Una vez más, dirigentes y funcionarios volvieron a trabajar en conjunto en su afán por perjudicar a la gente de River. Este nuevo canje volvió a hablar a las claras de la mala intención y el destrato que se impone desde ambas partes en contra de miles de socios riverplatenses.
Después de una clausura, de varios partidos a puertas cerradas, de inhabilitaciones ridículas y de hacer de la semana previa a cada partido un verdadero manoseo al hincha, los dirigentes de River, junto a los funcionarios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se las volvieron a ingeniar para volver a jugar con la gente.
Por un lado, funcionarios de un Gobierno que nada mejor tiene para hacer que reclamarle y exigirles cosas a River que no le exige a ningún otro club de la Ciudad. Mucho menos a Boca. ¿Acaso, alguna vez el gobierno porteño le exigió a Boca que realice un canje de entradas? Jamás. De hecho, aún con un estadio mucho más chico y el mismo problema en cuanto a cantidad de socios, los dirigentes de Boca tampoco ponen en práctica el canje de entradas.
En cambio, a los directivos de River basta con que cualquier funcionario de poca monta les mande una carta para aceptar perjudicar al hincha. Trabajar por y para el socio, imposible. Al contrario, el maltrato, la desconsideración y el autoritarismo hacia la gente ha sido una constante durante los dos años y medios que lleva esta gestión.
No han tenido la capacidad ni la intención de evitar perjudicar al hincha ni siquiera en el momento más doloroso en la historia del club. Ese momento del cual no resultan los únicos responsables, desde ya, pero del que -sin ninguna duda- también son causantes. Pero parecen no querer comprenderlo, parecen abocados a reírse de la gente sin ningún tipo de miramiento.
Así lo demostraron con esa paupérrima presentación en AFA sobre los incidentes que sufrió el hincha en la cancha de Rosario Central, a la cual intentaron disfrazar de denuncia, pero con la que en realidad no denunciaron absolutamente nada. Y así lo volvieron a demostrar esta tarde mediante la imposición de este canje ridículo, grotesco.
Ese con el que denotan que poco les importa que el socio tenga que pasar horas enteras frente a una computadora para reservar una entrada o que tenga que madrugar para ir a retirarla, y que en el medio deba sufrir horas interminables de cola, a la intemperie y bajo condiciones climáticas insufribles. Ni hablar de lo poco que les importa que los socios deban llegar tarde a sus trabajos o pedirse el día para ir a buscar sus entradas.
Como tampoco les interesan aquellos miles y miles de socios que tiene River por el Interior del país y que este domingo deberán resignarse a perderse el partido porque no podrán viajar durante la semana a retirar sus localidades. ¿Y todo por qué? Por la ineptitud de una dirigencia que prefirió volver a burlarse de la gente en lugar de, al menos por una vez, trabajar por ella. Inútiles, no se dan cuenta de que lo único que logran es sacarle las ganas al hincha.



