuperar o incomodar.
Los roles en presión suelen verse así: centrales con seguimientos uno a uno si el ‘9’ se mueve; mediocampistas que saltan cuando el rival quiere filtrar por dentro; delanteros menos agresivos, pero persiguiendo desde atrás; y el triángulo interior-carrilero-central coordinando saltos y coberturas en banda. La consigna es que el rival no encuentre un pase cómodo dentro del bloque y tenga que elegir soluciones incómodas.
Un disparador muy efectivo es el pase hacia atrás del rival: ahí activan una presión más agresiva para aprovechar el momento de corrección posicional del oponente. La intención es forzar un pelotazo, provocar un error o recuperar alto. También reaccionan fuerte ante pases laterales, sobre todo a centrales exteriores o laterales profundos, para evitar progresión por fuera y cortar líneas de pase hacia adentro antes de que se abran.
El perfil defensivo del Alavés de Coudet en números
En números, el perfil defensivo queda claro: el Alavés aparece como líder en acciones defensivas exitosas por 90’ en España, destacándose en segundas pelotas, divididas, duelos e intercepciones. Es el tipo de equipo que compite cada jugada como si fuese la última y sostiene su plan desde esa energía. La intensidad no es discurso: es método, repetición y disciplina para ganar metros desde la fricción.
Apartado Racing: cómo hizo jugar Coudet a la Academia
En Racing, Coudet construyó un equipo intenso y valiente: entendía el partido desde la presión asfixiante y el equilibrio control-verticalidad. Buscaba robar en campo rival y atacar con pocos toques, apoyado en la movilidad de sus ofensivos. No dejaba respirar: la recuperación era casi una fase ofensiva más, conectada a la verticalidad inmediata. El plan era incomodar y golpear antes de que el rival pueda ordenarse.
Ese Racing no especulaba: imponía ritmo alto, amplitud y agresividad tras recuperación. Cuando debía elaborar, sostenía orden y continuidad, pero su identidad era incomodar, acelerar y atacar con decisión. La presión era muy agresiva y proactiva, aun a riesgo de dejar huecos: la apuesta era asfixiar para dominar. Si querías salir, necesitabas combinar con precisión y velocidad, porque el contacto siempre llegaba.
Apartado Celta de Vigo: cómo hizo jugar Coudet al equipo español
En Celta, la intención fue protagonizar desde la posesión con una idea clara: construir por dentro para atacar por fuera. Invitaba al rival a jugar y presionaba alto para recuperar cerca del área contraria. Con creadores entre líneas, buscaba que la pelota llegue rápido a esos hombres para activar rupturas y cambios de ritmo. La posesión no era decorativa: era un anzuelo para atraer y liberar ventajas en el costado.
El plan celeste apuntaba a fijar por carril central, atraer marcas y luego cambiar orientación para centrar con múltiples llegadores. Defender y atacar eran parte de un mismo diseño: ritmo e intención. En presión, mantuvo el 4-1-3-2 como estructura, con patrones similares a Alavés y un mediocentro barriendo y cubriendo terreno. La idea era recuperar cerca del arco rival y volver a atacar con continuidad, sin desconectarse del plan.
Apartado Atlético Mineiro: cómo hizo jugar Coudet al equipo brasileño
En Atlético Mineiro, Coudet fue el más directo: buscaba instalarse cerca del área rival mediante variantes ofensivas y rotaciones constantes. Quería dominar desde la agresividad: presión alta, líneas cortas y recuperación inmediata para atacar con velocidad. El objetivo era llevar la pelota rápido a sus atacantes y jugar en campo rival. Un equipo de ritmo alto, con mucha gente cerca del área y con laterales bien ofensivos como apoyo para sostener el ataque.
Ese Mineiro alternaba circulación paciente con aceleraciones verticales. Cargaba un sector para luego cambiar de frente y finalizar con volumen y presencia en zona de gol. Los laterales servían tanto para el 1v1 como para sostener apoyos. A la vez, su defensa en reposo y el retroceso podían sufrir, por lo que el plan también buscaba recuperar rápido: si atacás con tanta gente, necesitás volver a presionar antes de que el rival levante la cabeza.
Conclusión
El cierre deja un sello nítido: intensidad, protagonismo y competitividad. Coudet se adapta al material que tiene y por eso sus equipos jugaron de manera diferente, pero siempre con la misma obsesión: no regalar tiempo ni espacios, combinar con gente cerca y sostener una mentalidad fuerte. En su propia filosofía, “jugar con huevos” no es tirarse de cabeza: es jugar bien al fútbol, con orden y valentía. Esa mezcla explica su atractivo para River.
