Lucas Beltrán ya es oficialmente nuevo refuerzo de River y su regreso genera una enorme ilusión. Sin embargo, hay un aspecto que vale la pena remarcar para entender qué tipo de futbolista llega al club: es un jugador muy diferente al que se fue rumbo a Europa. Después de sus pasos por Fiorentina y Valencia, el delantero modificó su rol dentro del campo y hoy ofrece características distintas a las que mostró en su última etapa con la camiseta del Millonario. A continuación, un análisis táctico de su evolución, sus cualidades y cómo puede encajar en el equipo de Eduardo Coudet.
Perfil básico
En cuanto a su perfil básico, Lucas Beltrán tiene 25 años, mide 1,76 metros, es argentino, juega como delantero y su pierna hábil es la derecha. Aunque regresa presentado como centrodelantero, su evolución futbolística durante los últimos años hace que también pueda desempeñarse como mediapunta o segundo delantero con total naturalidad.
¿Qué tipo de futbolista es hoy Lucas Beltrán?
Ya no se trata únicamente del nueve que brilló en River antes de emigrar. Actualmente es un delantero que vive mucho más fuera del área, que se asocia constantemente con sus compañeros y que destaca por su capacidad creativa. Más que un goleador consistente, es un futbolista capaz de generar ventajas para todo el equipo, acelerar ataques y hacer progresar las jugadas. Su principal aporte pasa por elevar el funcionamiento colectivo antes que por finalizar todas las acciones.
La transformación comenzó durante su etapa en Fiorentina. Allí dejó de desempeñarse exclusivamente como centrodelantero para empezar a jugar con frecuencia como mediapunta o segundo atacante. Esa evolución se profundizó todavía más en Valencia, donde muchas veces actuó incluso por detrás del delantero, bajando hasta zonas cercanas al mediocampo para iniciar los ataques. En el fútbol español terminó de consolidarse como un jugador mucho más participativo en la construcción que en la definición.
Dejó de ser un número nueve ¿para ser un “10”?
Durante sus últimas temporadas en Europa fue habitual verlo progresar desde zonas retrasadas mediante conducción o pase. Hace tiempo dejó de ser un nueve de área para convertirse prácticamente en un “10” al que le gusta bajar a buscar la pelota, recibir entre líneas y participar de la elaboración. En Valencia, además, fue frecuente verlo recibir de espaldas, girar rápidamente y habilitar a extremos o laterales que atacaban la espalda de la defensa, una acción que repitió constantemente dentro de un contexto muy orientado a las transiciones ofensivas.
Eso no significa que haya perdido la capacidad de jugar como centrodelantero. Beltrán puede desempeñarse como “9”, tal como lo hizo durante su anterior ciclo en River, porque es un futbolista autosuficiente y no depende exclusivamente de que el equipo le genere situaciones. Sin embargo, sería un error esperar que monopolice los goles. Hace bastante tiempo que dejó de ocupar ese rol y hoy ofrece mucho más valor en la creación, la asociación y la progresión del juego que como finalizador permanente de las jugadas.
Virtudes
Entre sus principales virtudes individuales aparece su extraordinario juego de espaldas. Tiene una enorme capacidad para bajar a recibir y generar ventajas inmediatamente después del control. Esto se explica por dos factores: su fortaleza física para proteger la pelota bajo presión y su capacidad técnica para resolver rápidamente. Incluso cuando recibe marcado, suele sostener la posesión y darle continuidad a la jugada, algo que River muchas veces necesitó durante las últimas temporadas para enlazar ataques desde la delantera.
Quizás el aspecto donde más se destacó recientemente fue en hacer progresar a su equipo. Una de sus acciones más repetidas consiste en recibir entre líneas, girar con rapidez y filtrar pases hacia extremos o laterales que atacan los espacios. Posee un muy buen pase filtrado, cambios de orientación precisos y también la capacidad de avanzar mediante conducción cuando encuentra metros por delante. Más allá de que Valencia atravesó contextos colectivos irregulares, Beltrán sobresalió especialmente por sus números vinculados a progresión de balón y generación de ventajas, incluso por encima de su producción goleadora.
Otra característica muy valiosa es que alterna permanentemente apoyos para asociarse con desmarques al espacio, aprovechando su pasado como delantero centro. Si el equipo necesita un futbolista que baje a jugar y conecte líneas, puede hacerlo con gran eficacia. Pero si la jugada requiere atacar la espalda de la defensa, también interpreta perfectamente esos movimientos. Esa versatilidad amplía considerablemente las variantes ofensivas de River y explica por qué puede convivir con otro delantero que actúe como referencia fija.
Juego sin pelota
Uno de los aspectos más importantes de su juego aparece cuando River no tiene la pelota. Beltrán ofrece un enorme sacrificio en la presión, persigue centrales con intensidad y sostiene un despliegue físico constante durante los primeros metros. Esa capacidad para recuperar alto encaja perfectamente con la propuesta de Eduardo Coudet, cuyos equipos suelen darle mucha importancia a la presión tras pérdida y a recuperar la posesión lo más cerca posible del arco rival.
Encaje en River
Su encaje en River puede darse de distintas maneras, aunque probablemente la mejor versión aparezca acompañado por otro atacante que fije centrales y actúe como referencia ofensiva. De esa forma, Beltrán tendría libertad para soltarse, bajar a recibir, conectar con los mediocampistas y activar las subidas de laterales y extremos mediante pases filtrados o cambios de orientación. Todo indica que Coudet podrá aprovechar precisamente esa nueva versión del delantero desarrollada durante sus años en Europa.
Conclusión
La conclusión es clara: Lucas Beltrán ya no es solamente el delantero que River vendió hace algunos años. Hoy es un “9” jugando de “10”: un futbolista creativo, asociativo y muy inteligente para hacer progresar al equipo y poner en ventaja a sus compañeros. No es un goleador de área tradicional, sino todo lo contrario. Toca mucho más la pelota fuera del área que dentro de ella, destaca por su juego de espaldas, por su capacidad para generar ventajas colectivas y por su intensidad sin pelota. Si River logra rodearlo adecuadamente, incorpora a un atacante que eleva considerablemente el techo futbolístico del equipo.
