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Aunque perdió sin merecerlo, la paciencia llegó al límite

River tuvo una caída increíble en Corrientes. Desperdició un sinfín de oportunidades claras de gol, pero falló en el último minuto y terminó sufriendo una derrota bochornosa frente a Boca Unidos. ¡Boca Unidos…! Basta, River, por favor basta.

(Corrientes – Enviados especiales) River tuvo una caída increíble en Corrientes. Desperdició un sinfín de oportunidades claras de gol, pero falló en el último minuto y terminó sufriendo una derrota bochornosa frente a Boca Unidos. ¡Boca Unidos…! Basta, River, por favor basta.

El sufrimiento parece no tener fin. El hincha va, viene y vuelve a ir, pero del otro lado solo recibe decepciones. Pone el corazón para hacerle frente a este doloroso presente; el alma por amor a la camiseta; y hasta se come el orgullo para sumarse a un nuevo proceso, el más triste de todos, con más apoyo que reproches.

Pero aun así, este equipo empieza a decepcionarlo como lo decepcionaron los otros. De a poco, como los anteriores, empieza a perder partidos deshonrosos, a forjar papelones históricos y a denigrar todavía más a ese prestigio que llevó un siglo construir.

Está claro que cualquiera puede perder un partido, dos o tres, pero la paciencia llega al límite cuando el equipo denota que, disputadas 17 fechas, no tiene ningún tipo de identidad ni sabe a lo que juega. Cuando la irregularidad se torna una costumbre. Cuando las goleadas se dan ante los que cierran la tabla de posiciones, y cuando los empates o las derrotas llegan justo contra rivales mínimamente armados.

Cuando los errores estúpidos, como los que viene acumulando Chichizola en las últimas fechas, empiezan a significar la pérdida de puntos. Cuando los tacos y los firuletes, especialmente del Chori y Ocampos, no miden circunstancia ni contexto. Anoche, por caso, hubo varios “ole”… O cuando un pelotazo sin sentido refleja que se sobra la situación.

Ahí, como ahora, es cuando se pierde la paciencia. Por eso, es hora que los jugadores vuelvan a comprender el momento que les toca afrontar con esta camiseta. Que un simple error, una desatención, un mero descuido puede significar todo un papelón histórico. O lo que es peor, un nuevo golpe al corazón de un hincha que no merece seguir soportando este sufrimiento.

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