El River de Leonardo Ponzio arrancó con el pie derecho, sumó seis de seis puntos posibles en sus primeros dos partidos y desplegó un fútbol mucho más vistoso y que se asemeja a lo que quiere el hincha en los encuentros ante Banfield e Independiente Rivadavia. Análisis táctico detallado para entender las claves de este nuevo equipo que promete seguir mejorando.
Ponzio solo necesitó dos partidos para corregir varios de los problemas que arrastraba el equipo de Coudet. No porque River se haya convertido de repente en una maravilla, sino porque empezó a poner a los jugadores donde deben jugar y encontró una forma de atacar mucho más lógica teniendo en cuenta los perfiles que tiene el plantel.
Contexto del análisis
Antes de comenzar: todas estas conclusiones se basan únicamente en los partidos ante Banfield e Independiente Rivadavia. Aún queda muchísimo camino por recorrer.
Nada de esto es definitivo y todo puede cambiar. Son simplemente indicios de lo que puede ser el River de Ponzio y aspectos que se repitieron en sus primeros dos partidos.Hay cosas interesantes, problemas que siguen apareciendo y, sobre todo, una línea bastante clara sobre cómo quiere atacar el equipo.
El nuevo 4-3-1-2
Una de las primeras claves fue cambiar el esquema. No es lo más importante, pero sí fue positivo para que cada uno juegue donde tenga que jugar.
River pasó a un 4-3-1-2 muy movedizo: Galván por izquierda, Andrada por derecha, Fausto/Aníbal como #5 y Almada como #10. Los laterales aportan en todas las fases y los volantes tienen roles móviles, alternando constantemente quién baja y quién se queda.
Ante Banfield, Vera cayó varias veces a la primera línea y los laterales se ubicaron a la altura de los volantes. Contra Independiente Rivadavia volvió a aparecer la misma idea, aunque nunca de forma estática.
Salida desde el fondo
Antes River solía salir con Aníbal Moreno cayendo a la línea defensiva y Vera quedándose como #5 único. No había demasiadas rotaciones sobre quién recibía ahí. Ahora Vera puede quedarse delante de la defensa o caer a primera línea, mientras Galván, Almada y Andrada viven dando apoyos, rebotando la pelota de espaldas y buscando atraer marcas. Si uno baja, otro se queda. El detalle está justamente en que no sea predecible.
También aparecen las conducciones de los centrales cuando el rival está tirado atrás y los laterales pueden recibir anchos por fuera del bloque. Menos predecible y más opciones para sacar la pelota.
Los habilidosos juntos
Lo más importante de todo el cambio fue entender cuál era la mejor forma que tenía River de crear ocasiones. Con Coudet se buscaban constantemente triángulos anchos por afuera: Correa aislado junto al lateral y al volante, intentando atacar espacios por banda. Con Ponzio, River aprieta mucho más el bloque y junta a sus jugadores en zonas centrales.
La mayoría de nuestros atacantes son excelentes asociándose en corto y, al no tener a un gambeteador por fuera o un mediocampista que viva poniendo pases filtrados, la mejor forma de hacer goles es que los talentosos combinen entre ellos. Correa y Almada buscándose para “tocar y pasar”, Driussi brindando apoyos y Andrada apareciendo por delante de la pelota. El pase fuera/dentro de los laterales también gana importancia justamente por esto. Esta 100% es la línea que hay que seguir.
Sobre el rol de Thiago Almada
En sus primeros partidos era el encargado de bajar constantemente para eludir presiones y terminaba demasiado cerca de nuestro arco. Es una actividad que no le sale mal, pero claramente no es su especialidad. Ahora, como #10, sigue bajando por momentos y apoyando con toques de espaldas, pero ya no tiene la responsabilidad de ser el líder total de la salida.
Además, el problema nunca fue necesariamente partir desde la izquierda. Almada pisó esas zonas durante toda su carrera. El problema era recibir lejos de Correa. Al jugar más centralizado, esa distancia se reduce y puede asociarse mucho más seguido con él. El tema siempre fue el contexto.
Salida bajo presión
Tanto Independiente Rivadavia como Banfield mostraron que, cuando River recibe una presión medianamente alta, todavía puede dividir demasiado la pelota. Ante Independiente Rivadavia hubo una estructura floja, Vera estuvo mal y se perdieron muchas segundas pelotas, facilitando las transiciones rivales.
Esto último se sufrió mucho más con Vera porque, una vez perdida la pelota, no destaca por ser un volante central agresivo y bueno defensivamente. Aníbal puede arreglar bastante de esto por su capacidad para cubrir transiciones, pero también hay que conseguir que Andrada y Galván ocupen zonas más balanceadas.
Otros dos aspectos a mejorar…
La defensa: River sigue concediendo goles y situaciones en pocas llegadas. Ponzio puede ajustar algunas cosas, pero también hay un problema clarísimo con los perfiles disponibles y la nula capacidad para defender el área. Contra Banfield se sufrió con pelotazos frontales y desbordes. Ningún especialista defendiendo el área y, encima, Vera tampoco ayuda demasiado en esas situaciones.
La presión también deja dudas. River pasó del 4-1-3-2 de Coudet a presionar 4-3-1-2 con Almada por el centro. No parece demasiado beneficioso porque Thiago no es muy bueno defensivamente. Sería ideal que defienda más cerca de la banda o como delantero cuando River NO tiene la pelota.
Cambios y segundos tiempos
La gestión de los cambios y los segundos tiempos también preocupa: siguen siendo tardíos y el equipo termina teniendo un bajón pasando el minuto 60.
Contra Banfield perdió la pelota durante los primeros 20/25 minutos del segundo tiempo y sufrió cuando el rival adelantó metros. Los cambios le dan información a los futbolistas y es fundamental mostrar siempre una postura proactiva.
Sobre Ponzio…
Teniendo en cuenta estos dos partidos, no hay nada definitivo y todo puede cambiar, pero Ponzio mostró algo interesante: entendió cuál era la mejor forma de atacar para generar ocasiones y se adaptó a ello.
River tiene que juntar a los habilidosos, acortar distancias, moverse constantemente en salida y evitar llevar la pelota hacia la banda por obligación. El plantel mejoró su calidad, pero sigue teniendo muchos huecos y pocas formas diferentes de generar ocasiones. Esta parece ser la mejor.
Es importante tener a un DT que tome decisiones lógicas, pero también es importante tener a alguien que domine los estados del juego y haga modificaciones que sean buenas. Para elevar el techo se necesita mucho más que “poner la heladera en la cocina”. Eso es algo que se descubrirá con el tiempo: si Ponzio es o no es.
