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Ocampos acompañó a la suerte para que River recupere la punta

Después del gol en contra de Toledo, el pibe convirtió un golazo que terminó por abatir a Chacarita y que le permitió al equipo de Almeyda volver a la punta del torneo. Además, esta victoria por 2-0 fue vital para dejar atrás una semana de críticas

Después del gol en contra de Toledo, el pibe convirtió un verdadero golazo que terminó por abatir a Chacarita y que le permitió al equipo de Almeyda alcanzar a Instituto en la tabla de posiciones. Además, esta victoria por 2-0 fue vital para dejar atrás una semana repleta de críticas y rumores.

Cuánto valdrá a la larga ese blooper entre Pena y Toledo. Cuánto valdrá ese segundo de suerte que, al menos por esta vez y después de mucho tiempo, jugó a favor de River. Muy a favor de River. Porque la primera media hora de juego ante Chacarita fue preocupante, de un nivel colectivo e individual muy flojo.

Hasta los 33 minutos de la etapa inicial, River prácticamente no había llegado al arco de Tauber. El Chori no se había asociado con Sánchez y mucho menos con Ocampos, que era el único que lograba generarle problemas a la defensa rival sobre el sector izquierdo de la cancha.

Encima, Chacarita -además de esconder las pelotas- generaba una presión asfixiante sobre la salida de River, que ni Cavenaghi lograba entrar en contacto con el balón por más que retrocediera hasta la mitad del campo de juego. Cómo habrá sido, que en más de una oportunidad Maidana y Funes Mori quedaron acorralados y terminaron reventando la pelota desde del área chica de Vega.

Pero a los 33 llegó el centro del Chori, el mal despeje de Pena y el blooper que terminó con Toledo mandando la pelota adentro de su propio arco para poner a River en ventaja, y fundamentalmente para abrir el partido en favor del conjunto de Almeyda.

Es que a Chacarita, el último del torneo, le bastó ese mínimo error para desplomarse, para entregarse, para tirar por la borda todo lo bueno que había hecho hasta ese momento. Claro que no había hecho gran cosa, es cierto, pero había sido lo suficiente como para tener a River bien lejos de su arco por más de media hora.

Y en contrapartida, River se agrandó. Vaya si se agrandó, que empezó a patear desde cualquier lado. Primero, el Chori, y después, Cavenaghi, casi desde la misma posición de la que patearía Ocampos unos minutos más tarde, aunque con mucha menos precisión. Pero a los 39 fue el turno de Ocampos, que en este encuentro volvió a demostrar el nivel por el que se ganó la confianza de Almeyda y que demostró durante sus primeros partidos en Primera.

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El pibe recuperó una pelota en la mitad de la cancha y cuando llegó al vértice del área grande sacó un zapatazo magistral que hizo explotar al Estadio Único de La Plata. No solo por el gol, sino por lo espectacular del remate, por la delicadeza, por la calidad. Por ese destello de magia que rompió -al menos por un instante- con el verso de la rusticidad de la categoría y que cerró un partido crucial para que River vuelva a quedar en lo más alto de la tabla.

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