A la historia de conmoción e impacto del último domingo entre River y San Lorenzo le faltaba un capítulo para dar cuenta de que aquella noche fue la noche de lo más inesperado que alguien podría imaginar, pero arriesguémonos a hacerlo: ¿Te imaginás, por ejemplo, que este drama futbolístico podría haber llegado a Nepal? Bueno, llegó.
En Nepal, país situado en el Himalaya, en el sur de Asia, hay nueve horas de diferencia con la Argentina. Cuando River y San Lorenzo comenzaron a jugar, acá eran las 19 del domingo 10 de abril y allá ya era bien entrada la madrugada del lunes 11, mientras que en el pico de la noche épica del Monumental, cuando Juanfer marcó el gol in extremis que le dio al Millonario la posibilidad de ir a los penales del shock, allá ya eran casi el amanecer y un argentino hincha del Millonario vivió el desenlace del desenfreno en un campamento en el monte Everest, el pico más alto del mundo.
Quién es Bernabé Abramor
Bernabé Abramor es un médico argentino que dirige el departamento clínico del Aconcagua, el pico más alto de América situado en Mendoza, pero hace ya unas semanas que por su profesión se encuentra en el Khumbu, un campo base del Everest. Oriundo de La Emilia (San Nicolás), un día fue a escalar el Aconcagua, vio que había un servicio médico y pensó que allí podían convivir sus dos pasiones: practicar la medicina en la montaña.
Estudió en Rosario, luego se trasladó a Mendoza y durante los primeros años allí trabajó como campamentero, cocinero, luego fue médico de guardia y más tarde coordinador del servicio hasta que en 2022 inició junto a una socia su propia empresa que ahora ofrece el servicio médico oficial con un cuerpo de más de 35 doctores.
Por el desarrollo del servicio que brinda con su empresa en Aconcagua, donde lleva más de 10 años, una empresa lo contrató para llevar su expertise al Everest: “Es la primera vez que una empresa del campo base llama a un argentino para trabajar, porque habitualmente los médico argentinos que habían venido lo hicieron como parte de expediciones argentinas que se arman allá y viene acá a escalar la montaña, pero a raíz de todo lo que venimos haciendo con la medicina de montaña en Aconcagua se empezó a visualizar nuestra tarea y hoy lo que hacemos está a tope mundial”.
Médico extremo y fanático de River
A diferecia de lo que resultaría obvio, Bernabé no se llama así por el legendario exgoleador de River. La historia de su nombre es curiosa ya que fue su papá, hincha de Boca, quien eligió su nombre en honor a su propio padre, llamado Bernabé. El hombre, abuelo del protagonista de esta historia, era fana de River y le trasladó la pasión más hermosa del mundo a su nieto, que vaya si el domingo dio cuenta de su amor por River. “Mi abuelo era mi mejor amigo y él me hizo hincha”, dice con orgullo a La Página Millonaria y agrega: “Cuando él murió yo me guardé una foto suya que llevo a todos lados y cuando voy a la cancha lo llevo a él porque esa foto me conecta y seguimos viviendo juntos el amor por River”.
Cerca o lejos, siempre River
“Cuando yo estudiaba en Rosario, cada vez que River jugaba de local iba a la cancha. Y cuando me fui a Mendoza y a trabajar, por esas cuestiones ya no pude ir tan seguido al Monumental, pero cuando el equipo juega en la provincia, incluso en San Juan o San Luis, obviamente que voy. Cuando estoy de vacaciones y voy a Buenos Aires, también voy a la cancha y si no hay partido, voy al Museo o me meto a tomar un café a la Banda. La última vez que fui llevé a Flor, mi novia, que nunca entendió mucho lo que me pasa con River hasta esa vez que la llevé y cuando me vio, me dijo: ‘Ahora entiendo. Nunca te vi con los ojos tan brillosos como ahora. Te he visto feliz, pero ahora te veo radiante‘, me dijo. Y sí”.
Pero claro, una cosa es Buenos Aires, otra Rosario, otra Mendoza y otra muy, pero muy diferente es el Everest. Sin embargo, Bernabé y, en consecuencia River, también están ahí. Y estuvieron el domingo/lunes cuando el Millonario se clasificó casi que milagrosamente a semis del Apertura tras ganarle por penales al Ciclón.
¿Cómo fue ese momento?
-Seguí el partido por radio. Me puse la alarma media hora antes del comienzo del partido, acá ya eran las 3:45 de la madrugada, imaginate que se cena a las seis de la tarde y lógicamente estaban todos durmiendo. Entonces, tratando de ser lo más respetuoso posible porque en el campamento convivimos cerca de 100 personas, de los cuales unos 60 son sherpas (NdR: los sherpas son un grupo étnico del Himalaya, principalmente en Nepal, famosos por ser guías y porteadores de alta montaña) seguí el partido por la radio ya que no pude conectarme a la aplicación donde los veos y la verdad es que fue una locura”.
¿Y te pudiste mantener en silencio pese a la emocionalidad permanente que brindó el partido?
-“Sí, pero hasta el gol de Juanfer. Ahí empecé a gritar, no podía no hacerlo, pero bueno, desde las carpas de al lado me gritaban que me calle, pero yo gritaba, no podía parar. ¡Imaginate después cuando Beltrán atajó el último penal! Nooo, fue una cosa tremenda”.
¿Alguien se enojó o te reclamó algo?
-“Bueno, al otro día, a las 8 de la mañana es el desayuno. Yo bajé a las 8:30 porque había estado despierto gran parte de la madrugada. Ahí estaban todos y cuando entré me miraban con cierta molestia hasta que uno me dijo: ‘Estás contento, ¿ganó el River Plate?’, y ahí nos empezamos a reír. Yo acá les hablo a todos de River.
Bernabé Abramor practica la medicina en situación extrema. Allá, en la montaña más alta del mundo, hace base a 5361 metros de altura. Cuando hablamos, pide disculpas porque se agita: “Es que estoy yendo a la carpa para poder hablar y caminás un poquito y te quedás sin aire, estás todo el tiempo taquicárdico. Es duro estar acá y a la vez es hermoso. Yo estoy de nepalí del Everest”, cuenta. (NdR: también se puede ascender desde el lado chino).
Hoy es el partido de cuartos de final con Gimnasia. ¿Lo vas a seguir?
-“Pero por supuesto. Por suerte es más tarde que con San Lorenzo, así que no voy a tener que ser tan cuidadoso. Serán ya mis seis de la mañana más o menos. Como sea lo voy a seguir porque River a mí me lleva a los momentos más lindos que viví en mi vida. Te cuento: el día que Barovero le atajó el penal a Gigliotti yo estaba en la cancha, con la foto de mi abuelo. Cuando marcan el penal yo saqué la foto y dije: ‘Abuelo, lo tenemos que atajar. Y lo atajamos’. Yo soy gallina por él y con él escuchaba los partidos. Hoy también lo voy a hacer”.
