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Erik Lamela, el hijo del panadero

El juvenil Erik Lamela debutó como titular en la Primera de River frente a Independiente, por el triangular de Salta.

El domingo 17 de enero del 2010, Erik Lamela fue por primera vez titular en River. Erik es hijo del “mejor jugador de papi fútbol” que se vio en zona norte por los años 80/90, sin riesgo a equivocarme. Ese fue José, “El Panadero”. O “El Pana”, como le llamábamos todos aquellos que vimos sus proezas.

Erik, gracias a Dios es una de “las joyas de la abuela” que se rescataron del naufragio. Integrante de la famosa categoría 92 que ganó todo en AFA, surgió del Drysdale de Carapachay. Allí hizo las mismas delicias que nos deslumbraban de su viejo. El chiquilín es zurdo, fino, jugador de cabeza levantada, de tranco elegante. No en vano el Barcelona le puso el ojo. Anoche se notó que todavía no se soltó, aunque mostró pequeños destellos de su calidad. A.D.N no le falta, se lo juro.

Para los futboleros que añoramos aquellos años gloriosos del papi de los 80, “El Pana” era Maradona. Nació futbolísticamente en La Escuelita de Munro, luego se lo disputaron todos los equipos de la zona. El 12 de Octubre de Olivos, el Sarmiento, entre otros, y llegó a integrar la primera selección de fútbol sala. Antes, habíamos compartido equipo en la Cooperativa Vélez Sarsfield de Munro, Settimio Muebles y alguna vez nos tocó enfrentar al Parque de la generación del Checho y Maradona, en partidos donde salían chispas.

Jugando para All Boys de Saavedra, debió enfrentar a los Brujos en una final. Hizo dupla adelante con Quique López, otro inmenso jugador de Barrio Mitre, injustamente olvidado. Quedaron con tres y por ser el más dotado para cumplir con el rol de jugador-arquero, defendió los tres palos y ganaron el torneo. Esos que se jugaban mientras algún desaforado arrojaba botellas de vidrio y otro matonzuelo desenfundaba un arma para intimidar. Aunque, a fuerza de ser sinceros, nunca nada pasaba de allí.

José era bajito, Erik se estiró. José era diestro, el hijo dibuja con la siniestra. Ni uno ni el otro son peleadores. Utilizan las mismas armas. Tacos, rabonas y pisadas de todo calibre, esas que hacen calentar al rival. La historia de José es la historia de infinidad de cracks anónimos que pasaron desapercibidos por el futbol amateur y que nunca se sabrá por qué no llegaron a ser profesionales.

Valga este homenaje a todos ellos en nombre del “Panadero” de Munro. El que su evocación nos obliga a creer que “los cracks no se hacen, nacen”. Llevan en la sangre el talento heredado la mayoría de las veces. Como Erik, este proyecto inmenso que ya llegó a la primera de River. Pequeña responsabilidad, ¿no? Póngale más de una ficha. Se lo aseguro. Brindémosle continuidad y más tarde hablamos. Salud, José y suerte, pibe. Lo estamos necesitando.

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Foto: La Página Millonaria (Salta – Enviado especial)

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