Algunos recortes de periódicos cuentan que Chiquín Sívori era literalmente un nene cuando Renato Cesarini lo vio jugar en un potrero de San Nicolás. Era petiso y hacía desastres con la pelota que obedecía rigurosamente a unas zapatillas rotas y desacordonadas. Quince minutos fueron suficientes para verlo e invitarlo a una prueba en River… en la que no quedó. Así empezó todo para quien en unos años no solo sería una leyenda del fútbol mundial sino que dejó su nombre grabado para siempre en el estadio Monumental.

Se cumplen hoy 19 años de la muerte de Enrique Omar Sívori, nacido en San Nicolás de los Arroyos, formado en River, leyenda de la Juventus, amado en Napoli, Balón de Oro en 1961 y considerado uno de los mejores futbolistas del Siglo 20. “Mi abuelo como persona fue aún más grande que como jugador y mirá que como futbolista llegó a ser el mejor del mundo…”, le dijo Romina Sívori a La Página Millonaria.

Del Cabezón Sívori futbolista se han escrito millones de caracteres. Del hombre no tantos. El nicoleño tuvo tres hijos, Néstor, Miriam y Humberto. De ellos, cinco nietas, de las cuales Romina es la mayor (“le formamos un equipo de fútbol 5 femenino y bueno… no vino el varón”, bromea). Es, acaso, la que más conoció y disfrutó a su abuelo.

¿Cómo era Enrique Omar Sívori, el hombre?

“Si lo tuviera que describir como persona creo que fue todavía más grande que como jugador. Fue distinto, de esos que sobresalen pero en su caso no fue solo por su habilidad y pasión por la pelota, sino que era un hombre distinto. Él andaba por la vida como en la cancha: jugando”.

¿Y como abuelo?

“Yo lo viví y lo disfruté a más no poder como abuelo y lo admiré. Con el tiempo me di cuenta de que era sabio. Para él siempre todo era un juego, siempre encontraba la manera de hacer reír y ceo que era algo que se había propuesto firmemente. Lo tenía como un propósito para la familia. Fue además una persona extremadamente agradecida a la vida”.

¿Hablaba de su carrera legendaria?

“No. No había forma de que contara, para nada. Él tenía una cuestión ahí que decía que bueno, que no había que vivir de recuerdos y por eso conservaba muy pocas cosas. Yo moría por ver una camiseta, no sé, un par de botines, pero él era muy despojado de todo eso, muy poco materialista en ese sentido. Disfrutó mucho el fútbol, pero no era egocéntrico ni mucho menos. Nunca te iba a mostrar recortes de diarios, nunca veía las fotos viejas que estaban guardadas, cero bolilla a todo eso”.

¿De qué disfrutaba?

“De su familia, de sus seres queridos. De la vida. Él valoraba mucho cada día y lo que había logrado. Fue siempre muy consciente de dónde había partido y adónde había llegado. Su vida fue de película y como tal tuvo también sus momentos dolorosos, sus problemas, pero creo que en el resumen él se quedó con lo positivo de lo que había logrado y se le notaba en su forma de andar y de reírse. Era muy alegre y con mucho sentido del humor”.

¿Qué fue River para él?

“El inicio de todo. Fue su primera ambición, su primer sueño cumplido. Vos pensá que mi abuelo salió de acá de San Nicolás, que está a 240 kilómetros de Buenos Aires, que hoy parece nada, pero en su época él salió de acá en un tren siendo muy chiquito, y fue a probarse a un lugar que no conocía porque nunca había salido de la ciudad y llegó. River fue su primer mundo y le dio mucho, estuvo en la pensión, lo formó y lo hizo debutar”.

¿Qué sabés de su comienzo?

“¡Que en la primera prueba no quedó! No fue buena y volvió a San Nicolás convencido de que no lo iban a volver a llamar, pero al tiempo recibió el llamado. Todo fue una vez más gracias a Renato Cesarini, que sabía, que lo había visto jugar y se ve que habló con alguien para que le dieran una nueva oportunidad. A partir de eso tienen una relación entrañable, mi abuelo había perdido al papá de muy chiquito y lo tomó como un padre. Renato fue también quien le transmitió ese amor tan fuerte por Italia y la Juventus, y quien le permite luego dar el salto a Europa”.

¿La familia Sívori es hincha de River?

“¡Sí! Somos todos hinchas de River. A mí me encanta ir a la cancha”.

Sívori: una leyenda del fútbol mundial nacida en San Nicolás

Enrique Omar Sívori nació en San Nicolás el 2 de octubre de 1935. Llegó a River cuando tenía 16 años y se formó en la cantera Millonaria. En 1957 fue vendido a la Juventus por 10 millones de pesos argentinos, cifra con la que en 1958 el club cerró el estadio que hasta entonces era conocido como “la herradura” por su forma.

¿Y cómo es ir a una cancha cuya tribuna tiene el nombre de tu abuelo? ¿Vas a la Sívori?

“Ufff… A mí me sigue conmoviendo cada vez que lo escucho nombrar o tengo una entrada impresa con su nombre. Me da orgullo, pero a la vez sé que es algo muy merecido. Mi abuelo fue tan grande que pensar que tiene una tribuna en el Monumental me parece muy justo y lo mismo en la Juventus, que le dedicó todo un sector impresionante en el estadio. Es un reconocimiento muy grande al futbolista, pero también a la persona”.

Los registros oficiales de Enrique Omar Sívori en River

  • Cuarta División: 14 goles en 12 partidos.
  • Tercera División: 12 goles en 19 partidos.
  • Reserva: 11 goles en 21 partidos.
  • Primera: 29 goles en 63 partidos

El Cabezón debutó en el Más Grande el 4 de abril de 1954, cuando tenía 18 años, en un partido que terminó en goleada de 5-2 sobre Lanús. Jugó en reemplazo de Ángel Labruna, quien estaba afectado por una hepatitis, y marcó el último tanto del partido.

En River fue tricampeón al coronar en 1955, 1956 y 1957, año este último en el que fue transferido a la Juventus por un pase récord de 100 mil libras o 10 millones de pesos argentinos, cifra con la que en 1958 y bajo la presidencia de Enrique Pardo el Millonario cerró parcialmente “la herradura”, tal como se conocía hasta entonces al estadio Monumental y por lo cual esa parte del recinto más grande de América lleva su nombre.

Tras su legendario paso por Europa en el que cosechó títulos históricos con la Vecchia Signora (tres Scudettos y dos Copa Italia) y se convirtió en ídolo, también fue galardonado con el Balón de Oro en 1961. Luego jugó cuatro temporadas en el Napoli, donde terminó enfrentado con la dirigencia y decidió volver a la Argentina para retirarse en River a sus 34 años.

El Cabezón disfrutó de lo cosechado con el fútbol. Dedicó su vida posterior a disfrutar de su familia. Murió el 17 de febrero de 2005, cuando tenía 69 años y tras sufrir cáncer de páncreas, en su lujosa estancia llamada “La Juventus”, ubicada en Conesa, localidad de su San Nicolás natal donde hoy vive su hija.

“Adiós, genio”: Enrique Omar Sívori fue despedido como un ídolo en Italia

El día que murió, el delantero argentino nacionalizado italiano fue la tapa del diario La Gazzetta dello Sport. “Ha muerto Sívori, leyenda de la Juventus y del mundo”, escribieron para el jugador surgido en River.