Así lo confirmó el propio jugador, luego de acordar un contrato por tres años con el conjunto rosarino. Su representante había declarado que la transacción era factible por “las ganas del jugador y de los dirigentes”. Más claro, imposible… Así, Almeyda perdió al referente que pretendía, que se fue a un club con las mismas limitaciones económicas y de la misma categoría.
La llegada de Luciano Vella prácticamente había desechado la posibilidad de que Matías Almeyda pudiera contar con aquel referente que le pidió a los dirigentes. Aunque, mucho antes que eso, la continuidad de Paulo Ferrari en River era más bien utópica, porque en el medio había un trasfondo de deudas y malas relaciones, producto de la falta de tacto dirigencial.
Es que además del dinero que se le debe a Ferrari, por el cual el club de Núñez debió acordar anoche un plan de pago, existe una deuda con el representante del jugador, Fernando Hidalgo. En julio de 2010, a pedido de los dirigentes y como consecuencia de las imposibilidades económicas de la institución millonaria, el empresario se hizo cargo de la mitad de la transferencia de Mariano Pavone para que el delantero -otro de sus representados- pudiera desembarcar en el Monumental.
A partir de ahí, según contó Hidalgo, los directivos de River no volvieron a comunicarse con él más que para ofrecerle pagar el otro 50 por ciento de la transferencia. Entonces, la relación entre las partes se tornó insalvable. Por eso no llamó la atención que Ferrari no llegara a un acuerdo para seguir su carrera en el club de Núñez y, en cambio, hoy haya firmado su regreso a Rosario Central. Un club con las mismas limitaciones económicas y en las misma categoría…
“En este caso hay posibilidades de que se concrete porque en el medio están las ganas del jugador y de los dirigentes. Todo esto hace que se dejen de lado muchos problemas contractuales”, había declarado ayer el representante de Ferrari, dando cuenta que las trabas no radicaban únicamente en cuestiones monetarias, sino también en la falta de tacto de los directivos millonarios. Después de todo, la deuda con el referente que pedía mantener Almeyda existió desde siempre.



