Los jugadores y JJ son una mera consecuencia. Responsables, seguro, pero sólo de no haber tenido coraje para ganar al menos una de estas últimas siete finales. Previo a ellos hubo dos presidentes, tres comisiones directivas y un sinfín de oportunistas que -jurando amor por la camiseta- se aprovecharon de River hasta dejarlo en este triste e insólito presente.
El gol de Leandro Díaz hizo añicos nuestra esperanza. Convirtió la ilusión en dolor, bronca y desconcierto. Hizo realidad a esa Promoción que resultaba (y todavía resulta) imposible de creer. Aún sabiendo de antemano que teníamos muchas chances de sufrir este desenlace, el golpe no nos entra en la cabeza. Jamás creímos que nos pagarían tanta pasión con semejante tristeza, con el capítulo más negro de nuestra historia.
Ese que se empezó a forjar hace nueve años y medio atrás, con José María Aguilar, Mario Israel y el resto de sus secuaces a la cabeza. No, no nos olvidamos, jamás nos olvidaremos de esos delincuentes que llegaron al club jurando amor por la camiseta y terminaron saqueándolo de tal manera, que todavía hoy pagamos las consecuencias. Las pagamos durante años con negociados que todavía ignoramos, con un sinfín de refuerzos falopa, goleadas de equipos recién ascendidos, eliminaciones en primera fase de copa, ausencias en torneos internacionales y un último puesto que coronó lo más oscuro de dos gestiones signadas por el descontrol y el desprestigio. (Ver nota “Millones de razones para este presente”20/05/2008, La Página Millonaria).
Y las seguimos pagando hoy por un voto bronca que nos dejó a un presidente sin capacidad de manejo alguno. Creímos que por fin se acabaría la joda, pero nos topamos con un tipo orgulloso, prepotente y autoritario, acompañado por una troupe de soldados que bailan al compás de sus decisiones, sin importar qué está bien o qué está mal, y que en un año y medio de gestión todavía nos deben varias promesas por cumplir y -sobre todo- resultados.
En dónde está la tan mentada auditoría, en dónde está ese consejo de fútbol formado por gente del fútbol, por esa gente que se puso los pantalones cortos como se los puso Daniel. En dónde están los jugadores a los que iban a lograr conmover para que volvieran. Y por qué aquellos que enaltecieron a la camiseta se siguen yendo sin la intención de querer volver. En dónde están los Ortega, Gallardo y Astrada… Bien lejos de River, como los refuerzos. ¿Por qué en este Clausura, un torneo crucial para la historia del club, sólo tuvimos uno y bien pero bien falopa? No nos digan que desembarcaron en River y se encontraron con los cajones repletos de cheques a pagar, porque hasta el más crédulo sabía cuáles eran las limitaciones de nuestra economía.
Dígannos que el bendito fondo de inversión no fue la única estrategia que se les ocurrió para afrontar esta crisis. Nos hacen acordar a la oposición, a ellos tampoco se les cae una idea. Despotrican por el autoritarismo con el que se los trata, pero se olvidan que algunos de ellos (como varios de los que rodean hoy a Passarella) están en la Comisión Directiva desde hace 9 años y medio y jamás hicieron nada por el club. Jamás. Si hasta pusieron cara de virgen violada el día que les hicieron firmar el acuerdo por la pintura…
Encima, ahora se jactan de haber ido al despacho de Don Julio en beneficio del club. ¿En beneficio del club? Pero si se trata del mismo Julio que fue cómplice de Aguilar, el que le bancó y apañó todas las que se mandó, y que todavía hoy le garantiza un puesto dentro de la Comisión Organizadora de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Vamos muchachos, pueden hacer algo mejor que sacar rédito del oportunismo. Sino, guarden los interminables metros de banderas en los que invierten y váyanse a su casa. River necesita dirigentes, no alcahuetes de ocasión.
Dirigentes que sepan entender el momento como nunca antes lo hicieron, que no vayan a Córdoba sólo para aprovechar la estadía en un hotel cinco estrellas, como hicieron durante la gestión Aguilar y continúan haciendo en la gestión Passarella (y lo peor es que ¡son los mismos pero con distinto presidente!). Dirigentes que comprendan que hemos tocado fondo y que les llegó la hora de volver a pensar en River. Ese River que, por primera vez en su historia, está a sólo dos partidos del descenso.



