A través de las apariciones goleadoras de Trezeguet y Cavenaghi, el equipo de Almeyda se sacó de encima a un rival durísimo. Ese que en el primer tiempo hizo méritos como para irse al vestuario arriba en el marcador, pero que en el complemento terminó doblegado ante el poderío ofensivo de La Banda. Justo o no, fue en 3-0 en Liniers.
Marcador abultado, tridente efectivo, remeras al viento. Como muy pocas veces, Liniers era una fiesta. El Mundo River, hinchas y jugadores, se iban del Amalfitani sonrientes: el equipo volvió al triunfo luego de dos empates calientes y, aunque más no sea por algunas horas, recuperó la punta.
Sin embargo, si de analizar el partido se trata, no se puede obviar que en lo futbolístico River volvió a dejar varias cuentas pendientes. Una de ellas, el juego. Es que Deportivo Merlo, ya sin De La Riva en el banco, salió a jugar con la misma ambición que en Avellaneda y le robó el protagonismo en varios pasajes del encuentro. Pese a que solo repetía seis jugadores, el ánimo, las ganas y la estrategia del equipo de Ferraresi eran un calco.
Presión sobre el mediocampo de River y a probar suerte arriba. Allí, donde Estévez se perdió un gol increíble frente a Vega. Y allí donde los dirigidos por Almeyda sufrían la ausencia de Cirigliano y sus clásicos problemas en defensa. Encima, el Chori estaba intratable: molesto consigo mismo, perdió varias pelotas en la mitad de la cancha que derivaron en repetidos contraataques rivales.
Pero a los 39, apreció Trezeguet y cambió la historia. Ocampos y el francés repitieron aquellos centros post-entrenamiento que tanto practicaron en la semana y River se fue al vestuario con una ventaja tan vital como injusta. Vital porque le dio la posibilidad de salir a jugar un segundo tiempo mucho más suelto. E injusta porque no había hecho grandes méritos.
Aun así, tuvo que esperar hasta los 26 del complemento para cerrar el encuentro. Tuvo que esperar hasta que el Chori se disfrazara de Chori y le pusiera una pelota magnífica a Cavenaghi, para que el Torito metiera una emboquillada perfecta y sellara la victoria. Esa que le dio la punta momentánea a La Banda, pero que fundamentalmente cortó con dos empates que solo habían traído dudas y preocupación sobre el equipo de Almeyda.



