Que buena parte de la responsabilidad de la derrota ante Boca la tiene River mismo por sus propias falencias futbolísticas y el mal partido que disputó la mayoría de los protagonistas es algo tan sincero como irreprochable. De la misma manera que resulta absolutamente incuestionable que el equipo del Chacho Coudet sobre el final del partido volvió a sufrir los mecanismos de un sistema perverso en el cual transformaron a la herramienta del VAR en el fútbol argentino.

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Desde un primer momento no solo en nuestro país sino también en el mundo el objetivo de la tecnología siempre tuvo como propósito principal erradicar al máximo los errores arbitrales y establecer la mayor justicia posible dentro del deporte. Pero lamentablemente en algunos lugares del planeta los que la digitan exprimen las cuestiones reglamentarias a sus propias conveniencias, y transformaron el espectáculo en una serie de sucesos poco creíbles y transparentes.
¿Dirige el árbitro o el VAR?
Por un lado porque, así como pasa con el accionar de los jueces de línea respecto a los offsides, ya el árbitro principal tampoco tiene todas las herramientas a mano para ser la máxima autoridad. De hecho en las cuestiones más determinantes ya no lo es y juegan roles absoluamente secundarios, atados a estar parados escuchando un auricular y esperando órdenes. Más allá que para la enorme mayoría de la opinión pública el empujón de Blanco a Martínez Quarta es clarísimo, todo siempre dependió del criterio del juez encargado del VAR, y eso arrastra una perversidad absoluta y no puede ni debe ser así.
Por el otro, la nula libertad que muestran los árbitros a la hora de ir a revisar alguna jugada o cuestión decisiva por sus propios medios. Y acá es donde el reglamento tampoco ayuda demasiado, porque si bien les permiten tomarse ese atributo lo que marca la regla es que solamente se puede aplicar “cuando sospeche que algo grave ha podido pasar inadvertido”, y allí es donde comienzan a delimitarse un montón de escalas de grises donde nadie puede establecer un límite para los grados de gravedad acerca de una jugada, por lo que esas son órdenes que bajan desde los máximos responsables del arbitraje.
En definitiva, son los que designaron y conformaron la cúpula arbitral los que tienen que asumir la responsabilidad. Y aquellos que hacen las selecciones de los árbitros son los que tienen en claro y los que impulsan a que en estos tiempos el colegiado que va al VAR tenga más poder y autoridad que el juez que está en el campo. Porque además son los que dan las órdenes para que los réferis no tengan esas libertades de ir a revisar por sí solos una jugada tan polémica como la de ayer en el Superclásico, aunque después terminen decidiendo lo mismo.
Es muy grave y preocupante que el fútbol haya repartido tanto los niveles de jerarquía y de poder arbitral, porque lo único que todo eso provoca es generar más y más sospechas, y por consiguiente estar a cada momento más alejados del principal objetivo por el cual se trajo la tecnología al fútbol. La justicia seria y transparente se encuentra todo el tiempo más lejana, y los principales y únicos responsables son los que manejan el fútbol argentino en estas cuestiones.





