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Cuando la pasión significa una verdadera locura

(Incluye galería) Más de 60.000 hinchas de River coparon el Monumental para acompañar al equipo de Almeyda, pero antes padecieron una verdadera tortura. Piedrazos en la autopista, accesos colapsados, tribunas abarrotadas y policías inescrupulosos.

(Incluye galería) Más de 60.000 hinchas de River coparon el Monumental para acompañar al equipo de Almeyda, pero antes padecieron una verdadera tortura. Piedrazos en la autopista, accesos colapsados, tribunas abarrotadas y policías inescrupulosos fueron solo algunos de los condimentos que opacaron semejante fiesta.

Ser hincha de fútbol en Argentina implica una irracionalidad total. Acaso qué persona con un mínimo de sensatez se somete a semejante tortura. A semejante flagelo. A subirse a un colectivo en precarias condiciones para recorrer varios kilómetros y sin saber si llegará a destino.

Sin saber si a mitad de camino no será víctima de un cacheo policial que le impedirá llegar al estadio, aun a pesar de tener entrada en mano. O, como ocurrió ayer, sin saber si en medio de la autopista no será emboscado por la hinchada rival, con piedrazos y agresiones con arma blanca.

Pero claro que llegar a la cancha es apenas una parte de semejante locura. Porque una vez en el estadio, empieza lo más duro de la odisea: la desorganización total, los accesos devenidos en caos y su consiguiente ensañamiento policial. Tal como sucedió por segunda vez consecutiva en el Monumental.

Desorganización por parte de los dueños del fútbol, de aquellos incapaces dirigentes y empresarios que jamás suelen prevenir lo que reluce cada fin de semana. De ahí entonces que el partido entre River y Quilmes se haya jugado un viernes a las 19 y que se hayan formado colas de doscientos metros en los ingresos del Antonio Liberti.

Entonces, además de tener que esperar horas para poder ingresar a la cancha, la gente tuvo que sufrir empujones, amontonamientos y la infaltable prepotencia policial de aquellos uniformados que para hacer su trabajo (como realizar cacheos tan eficientes como ágiles) demoran una eternidad, pero para golpear o atemorizar a la gente no pierden ni un instante.

Y como si todo ello fuera poco, una vez adentro, las tribunas estuvieron completamente abarrotadas de hinchas. Desde la primera butaca hasta el último peldaño de las famosas escaleras que el Gobierno de la Ciudad exigió ampliar con la intención de mejorar la evacuación del estadio… Mientras que la Centenario alta presentaba los mismos espacios desperdiciados de siempre y el escenario a medio armar de Roger Waters impedía que la Centenario baja se ocupara con normalidad, debido a que la estructura del escenario había superado el metro y medio de construcción pautado.

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Toda esa locura a cambio de 90 minutos de esa pasión incontrolable por la camiseta. Esa que todo lo puede y nada lo razona. Esa que generó que en plena jornada laboral y en un horario realmente imposible, más de 60.000 hinchas de River colmaran el Monumental para acompañar al equipo de Almeyda y para darle marco a una verdadera fiesta del fútbol. Ojalá algún día dirigentes, funcionarios y empresarios trabajen para que esta pasión deje de ser una locura.

Mirá la galería de fotos del caos que fue el Monumental frente a Quilmes:

[Minigaleria:1521]

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