(Chaco – Enviados especiales) Estaba todo preparado para que fuera una gran fiesta. La gente había colmado las calles de la capital chaqueña desde el martes a la tarde, cuando el plantel arribó a la ciudad, y se había entusiasmado con vivir un Superclásico de ensueño, como nunca antes en Resistencia.
A tal punto, que los hinchas de River por esta zona del país hicieron malabares para poder presenciar este encuentro. Es que dos días después de acompañar al equipo de Almeyda en Corrientes, frente a Boca Unidos, tuvieron que sacar dinero de donde fuera para conseguir alguna de las entradas que se pusieron en venta para este Superclásico en Chaco. Aquí, a donde River no venía hacía dos décadas.
Por eso tamaña expectativa, semejante ilusión y tanta pasión. De ahí que más de 2.500 personas recibieran al equipo, un centenar de hinchas montara guardia día y noche en la puerta del hotel y, además de pagar precios siderales por una entrada, los 13 mil riverplatenses que coparon el Centenario se bancaran colas de más de dos horas para ingresar al estadio.
Todo por amor a River. Pero a la hora de la verdad, el equipo les volvió a fallar. Justo en el partido que todo el Mundo River -los que estuvieron en Chaco y los que no- esperó durante tantos meses. Justo ahí a Almeyda se le dio por probar, a Funes Mori se le ocurrió olvidarse de aquella definición magistral ante Racing y al Chori se le soltó la cadena.
Justo ahí, como si fuera a propósito, el equipo los volvió a decepcionar. Entonces, al dolor por este presente de segunda categoría y la bronca por las gastadas de ocasión, los hinchas de River le terminaron sumando una increíble desilusión. Esa que se sintió aún a pesar de ese grito final con el que intentaron advertir que su amor, pese a todo, se mantiene intacto “jugando bien o jugando mal”.



